Paisajes de humedales reconocidos por la UNESCO en España y el mundo

Última actualización: 18 abril 2026
Autor: Isaac
  • Doñana, La Mancha Húmeda, el Valle del Cabriel, el Alto Turia y Peñalara forman un mosaico de humedales españoles con reconocimiento internacional.
  • Las Reservas de la Biosfera de la UNESCO combinan conservación, desarrollo local e investigación en paisajes donde el agua estructura el territorio.
  • Humedales culturales como las salinas del sur de Alicante o Las Médulas muestran la intensa interacción histórica entre el ser humano y estos entornos.
  • A escala global, grandes humedales y sistemas acuáticos como Ramsar, Pantanal o Iguazú refuerzan el papel de estos paisajes en la biodiversidad y el clima.

Paisaje de humedales reconocido por la UNESCO

Los humedales reconocidos por la UNESCO forman una red de paisajes únicos, biodiversos y cargados de historia que recorre media Europa y buena parte del planeta. Desde las marismas atlánticas de Doñana hasta los lagos salobres de La Mancha Húmeda, pasando por las salinas del sur de Alicante o los humedales de alta montaña de Peñalara, todos ellos comparten algo en común: son espacios frágiles, esenciales para miles de especies y también para las personas.

Además de su valor ecológico, muchos de estos enclaves son también paisajes culturales ligados a siglos de presencia humana: sistemas de regadío tradicionales, minería histórica, salinas en activo, viticultura singular o actividades ganaderas que han modelado el entorno. Por eso la UNESCO los protege a través de figuras como Patrimonio Mundial, Reservas de la Biosfera o la inclusión en convenios internacionales como Ramsar.

Doñana: el gran paisaje de humedales reconocido por la UNESCO en España

En el extremo sur de la península ibérica se extiende uno de los humedales más emblemáticos y reconocibles de Europa: el Parque Nacional de Doñana. Situado entre Huelva, Sevilla y Cádiz, frente a las costas atlánticas, abarca más de 54.000 hectáreas en un mosaico de marismas, dunas y pinares que cambia radicalmente con cada estación del año.

Lejos de ser un espacio monótono, Doñana ofrece al visitante marismas infinitas, lagunas temporales, dunas móviles, playas vírgenes y cotos de arena estabilizada. Es un paisaje dinámico donde el agua, el viento y las mareas han ido modelando el terreno, creando uno de los entornos naturales con mayor contraste de la península.

La UNESCO reconoció este territorio como Patrimonio Mundial de la Humanidad por su enorme importancia ecológica y su papel clave en las rutas migratorias de las aves. A ello se suma su relevancia histórica: los puertos y poblaciones de su entorno fueron piezas estratégicas en la gestación de la expansión atlántica y la conquista de América, lo que añade una dimensión cultural al valor natural del parque.

Doñana está considerada por la Junta de Andalucía como la mayor reserva ecológica de Europa. Sus vastas marismas acogen cada invierno a cerca de 200.000 aves acuáticas procedentes del Ártico, y en conjunto el área sirve de refugio a más de medio millón de aves, según datos de la propia UNESCO. Es un auténtico nudo de comunicaciones para la fauna entre Europa y África.

Desde el punto de vista ecológico, se distinguen tres grandes ecosistemas: marismas, dunas vivas y cotos (estas últimas, arenas fijadas por la vegetación en contraste con las dunas móviles). La marisma es el corazón del parque, el ecosistema que le confiere su singularidad y que funciona como estación de descanso, cría e invernada para miles de aves europeas y africanas.

En cuanto a la fauna terrestre, Doñana es uno de los grandes feudos del lince ibérico, especie en proceso de recuperación cuyo futuro ha estado históricamente muy ligado a este espacio. También alberga cinco especies de aves en peligro de extinción, entre ellas el águila imperial ibérica, y una de las mayores colonias de garzas de toda la cuenca mediterránea. Este conjunto de valores convierte a Doñana en uno de los paisajes de humedales reconocidos por la UNESCO más importantes del planeta.

Reservas de la Biosfera: humedales y paisajes que conectan naturaleza y sociedad

La figura de las Reservas de la Biosfera nace en 1971 dentro del Programa MaB (Man and Biosphere, El Hombre y la Biosfera) de la UNESCO, con una idea pionera para su época: compatibilizar la conservación de la naturaleza con el uso de los recursos por parte de las comunidades locales, anticipando lo que hoy llamamos desarrollo sostenible.

Las Reservas de la Biosfera son áreas geográficas que representan grandes tipos de hábitats del planeta, tanto terrestres como marinos, y que funcionan como laboratorios al aire libre donde se prueba cómo convivir con el medio sin destruirlo. Para ello deben cumplir tres funciones básicas: conservación, desarrollo y logística.

La función de conservación se centra en proteger y mejorar los valores naturales que justifican la declaración del espacio. La función de desarrollo busca garantizar un progreso socioeconómico real para las poblaciones que viven en la reserva, evitando que la protección se traduzca en abandono o despoblación. Finalmente, la función logística impulsa la investigación científica, la educación ambiental y el intercambio de experiencias sobre cómo gestionar el territorio.

Castilla-La Mancha es un buen ejemplo de cómo estas figuras se aplican a grandes paisajes de humedales y sistemas fluviales. En esta comunidad autónoma existen tres Reservas de la Biosfera: La Mancha Húmeda, Valle del Cabriel y Alto Turia, cada una con características muy distintas pero unidas por la presencia del agua como elemento estructurante del paisaje.

La Mancha Húmeda: el gran paisaje de lagunas, tablas fluviales y humedales salinos

La Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda es un enorme territorio de humedales dispersos en una llanura agrícola casi infinita. Se trata de un paisaje muy llano, apenas ondulado, dominado por cultivos extensivos y formado sobre depósitos terciarios horizontales. En este escenario tan sobrio, los ríos y lagunas aportan el contraste de agua y vida.

Los desbordamientos de los principales ríos (Guadiana, Cigüela, Riánsares, Záncara y Córcoles) generan las características “tablas” fluviales: humedales sobre llanuras de inundación, con cauces de escasa pendiente y drenaje muy complicado. A esto se suman encharcamientos temporales, lagunas endorreicas (sin salida hacia el mar) y surgencias del acuífero, que dan lugar a una amplia red de zonas húmedas.

En el entorno de las Lagunas de Ruidera aparecen además espectaculares manifestaciones kársticas: barreras tobáceas que represan el agua y originan una cadena de lagunas de gran transparencia. Todo este conjunto se sitúa a una altitud media de entre 600 y 700 metros, con un clima continental de tipo mediterráneo, alrededor de 400 mm de precipitación anual y un rango térmico que puede ir de los -15 ºC a los 40 ºC según la época del año.

La Mancha Húmeda fue declarada Reserva de la Biosfera en 1981 con una delimitación inicial de 25.000 hectáreas, tomando como núcleo emblemático el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Durante décadas, el espacio lo componían lagunas permanentes, encharcamientos fluviales y humedales temporales repartidos por Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Albacete, todos ellos críticos para la avifauna acuática.

Con el paso del tiempo, la presión sobre estos humedales se hizo muy intensa: proyectos de desecación, transformación masiva de secano en regadío que comprometió el acuífero del Alto Guadiana, y periodos de sequía agravados por el cambio climático pusieron en jaque su futuro. Ante este escenario, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha impulsó desde 1998 la declaración de nuevos humedales como espacios naturales protegidos.

En la actualidad, dentro de la reserva se cuentan 11 Reservas Naturales, 1 Microrreserva, varios Refugios de Fauna y dos P.O.R.N. (Planes de Ordenación de los Recursos Naturales: “Lagunas y Albardinales del Cigüela” y “Laguna de la Sal”), además del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. A ello se suman figuras de protección europea como ZEC y ZEPA, que integran el territorio en la Red Natura 2000.

La importancia internacional de estos humedales queda refrendada por el Convenio Ramsar, que incluye en su listado al Complejo Lagunar de Alcázar de San Juan, la Laguna de Manjavacas, las propias Tablas de Daimiel, las Lagunas de Ruidera y las Lagunas de Villafranca de los Caballeros. Además, el Plan de Recuperación de la malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala) tiene aquí uno de sus principales ámbitos de actuación.

En el plano ecológico, La Mancha Húmeda sobresale por su biodiversidad ligada al agua y a los gradientes de salinidad. En algunas lagunas muy salinas se desarrollan ecosistemas que recuerdan a los más antiguos del planeta, con precipitación diferenciada de sales, formación de costras salinas y plantas extremadamente adaptadas como Microcnemum coralloides. Las Tablas de Daimiel, por su parte, presentan grandes masas de carrizales, masegares de Cladium mariscus, espadañales, juncales y pequeñas formaciones de sauces y tarayes.

La abundancia de vegetación palustre y la salinidad de las aguas del río Cigüela han permitido el asentamiento de una ornitofauna excepcional, con numerosas especies que encuentran aquí lugares de cría, paso o invernada. Esta riqueza ha motivado que varios de estos humedales sean Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugares de Importancia Comunitaria (LIC), convertidos en Zonas de Especial Conservación (ZEC) tras la aprobación de sus planes de gestión.

En el entorno de Ruidera, la transparencia del agua favorece el desarrollo de densas praderas de vegetación sumergida (Chara, Potamogeton, Myriophyllum, Utricularia o Zannichellia), rodeadas de orlas de plantas palustres y bosquetes de ribera. Los alrededores, en cambio, están cubiertos por encinas, coscojas y sabinas albares sobre suelos calizos, con una climatología dura de inviernos fríos y veranos muy secos.

La fauna incluye una gran variedad de especies vinculadas a los humedales: peces endémicos en Ruidera, limícolas, anátidas, ardeidas, aguiluchos y un largo etcétera, dependiendo del tipo de laguna y de su régimen hidrológico. Esta diversidad de hábitats ha sido clave para el reconocimiento internacional de enclaves como las Tablas de Daimiel o el complejo lagunar de Alcázar de San Juan, incluidos tanto en Ramsar como en la Directiva Aves.

La visita a la Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda puede plantearse en dos grandes zonas. Al norte, una ruta por pueblos y lagunas permite conocer algunos de los principales complejos lagunares, apoyándose en recursos cartográficos interactivos específicos. Al sur, la combinación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera ofrece una visión muy completa de los dos grandes polos de este paisaje de humedales.

Valle del Cabriel: cañones kársticos, riberas forestales y humedales salobres

La Reserva de la Biosfera del Valle del Cabriel ocupa el entorno de un gran sistema fluvial tributario del Júcar, que desciende desde las montañas sudorientales del Sistema Ibérico hasta el noreste de la llanura manchega. El río Cabriel es un ejemplo representativo de los ríos de montaña mediterránea calcárea, con aguas claras y tramos encajados en espectaculares hoces.

En buena parte de su recorrido, el río discurre entre cañones kársticos de gran belleza, con saltos de agua, cascadas, pozas y llamativas formaciones tobáceas. La cuenca se encuentra en un estado de conservación notable, con aproximadamente dos tercios de su superficie ocupada por masas forestales y un tercio dedicado a usos agrícolas.

Los fuertes gradientes de altitud (desde unos 1.840 metros en las cabeceras hasta unos 340 metros en la confluencia con el Júcar) y de clima, junto con la variedad de litologías y formas del relieve, generan una altísima diversidad de hábitats. Aparecen ecosistemas propios de montañas alpinas y mediterráneas, bosques y matorrales esclerófilos, brezales, prados, turberas y ambientes rupícolas y de cuevas.

Declarada Reserva de la Biosfera en 2019, el Valle del Cabriel abarca más de 420.000 hectáreas y 52 municipios, de los cuales una parte se sitúa en Castilla-La Mancha (provincias de Albacete y Cuenca). Los cauces fluviales que lo atraviesan actúan como corredores ecológicos para la flora y la fauna, pero también como rutas culturales que han facilitado el intercambio de ideas, costumbres y técnicas agrícolas y ganaderas a lo largo de los siglos.

El paisaje combina montañas agrestes y formaciones rocosas con marismas y lagunas salobres en zonas más bajas, además de llanuras aluviales cultivadas. Entre la vegetación destacan plantas gipsícolas (Gypsophiletalia), pinares de Pinus nigra, enebrales endémicos, praderas sobre terrenos calcáreos kársticos y comunidades de gramíneas y plantas anuales en áreas preesteparias.

Desde el punto de vista cultural, el territorio conserva un patrimonio muy notable, con especial relieve para las pinturas rupestres de Villar del Humo, incluidas en el sitio de Patrimonio Mundial “Arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica”. Estas manifestaciones prehistóricas ponen de manifiesto la larga relación entre las sociedades humanas y el paisaje del Cabriel.

En el tramo castellano-manchego de la reserva se concentran siete espacios naturales protegidos: el Parque Natural de la Serranía de Cuenca, la Reserva Natural Hoces del Cabriel, los Monumentos Naturales Palancares y Tierra Muerta, Lagunas de Cañada del Hoyo y Las Chorreras, además de las microrreservas Laguna de Talayuelas y Pico Pelado. La Red Natura 2000 completa esta malla de protección con varias ZEC y ZEPA de gran valor.

La normativa regional reconoce en el Valle del Cabriel 30 tipos de Hábitats de Protección Especial, lo que da idea de la complejidad ecológica de este paisaje de humedales, bosques y cañones fluviales, y de su papel como reserva de biodiversidad en el este de la península.

Alto Turia: río mediterráneo, bosques de coníferas y fauna ligada al agua

La Reserva de la Biosfera del Alto Turia se sitúa en la región biogeográfica mediterránea y abarca una parte del curso medio del río Turia, allí donde el valle encauza sus aguas siguiendo una trayectoria noroeste-sudeste. Se trata de un territorio abrupto y complejo, enmarcado por sierras como Javalambre y Tortajada al norte, la Sierra de Mira al oeste y las sierras de Utiel y de la Atalaya al sur.

Entre estos relieves se extiende un paisaje de barrancos, lomas y valles encajados que, al abrirse hacia el este, conecta con los llanos del Camp de Túria y la llanura litoral valenciana. El río Turia actúa como eje vertebrador del conjunto, generando bosques de ribera y pequeños humedales asociados a sus meandros y afluentes.

La vegetación dominante está formada por masas arbóreas mediterráneas de hoja perenne y carácter esclerófilo: carrascales, coscojales, quejigares, lentiscares y sabinares. A lo largo del curso del río y sus tributarios aparecen olmedas, saucedas, choperas y adelfares, mientras que la cobertura principal del territorio es de pinar, con amplias superficies de bosque de coníferas.

En las zonas más elevadas del curso del Turia se desarrollan pastizales naturales y bosques mixtos, y entre las áreas cultivadas y los pinos se intercalan matorrales de transición y formaciones arbustivas esclerófilas. Este mosaico de ambientes crea condiciones idóneas para una fauna muy variada, con presencia de aves esteparias, liebre ibérica, conejo europeo, mirlo acuático y sapo partero, además de dos peces endémicos de agua dulce: el barbo colirrojo (Barbus haasi) y el cacho mediterráneo (Squalius valentinus).

La reserva fue declarada en 2019 y se extiende por más de 67.000 hectáreas y ocho municipios, con una población permanente de algo más de 4.000 habitantes y una población estacional que ronda las 6.500 personas. En el ámbito de Castilla-La Mancha el municipio representado es Santa Cruz de Moya, en la provincia de Cuenca.

El Alto Turia se concibe como un espacio donde la conservación del río y sus hábitats fluviales va de la mano del impulso a productos locales de calidad, el turismo rural y la mejora de las oportunidades económicas para la población, en línea con los objetivos de las Reservas de la Biosfera.

Las Médulas: un paisaje cultural con lagos y humedales heredados de la minería

En la comarca leonesa de El Bierzo se encuentra uno de los paisajes culturales más singulares de España: Las Médulas. Situadas al noroeste de los Montes Aquilanos y cerca del valle del Sil, sus formaciones de arenas rojizas cubiertas de robles y castaños delatan un pasado de intensa explotación minera en época romana.

Las Médulas fueron la mayor mina de oro a cielo abierto del Imperio romano. A través de un sofisticado sistema de ingeniería hidráulica, se canalizaba y almacenaba agua en altura para liberarla de golpe en el interior de la montaña, utilizando la fuerza del agua para desmoronar el terreno y extraer los sedimentos auríferos, un procedimiento conocido como ruina montium.

Este proceso dejó un paisaje totalmente transformado: laderas erosionadas, llanuras artificiales y lagos y humedales que se formaron a partir de los residuos de la actividad minera. Muchos de los canales, embalses y galerías excavadas se pueden seguir identificando hoy, constituyendo un testimonio excepcional de la ingeniería romana aplicada a la explotación del oro.

Por su enorme interés histórico, arqueológico y natural, Las Médulas fueron declaradas Bien de Interés Cultural en 1996, Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1997, Monumento Natural en 2002 y Espacio Cultural en 2010. En la actualidad, es un destino clave para quienes quieren comprender cómo la acción humana puede dar lugar a paisajes culturales tan llamativos como frágiles.

La visita suele comenzar en el Aula Arqueológica, donde se explica al detalle la técnica minera y la transformación del entorno. Desde allí parten varias rutas señalizadas: el Mirador de Orellán, la Senda de las Valiñas, la Senda Perimetral o la Senda del Lago Sumido, entre otras, que permiten recorrer los principales miradores, cuevas y lagos generados por la antigua explotación.

Humedales del sur de Alicante: salinas, lagunas y un paisaje cultural candidato a la UNESCO

En el sur de la provincia de Alicante se concentra otro gran paisaje de humedales modelado por siglos de intervención humana: el formado por el Parque Natural de El Hondo, el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola y el Parque Natural de las Lagunas de La Mata-Torrevieja. Se trata de tres espacios de enorme valor natural y cultural que se han propuesto como paisaje cultural candidato a Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Desde 1992, la UNESCO reconoce la noción de paisaje cultural para aquellos lugares donde la interacción entre las personas y el medio ha generado un territorio con valores excepcionales. La posible declaración de estos tres humedales implicaría el reconocimiento internacional del vínculo entre cultura y naturaleza en este litoral, y un fuerte compromiso global para su protección y gestión conjunta.

Las lagunas de Torrevieja y La Mata destacan por ser uno de los mayores complejos salineros de Europa, con una biodiversidad muy relevante protegida bajo la figura de Parque Natural. Su sistema de extracción de sal es especialmente singular: se basa en la cosecha “en húmedo”, con regulación precisa de la salinidad de la salmuera y una explotación que se mantiene activa prácticamente todo el año.

El patrimonio industrial asociado es igualmente destacable: infraestructuras diseñadas específicamente para esta explotación salinera, un léxico propio ligado al oficio y una tradición artesanal en torno a la sal casi única en el Mediterráneo. A ello se suman investigaciones científicas sobre los microorganismos que dan a la laguna rosa su color característico, con aplicaciones en biotecnología.

En el entorno de La Mata persiste además un viñedo histórico de enorme interés, considerado un auténtico “museo al aire libre” con cerca de 20 variedades de uva, muchas de ellas prefiloxéricas. La viticultura local conserva técnicas tradicionales, terminología propia y una forma de trabajar la tierra heredada de colonos y antiguos salineros desde hace más de tres siglos.

A nivel arqueológico, el paisaje incluye restos romanos, estructuras medievales como el acequión, torres defensivas, diques de sillería y antiguas eras en La Mata y Torrevieja, lo que refuerza su carácter de paisaje cultural en el que se superponen distintas etapas históricas. Todo ello se enmarca en un espacio de alto valor paisajístico y geológico, fuertemente asociado a la identidad local.

La propuesta de Patrimonio Mundial enumera criterios tanto culturales como naturales. En el ámbito cultural, se argumenta que estas lagunas y salinas representan ejemplos eminentes de paisaje tecnológico e industrial, testimonio de una tradición de asentamiento humano vinculada al uso del mar y de la tierra en un entorno vulnerable. Desde el punto de vista natural, se subraya la excepcional belleza del conjunto, la importancia de sus procesos ecológicos y el papel de estos humedales como hábitat de especies amenazadas.

Por ahora, esta candidatura se recuerda cada año casi a modo de “inocentada” reivindicativa, un gesto que mezcla humor y denuncia para reclamar que la declaración deje de ser una broma y se convierta en realidad, mientras el territorio mantiene todavía sus valores naturales y culturales intactos.

Humedales del Macizo de Peñalara: alta montaña, lagunas glaciares y protección Ramsar

En la Sierra de Guadarrama, muy cerca de Madrid, el Macizo de Peñalara alberga un conjunto de humedales de alta montaña de enorme interés científico. Este espacio, de casi 500 hectáreas, está incluido en el Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara, forma parte de la Red Natura 2000 (ZEPA y Lugar de Importancia Comunitaria) y figura como sitio Ramsar de importancia internacional.

El relieve de Peñalara fue modelado por la última glaciación, lo que explica la presencia de 242 pequeñas lagunas y estanques de origen glaciar, algunos permanentes y otros temporales, además de arroyos y turberas dominadas por musgos del género Sphagnum. La vegetación se distribuye en pisos altitudinales muy marcados, con pinares en las cotas inferiores y matorrales de alta montaña en las zonas más altas.

Este paisaje de humedales de cumbre combina una gran variedad de microhábitats acuáticos y semiacuáticos, lo que se traduce en una notable diversidad florística y faunística. Sin embargo, factores como la contaminación atmosférica, los incendios forestales o la presión de visitantes suponen amenazas serias para la integridad del ecosistema.

Uno de los problemas más llamativos ha sido la drástica disminución del sapo partero (Alytes obstetricans) debido a infecciones fúngicas, que han llegado a eliminar más del 90 % de la población local. También se investiga el papel del pastoreo tradicional en la eutrofización de las aguas, estudiando hasta qué punto las actividades ganaderas contribuyen a la carga de nutrientes en los humedales.

La inclusión de Peñalara en la lista Ramsar, junto con otros humedales españoles de alto valor, refuerza la idea de que los paisajes de agua reconocidos por la UNESCO y por convenios internacionales no son sólo espacios costeros o de grandes marismas, sino también pequeñas lagunas glaciares de montaña con procesos ecológicos muy delicados.

Otros grandes paisajes de humedales y espacios naturales reconocidos por la UNESCO

Más allá del ámbito español, la UNESCO mantiene un amplio listado de espacios naturales y paisajes de humedales con reconocimiento internacional. Entre ellos se encuentran cadenas montañosas como los Dolomitas en Italia o sistemas lacustres como los lagos del Valle del Rift en Kenia, así como grandes parques nacionales donde el agua es protagonista.

En el contexto español, además de Doñana, figura el Parque Nacional del Teide, que aunque no es un humedal, comparte el distintivo de Patrimonio Mundial por sus valores geológicos y paisajísticos. En otros países, lugares como la Capadocia y Pamukkale en Turquía combinan formaciones geológicas espectaculares con aguas termales y travertinos, generando paisajes híbridos entre roca y agua de enorme atractivo.

En Arabia Saudí, los arrecifes de coral del Golfo de Aqaba y del Mar Rojo se han convertido en referencia mundial por su biodiversidad y, sobre todo, por la resistencia de sus corales a las altas temperaturas. Son auténticos “laboratorios naturales” para estudiar cómo mitigar el blanqueamiento de corales en otras regiones del planeta, y varios proyectos científicos exploran ya el cruce de corales resistentes con otras poblaciones.

Brasil alberga algunos de los mayores sistemas de humedales del mundo, como el Pantanal, considerado el humedal más extenso del planeta con más de 4.700 especies de plantas y animales, o la Amazonia Central, una de las áreas con mayor diversidad biológica conocida. Estos espacios combinan ríos gigantescos, llanuras inundables, lagos y bosques anegados, constituyendo reservas de carbono y biodiversidad de importancia planetaria.

También es compartido por Brasil y Argentina el Parque Nacional de Iguazú, célebre por sus más de 270 cascadas y por la selva subtropical que las rodea. Aunque la imagen icónica sean las cataratas, el conjunto incluye zonas de baños de agua, humedales fluviales y bosques ribereños que cumplen una función esencial para la fauna local.

Todo este entramado de marismas, lagunas, salinas, ríos, turberas y arrecifes muestra hasta qué punto los paisajes de humedales reconocidos por la UNESCO sustentan procesos ecológicos clave, protegen especies amenazadas y guardan memoria de las culturas que los han habitado. Conservarlos no es sólo una cuestión de proteger aves o plantas singulares, sino de asegurar el equilibrio hídrico, climático y cultural de territorios enteros, y de mantener vivos espacios que, pese a su fragilidad, siguen siendo imprescindibles para la vida tal y como la conocemos.