Onomichi: gatos, templos en la colina y la ruta ciclista Shimanami Kaido

Última actualización: 24 febrero 2026
Autor: Isaac
  • Onomichi combina un casco portuario auténtico con un entramado de templos, callejones y miradores en la ladera, ideal para recorrer a pie.
  • El Camino de los Templos y el Callejón de los Gatos ofrecen templos históricos, arte felino, vistas al mar Interior de Seto y una fuerte presencia cultural.
  • La ciudad es punto clave de la ruta ciclista Shimanami Kaido y cuenta con servicios especializados para ciclistas, como el Hotel Cycle y terminales de alquiler.
  • Excelente conexión por tren con Hiroshima, Kioto, Osaka y Tokio, lo que la convierte en una excursión de día perfecta en primavera y otoño.

Onomichi gatos templos y bicicletas

Entre las colinas que se asoman al mar Interior de Seto y un canal que parece un río, se esconde Onomichi, una ciudad portuaria que combina templos centenarios, callejones llenos de gatos y una de las rutas ciclistas más emblemáticas de Japón. Aquí se viene a caminar, a mirar con calma y, si te animas, a pedalear entre islas como si saltaras de piedra en piedra sobre el mar.

Lejos de las rutas más trilladas, Onomichi mantiene un aire ligeramente decadente y muy auténtico: shotengai de otra época, templos desperdigados por la montaña, un puerto siempre en movimiento y una red de cuestas que pone a prueba las piernas. Es una escapada perfecta desde Hiroshima, Kioto u Osaka para quienes buscan un Japón más cotidiano, salpicado de arte, literatura, cine, ramen y muchos, muchos gatos.

Onomichi, ciudad de puerto, colinas y gatos

Onomichi se asienta frente a una ensenada del mar de Seto, justo entre las grandes islas de Honshu y Shikoku, y controla un brazo de mar tan estrecho que casi parece un río que parte la ciudad en dos. Su término municipal incluye varias islas cercanas unidas por puentes, lo que ha convertido la zona en un punto estratégico de paso y en la puerta natural hacia Shikoku por carretera, ferry o bicicleta.

Lo que más llama la atención cuando llegas es su paisaje urbano escalonado: casas apiladas en la ladera, templos budistas salpicando la montaña y el puerto abajo, con ferris y barcos que entran y salen sin descanso. Esa geografía tan particular explica por qué Onomichi se ha ganado fama como “ciudad de los templos y las cuestas” y, al mismo tiempo, como uno de los mejores puntos de partida para explorar el mar Interior de Seto.

Históricamente, el puerto ha sido un lugar de tránsito de mercancías, marineros y comerciantes, y ese trasiego se nota todavía en la zona baja de la ciudad, donde conviven viejos almacenes reconvertidos en espacios de diseño, hoteles ciclistas, cafeterías modernas y negocios de toda la vida. Por encima de todo esto, la montaña funciona casi como un santuario urbano con templos, miradores y una atmósfera mucho más tranquila.

Entre los japoneses, Onomichi es famosa también como “ciudad de los gatos”; los verás dormitando al sol en escaleras centenarias, escondidos en esquinas imposibles o convertidos en esculturas, helados, amuletos y piedras pintadas. Si te gustan los felinos, aquí vas a ir con la cámara en la mano todo el día.

Ruta de templos y bicicletas en Onomichi

El Camino de los Templos: 25 recintos entre cuestas y miradores

Uno de los mayores reclamos de la ciudad es su Camino de los Templos o Temple Walk, un recorrido que serpentea durante unos 2,5 kilómetros por la ladera y enlaza alrededor de 25 templos budistas. No son las grandes joyas de Kioto en cuanto a arquitectura, pero el encanto está en el conjunto: callejones estrechos, escaleras, miradores improvisados y la sensación de estar caminando por un decorado de película.

La ruta no está especialmente bien señalizada para quien no lee japonés: pocos carteles y casi todo en kanji, así que lo normal es terminar tirando de intuición, Google Maps y, por qué no, del simple placer de perderse entre las cuestas. Muchos templos cierran sus edificios principales sobre las 16:30-17:00, pero en bastantes casos se puede seguir paseando por el recinto aunque los salones estén clausurados.

Hacer la ruta completa exige prácticamente un día entero de caminata. A partir de cierto punto, es probable que tengas la sensación de que ya has visto suficientes templos y prefieras centrarte en algunos puntos clave. Lo ideal es seleccionar los recintos que más te llamen la atención, combinar tramos del recorrido con desvíos a miradores y dejarte espacio para sentarte en un café o perseguir gatos con la vista.

En el tramo alto de la ciudad abundan los escenarios de cine y anime: varias callejuelas y escalinatas se han usado como localización para películas como “Tokyo Monogatari” de Ozu o trabajos del director Nobuhiko Obayashi, además de series de anime como “Kamichu!”. Mientras caminas entenderás por qué: las cuestas, los tejados y el mar de fondo crean composiciones casi perfectas sin esfuerzo.

Primeros pasos: estación, puerto y calle Hondori

Al llegar a Onomichi en tren, lo habitual es salir de la estación JR Onomichi y toparse directamente con el parque Onomichi Ekimae Hiroba, una pequeña zona verde frente al mar perfecta para sentarse unos minutos y simplemente ver cómo se mueven ferris y barcos. Justo aquí se concentran la estación de autobuses, los muelles que llevan a las islas y varias tiendas de alquiler de bicicletas.

A un paso de la estación empieza la Calle Hondori, el shotengai o galería comercial cubierta que actúa como auténtico eje peatonal de la ciudad baja. Caminar por Hondori es casi un viaje en el tiempo: tiendas familiares, restaurantes modestos, locales cerrados que parecen congelados desde hace décadas y pequeños negocios que sobreviven gracias a la clientela de barrio y a los curiosos que llegan hasta aquí.

Esta calle es también la vía más cómoda para ir ganando altura hacia la zona de templos: mitad paseo comercial, mitad transición hacia la montaña. A lo largo del recorrido verás referencias constantes al ramen de Onomichi, carteles con gatos, helados curiosos y alguna que otra indirecta sutil para que pruebes las especialidades locales.

Antes de empezar a subir en serio, una parada dulce muy recomendable es la pastelería tradicional Sakura Chaya, especializada en dulces japoneses como warabimochi, zenzai, brochetas dango de mil sabores, parfaits al estilo nipón o helados de matcha y judía roja. Uno de sus productos estrella es un helado con forma de gatito, guiño perfecto al apodo felino de la ciudad.

Teleférico de Senkoji, mirador y Camino de la Literatura

En la parte media de Hondori, cruzando las vías del tren y remontando un poco la cuesta, se encuentra la estación del teleférico de Senkoji. Este pequeño ropeway salva en apenas unos minutos una subida que a pie puede hacerse larga, sobre todo en días calurosos, y te deja prácticamente en la cima del monte Senkoji.

El trayecto en cabina dura poco, pero las vistas en movimiento de la ciudad y la bahía valen la pena: desde aquí se aprecian los templos dispersos por la ladera, el trazado del canal, los puentes que conectan con las islas y la maraña de tejados que baja hasta el puerto. A muchos viajeros les gusta subir en teleférico y luego bajar a pie, combinando miradores con visitas a templos.

Al llegar arriba entras en el parque Senkoji, un espacio que mezcla zonas verdes, esculturas, rincones románticos y plataformas de observación. El mirador principal, renovado recientemente, tiene una cafetería y una terraza en la parte superior desde donde se domina la ciudad, el mar y las islas, especialmente espectacular en primavera durante la floración de los cerezos.

Muy cerca del mirador empieza el Bungaku no Komichi o Camino de la Literatura, un sendero que discurre entre rocas y árboles con 25 monolitos grabados con textos de escritores y poetas vinculados a Onomichi. Cada piedra tiene su cartel explicativo, si bien todo está en japonés, de modo que lo que se disfruta de verdad es el paseo y el ambiente, más que el contenido literal de las inscripciones.

Senkoji: templo, parque y el sonido de la campana

Descendiendo por el Camino de la Literatura se llega directamente al templo Senkoji, probablemente el recinto religioso más famoso de Onomichi. Fundado en el siglo IX y vinculado a Kobo Daishi, destaca por el intenso color bermellón de su pabellón principal, encajado entre grandes rocas y con un balcón que se asoma a la ciudad como si fuera un mirador más.

El complejo se despliega a distintos niveles sobre la ladera, con escaleras, pequeñas salas y rincones llenos de ofrendas. Desde la terraza del salón principal las vistas del canal y de las islas del mar Interior de Seto son especialmente fotogénicas, sobre todo a última hora de la tarde, cuando la luz empieza a suavizarse.

Uno de los elementos más llamativos es su campanario, cuya campana marca la entrada del año nuevo y cuyo sonido ha sido incluido oficialmente entre los “100 paisajes sonoros de Japón”. No es raro encontrar visitantes detenidos simplemente escuchando el eco del bronce sobre el valle y la bahía.

En el recinto también verás detalles curiosos como las tablillas votivas ema con forma de Rilakkuma, muy populares entre locales y turistas, o las pequeñas figuras de Niko Niko Jizo, la deidad protectora de los niños, que aparecen sonriendo por todos los rincones del salón Daisendo y otros espacios del templo.

Un poco más abajo se abre el parque Kyorakuen, una explanada con buenos ángulos sobre la ciudad, gatos paseando a su aire y, en temporada de floración, cerezos que añaden un plus de encanto al entorno. Es un lugar agradable para tomarse un respiro antes de seguir bajando hacia otros templos.

Callejón de los gatos y el universo neko de Onomichi

Siguiendo las sendas que descienden del área de Senkoji se llega al célebre Callejón de los gatos o Neko no Hosomichi, una callejuela estrecha en la que se concentra gran parte de la iconografía felina de la ciudad. Aquí es fácil cruzarse con gatos de carne y hueso, pero también con tiendas, cafés y pequeños detalles decorativos dedicados a ellos.

Uno de los reclamos de este tramo es el museo de los maneki neko, esos gatos de la suerte que levantan una pata y que en Japón se asocian con la prosperidad y la buena fortuna. El espacio está dedicado casi en exclusiva a estas figuras, con modelos de todo tipo y tamaño, y resulta una parada curiosa para amantes de la cultura popular japonesa.

A lo largo del callejón verás también piedrecitas pintadas con cara de gato, los famosos Fukuishi Neko. Estas piedras proceden del mar Interior de Seto, se pintan en rojo -color tradicional de protección- y se purifican en un templo antes de ser colocadas en muros, escaleras y rincones ocultos. Se dice que hay más de un centenar repartidas por Onomichi y que, si tocas tres veces la primera que encuentres, tus deseos podrían hacerse realidad.

La presencia felina no se limita a este callejón: en la zona alta del parque Senkoji hay esculturas de gatos célebres, como el gato jefe de estación Koiemon o la gata guía Sakura, además de un pequeño santuario dedicado a las parejas, donde se cuelgan candados con forma de corazón bajo la imagen de dos gatitos abrazados con la ciudad de fondo.

Otros templos imprescindibles del Camino

Más allá de Senkoji y el Callejón de los gatos, el Camino de los Templos ofrece un buen puñado de recintos interesantes que permiten hacerse una idea de la densa historia religiosa de un pueblo relativamente pequeño. Se calcula que en Onomichi y sus alrededores hay más de noventa templos, así que el paseo da para mucho.

Uno de los más destacados es el templo Tenneiji, de la escuela Soto del budismo zen y con más de 650 años de historia. Su gran atractivo visual es la pagoda de tres pisos, icono absoluto de la ciudad cuando se fotografía con el mar al fondo. Originalmente el conjunto llegó a tener una pagoda de cinco pisos, pero la actual estructura de tres niveles está catalogada como Bien de Interés Cultural. En el interior del recinto se conserva además una impresionante colección de unas 500 estatuas de arhats, cada una con rasgos y expresiones diferentes.

Cerca de Tenneiji se encuentra el templo Zenshoji, un complejo que transmite una sensación de calma especial por su falta de multitudes. Aquí llaman la atención la Torre del Tambor, las tablillas de piedra con figuras talladas y la representación de Bodhisattva Sho Kanzeon, también conocido como Hagi no Kannon, venerado en la zona.

Adosado prácticamente a Zenshoji está el templo Myosenji, fundado a mediados del siglo XIV y conocido por su portón de entrada Ryugumon y por albergar cerezos de invierno, que pueden llegar a florecer entre noviembre y finales de marzo. En primavera y otoño el recinto acoge el mercadillo Onomichi Monzen, con puestos de artesanía y un ambiente muy de barrio.

Subiendo aún más por las cuestas aparece el santuario Misode Tenmangu, famoso por sus escaleras de acceso, que han servido de escenario para películas como “Tenkosei” de Nobuhiko Obayashi y para el anime “Kamichu!”. La subida puede hacerse pesada después de un día entero de cuestas, pero la atmósfera del santuario merece la pena.

Cerca de Misode Tenmangu se halla el templo Taisanji, conocido por las estatuas de los tres monos sabios que no ven, no oyen y no hablan del mal, muy similares a las del santuario Toshogu de Nikko. Otro rincón singular es el cementerio del templo Fukuzenji, extendido por la ladera con vistas increíbles de la ciudad; eso sí, conviene moverse con respeto y en silencio, ya que sigue siendo un lugar de culto y recuerdo.

Además, el templo Saikokuji guarda una imagen curiosa: un enorme par de sandalias de unos dos metros colgado en la puerta Niomon, símbolo de buenos deseos para los viajeros y peregrinos que pasan por aquí.

La ciudad baja: puerto, santuarios y ambiente cotidiano

Cuando decides dejar las cuestas atrás y regresar a nivel del mar, Onomichi muestra otra cara: la de una ciudad portuaria algo gastada, con fachadas desconchadas, negocios de antaño y un ritmo de vida más lento que en las grandes urbes. Pasear entre las vías del tren y el agua permite descubrir tiendas de barrio, pequeños restaurantes, cafeterías modernas escondidas y escenas de vida diaria muy auténticas.

Entre los edificios del frente marítimo aparece el santuario Sumiyoshi, un pequeño recinto del siglo XVIII consagrado a la deidad protectora del puerto. Su localización, junto a uno de los muelles, subraya la importancia que ha tenido el mar para Onomichi. Cada verano, el último fin de semana de julio, el santuario organiza el Sumiyoshi Hanabi Taikai, un festival de fuegos artificiales que ilumina la bahía y reúne a vecinos y visitantes.

A lo largo del año, otro evento muy especial es el Onomichi Akari Matsuri, que se celebra el sábado de octubre más cercano al festivo Día del Deporte. Durante esa noche, templos y callejones se iluminen con más de 30.000 velas y farolillos tradicionales, creando un ambiente casi mágico entre las cuestas y las pagodas recortadas contra la oscuridad.

Shimanami Kaido: la gran ruta ciclista sobre el mar

Onomichi es uno de los dos extremos de la ruta ciclista Shimanami Kaido, un itinerario de más de 70 kilómetros que une la ciudad con Imabari, ya en la isla de Shikoku, cruzando seis islas del mar Interior de Seto: Mukaishima, Innoshima, Ikuchijima, Omishima, Hakatajima y Oshima. La modernísima autopista Nishiseto Expressway recorre el mismo trazado, pero la gran gracia de la Shimanami Kaido es la vía paralela para peatones y bicicletas, con rampas específicas para subir a los puentes.

El carril bici va alternando tramos junto a la carretera con segmentos que se internan por el interior de las islas, atravesando campos, pueblos y miradores costeros. Cada cruce de puente requiere pagar un pequeño peaje, pero a cambio obtienes panorámicas espectaculares del mar Interior y la sensación de estar literalmente pedaleando sobre el agua entre isla e isla.

A lo largo de la ruta hay 14 “terminales ciclistas” donde puedes alquilar una bicicleta por un precio muy razonable (en torno a 500 yenes al día) y devolverla en una estación diferente pagando una pequeña tasa extra, normalmente de 1.000 yenes. Esto permite hacer solo una parte del recorrido y terminar donde te apetezca, algo ideal si no te ves haciendo los más de 70 kilómetros del tirón.

En Onomichi, la terminal más cómoda se sitúa frente a la estación JR Onomichi, junto al Green Hill Hotel, y justo detrás se encuentra el embarcadero de ferris hacia Mukaishima, Innoshima e Ikuchijima. El carril bici como tal empieza en la isla de Mukaishima, así que lo habitual es coger un pequeño ferry, cruzar en unos minutos y emprender desde allí la aventura.

Curiosamente, aunque la ciudad está llena de ciclistas, la zona de montaña con templos y callejones solo se puede explorar a pie. Lo ideal es dejar la bici aparcada cuando llegues o termines la Shimanami Kaido y dedicar unas horas a descubrir la parte alta de Onomichi caminando.

Hotel Cycle y otros alojamientos en Onomichi

A nivel de alojamiento, Onomichi cuenta con varios business hotels cerca de la estación, pensados sobre todo para viajeros de trabajo o quienes solo buscan una base sencilla para dormir. Sin embargo, el alojamiento que más llama la atención es el Hotel Cycle, auténtico paraíso para ciclistas y uno de los proyectos de rehabilitación urbana más interesantes de la ciudad.

El Hotel Cycle se ubica en el complejo Onomichi U2, un antiguo almacén portuario reconvertido en espacio multipropósito con un diseño muy cuidado. En su interior encontrarás una tienda de artesanía local, una panadería tentadora, cafetería con terraza, barra animada por la noche y restaurante donde sirven desayunos, comidas y cenas en un entorno de estética industrial cálida.

La gran particularidad del hotel es que se puede hacer el check-in con la bicicleta y subirla a la habitación, donde hay ganchos específicos para colgarla en la pared. Además, el edificio alberga zonas de reparación, alquiler de herramientas y equipamiento, servicio de envío de bicicletas a otras partes de Japón y una tienda GIANT con quizá el mejor alquiler ciclista de toda la región.

Las habitaciones dobles no son enormes, pero están muy bien aprovechadas y decoradas con buen gusto, incluyendo baño con bañera y dos camas cómodas. Como pequeño detalle, al registrarte suelen obsequiarte con una consumición gratuita en el bar, ideal para rematar una jornada de pedaleo o de cuestas entre templos.

Quienes prefieren una base más urbana suelen dormir en Hiroshima y visitar Onomichi en una excursión de día, pero pasar al menos una noche aquí tiene su encanto: la ciudad cambia mucho cuando cae el sol y se vacía de excursionistas, y se disfruta de un Japón más cotidiano y silencioso.

Comer en Onomichi: ramen, cítricos y cafés con encanto

Si hay un plato que identifica a la ciudad es el ramen de Onomichi. Existen pequeñas variaciones en la receta según el local, pero suele ser un caldo bien sabroso a base de pollo, cerdo y pescado del mar de Seto, aliñado con salsa de soja y rematado con pequeños cubos de grasa que flotan en la superficie y le dan ese punto untuoso tan característico. Los fideos suelen ser algo planos y el conjunto resulta contundente pero adictivo.

Algunos de los locales más conocidos para probarlo son Todoroki, muy cerca de la estación, en una de las primeras calles que salen de la shotengai, y Miyachi, algo más adelante a lo largo de Hondori. Dicho esto, prácticamente en cualquier restaurante de ramen de la ciudad encontrarás su propia interpretación del estilo Onomichi, así que lo mejor es dejarte llevar por tu instinto (y por las colas de gente local).

Otro capítulo gastronómico importante en la región son los cítricos de Setouchi. Nada más llegar, muchos viajeros hacen parada en Citrus Stand Orange, una pequeña tienda de zumos donde puedes escoger combinaciones en función de la dulzura o acidez que te apetezca. Japón tiene una variedad de cítricos impresionante y probarlos bien fríos en pleno verano es casi un rito de paso.

Repartidas por la ciudad hay también cafeterías con mucho encanto, como Miharashi-tei, una casa histórica rehabilitada como café y casa de huéspedes, con grandes ventanales que se abren hacia el paisaje de tejados y mar. Sus interiores de madera mezclan diseño contemporáneo y estética tradicional, y es un lugar perfecto para hacer una pausa larga entre subidas y bajadas.

Para experiencias más sofisticadas, espacios como LOG, un antiguo bloque de apartamentos transformado en hotel y restaurante de diseño minimalista, ofrecen menús que reinterpretan sabores del mar de Seto con un toque creativo, en salones iluminados con velas y madera cálida que invitan a terminar el día con calma.

Cómo moverse por Onomichi

Aunque pueda parecer tentador moverse siempre en bicicleta por ser final de la Shimanami Kaido, la mejor manera de recorrer Onomichi es a pie. Las cuestas, escaleras y callejones que suben hacia los templos no están pensados para ir sobre dos ruedas, y solo caminando descubrirás los recovecos, gatos escondidos y rincones con vistas que hacen especial a la ciudad.

La zona baja, entre vías del tren y mar, sí se presta más al paseo en bici, pero incluso aquí las distancias son relativamente cortas. Desde la estación JR Onomichi se llega andando en pocos minutos a la terminal de ferris, al inicio del shotengai, a Onomichi U2 y a numerosas cafeterías y restaurantes. Para distancias mayores, como moverse entre las estaciones de Onomichi y Shin-Onomichi, hay autobuses urbanos que conectan bien ambos puntos.

Cómo llegar a Onomichi desde las principales ciudades

Onomichi cuenta con dos estaciones principales: Onomichi Station, en la línea convencional JR Sanyo Main Line, y Shin-Onomichi Station, en la línea Sanyo Shinkansen, situadas a unos 3 kilómetros entre sí y conectadas por autobús urbano y taxi. Esta doble opción hace que sea relativamente sencillo llegar desde Tokio, Kioto, Osaka o Hiroshima usando el JR Pass o billetes sueltos.

Desde Tokio, una combinación habitual consiste en tomar un shinkansen Hikari hasta Okayama (algo más de cuatro horas y veinte minutos), cambiar a un Kodama hasta Fukuyama (unos 20 minutos) y desde allí enlazar con un tren local de la JR Sanyo Main Line hasta Onomichi (otros 20 minutos). Todo el trayecto está cubierto por el pase de JR. Como alternativa, existen autocares nocturnos como el Etoile Seto y vuelos desde Haneda hasta el aeropuerto de Hiroshima, con conexión en autobús hasta Onomichi.

Desde Kioto u Osaka, lo más práctico es montar en un shinkansen Hikari hasta Fukuyama (en torno a una hora) y hacer trasbordo a la línea Sanyo convencional hasta Onomichi (unos 20 minutos), también incluido en el JR Pass. Según horarios, también puedes cambiar en Okayama o Shin-Kurashiki y continuar en tren local hasta tu destino. Si prefieres carretera, el autobús Bingo Liner conecta la estación de autobuses OCAT Namba, en Osaka, con Onomichi en unas cinco horas.

Desde Hiroshima hay dos rutas muy usadas. La primera pasa por tomar la JR Sanyo Shinkansen hasta Mihara (25-35 minutos) y enlazar con la JR Sanyo Main Line hasta Onomichi (20-25 minutos). La segunda consiste en ir en shinkansen hasta Shin-Onomichi (alrededor de 35 minutos) y desde allí continuar en autobús urbano o taxi hasta el centro de la ciudad. Quienes no usan el tren bala pueden optar directamente por la línea JR Sanyo desde Hiroshima hasta Onomichi, con un coste menor pero un tiempo de viaje rondando la hora y media.

La época más popular para visitar Onomichi es la primavera, especialmente abril, cuando los cerezos en flor enmarcan templos, parques y miradores, pero el otoño también ofrece temperaturas agradables y paisajes coloridos. En verano el calor y la humedad pueden ser intensos, aunque el mar y los cítricos bien fríos compensan más de una cuesta.

Onomichi es el tipo de lugar que recompensa a quien se toma las cosas con calma: subir en teleférico y bajar andando, pararse a leer inscripciones que no se entienden del todo, seguir a un gato por un callejón sin salida, dejar que el olor a ramen te guíe, detenerse en un mirador para ver pasar los barcos o dedicar un día entero a cruzar islas en bicicleta por la Shimanami Kaido. Entre templos, pagodas, puestas de sol sobre el mar Interior de Seto y helados con forma de gatito, la ciudad consigue mezclar tradición, paisaje y vida cotidiana de una manera muy sencilla, pero tremendamente memorable.

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