Los mejores restaurantes en Madrid para comer de lujo sin perder el sabor de siempre

Última actualización: 14 mayo 2026
Autor: Isaac
  • Madrid ofrece una escena gastronómica muy diversa donde conviven casas de comidas modernas, templos del producto y propuestas creativas con influencias internacionales.
  • Restaurantes como Biri Biri, Makáá o Boccondivino destacan por su personalidad propia, el cuidado del producto y una cocina reconocible pero llena de guiños contemporáneos.
  • Espacios como Bichopalo, Bistronómika o Rubaiyat apuestan por la alta cocina accesible, el dominio del fuego y la selección diaria de carnes y pescados de primera calidad.
  • Direcciones como Las Tortillas de Gabino o La Cocina de Frente actualizan platos tradicionales icónicos, desde la tortilla hasta el cocido, consolidando a Madrid como capital del buen comer.

Mejores restaurantes en Madrid

Madrid es una ciudad que nunca levanta el pie del acelerador gastronómico: cada temporada abre un local nuevo, se revalida el éxito de casas consolidadas y los cocineros se atreven con propuestas cada vez más personales. Entre brasas, barras informales, casas de comidas y templos del producto, encontrar los mejores restaurantes en Madrid puede ser un auténtico desafío si no tienes un mapa bien trazado de planes en Madrid.

En esta guía te propongo un recorrido muy completo por algunos de los locales que hoy marcan el ritmo culinario de la capital: desde restaurantes con encanto en barrios como Justicia o Chamberí, hasta grandes mesas de producto cerca del Retiro o asadores de referencia. No hay una jerarquía cerrada: cada uno de estos sitios tiene su propia personalidad, su público y su momento ideal, ya sea para celebrar algo especial, improvisar una comida con amigos o darse un homenaje carnívoro de los que se recuerdan. Si te interesa explorar más allá de la capital, consulta nuestras escapadas y excursiones en Madrid y alrededores.

Cómo se eligen los mejores restaurantes en Madrid en 2026

El panorama gastronómico madrileño vive en una especie de actualización constante: cada año hay aperturas sonadas, otras direcciones se consolidan y unas cuantas pasan a ser clásicos modernos. En las listas más serias que hablan de los mejores restaurantes de Madrid no suele haber un ranking rígido: el puesto 2 no tiene por qué ser “mejor” que el 16, porque entran en juego el tipo de cocina, el precio, el ambiente y hasta el momento del día en que vayas.

En este tipo de selecciones conviven estrellas Michelin, cocineros jóvenes con propuestas rompedoras, casas de comidas puestas al día, japoneses serios, templos de la casquería fina, restaurantes peruanos, franceses y afrancesados, parrillas donde mandan las brasas, italianos muy auténticos… La idea es ofrecer un escaparate amplio que represente buena parte del panorama actual de la restauración en Madrid, desde locales de grandes grupos con interiorismo llamativo hasta barras y puestos de mercado donde el protagonismo es puro producto.

Durante 2026 seguirán llegando direcciones muy comentadas a las calles de la ciudad, como nuevas sedes de grupos consolidados o proyectos de chefs ya conocidos, del estilo de clásicos renovados y conceptos traídos de otras regiones. Mientras tanto, hay un número de restaurantes que funcionan como apuesta segura, lugares probados muchas veces que no fallan cuando buscas comer bien y disfrutar: esos son los que protagonizan este recorrido.

Lo mejor de este mapa gastronómico es que deja margen para casi todos los planes: puedes reservar en un salón con mantel de hilo y butacas comodísimas o comer en un taburete alto frente a la barra; darte un homenaje con un menú degustación largo y técnico o pedir una tortilla guisada con callos en un ambiente relajado. Lo importante, eso sí, es compartir mesa con buena compañía, porque ninguno de estos sitios está pensado para vivirlo en solitario.

Estas recomendaciones parten de experiencias de primera mano y de una observación muy cercana del sector: muchos de estos comedores son parada fija para periodistas gastronómicos, críticos y aficionados muy serios a la buena mesa. Esa mezcla de constancia, personalidad y coherencia culinaria es la que les permite mantenerse o entrar en listados de referencia año tras año.

Biri Biri: el “algo” especial en pleno barrio de Justicia

Restaurante de moda en Madrid

En el habla popular argentina, tener “biri biri” es poseer ese toque indefinible de chispa, gracia y energía que no se explica con palabras pero se reconoce al instante. En Madrid, ese concepto abstracto se ha materializado en forma de restaurante en el corazón del barrio de Justicia, dando nombre a un local que se ha convertido en la encarnación del confort food con mucho carácter.

El espacio de Biri Biri respira ese ambiente relajado pero vibrante que tanto engancha: es el típico sitio donde entras sin demasiadas expectativas y sales pensando que has descubierto un refugio gastronómico al que vas a volver. Su carta se centra en platos pensados para compartir, con una cocina creativa de sabores directos, guiños internacionales y una base muy reconocible que hace que todo resulte cercano.

Entre los entrantes, uno de los favoritos del público es el halloumi a la plancha, un queso firme y sabroso que aquí se sirve sobre una mermelada de pimientos dulzona y profunda, coronado con aguacate, un aceite verde aromático y brotes frescos que aportan textura y contraste. Es un plato que aúna dulzor, notas lácticas, frescor vegetal y un punto ahumado de la parrilla, ideal para abrir boca.

Otro entrante muy comentado son las setas sobre un sedoso puré de zanahorias confitadas, acompañadas de salsa de mantequilla de cacahuete y sésamo, además de cilantro y un chorro de lima. La combinación de la raíz dulce, el toque graso y ligeramente tostado del cacahuete, el perfume de las hierbas y la acidez cítrica crea un bocado potente pero armonioso, muy goloso para quienes disfrutan de los sabores intensos.

No se quedan atrás su labneh, una crema de yogur espesa y muy untuosa que llega a la mesa acompañada de pistachos caramelizados, cebolla crujiente, miel picante, sumac y cebollino, con unas crackers para untar sin piedad. En cada cucharada se mezclan la acidez del lácteo, el crujiente del fruto seco, el dulzor picante de la miel y la nota cítrica del sumac, dando lugar a uno de esos platos que invitan a repetir.

Uno de los bocados más instagrameados del local es el “Pongan Yema”, una tosta crujiente de masa madre cubierta con una lluvia de queso comté rallado, una yema confitada que se rompe para mezclar con el resto, pimienta y escamas de sal. Es una especie de homenaje a los sabores de la cocina de aprovechamiento llevados a un formato elegante, sencillo en apariencia pero muy adictivo.

La sensación general al comer en Biri Biri es la de estar en un lugar que maneja con maestría el concepto de comida reconfortante, esa que apetece tanto en una cena entre semana como en un plan de fin de semana más largo. Se siente como una cocina pensada para disfrutar sin complicaciones, con platos reconocibles pero llenos de guiños personales que le dan alma al conjunto.

Biri Biri se encuentra en la Calle del Belén, 6, en plena zona de Justicia, lo que lo convierte en un punto de encuentro perfecto tanto para quienes viven en el barrio como para los que llegan de otras zonas en busca de un sitio con encanto donde cenar y alargar la noche por la zona.

Makáá: brasas con vistas a la ciudad en la azotea del Thompson Madrid

Restaurante con vistas en Madrid

Sobre la castiza Plaza del Carmen, con Madrid extendido a los pies, se alza Makáá, una de las aperturas más llamativas de los últimos tiempos. Este restaurante, ubicado en la azotea del Hotel Thompson Madrid y gestionado por el Grupo Lamucca, presume de un espacio luminoso, abierto y con vistas espectaculares, de esos que impresionan en cuanto cruzas la puerta y ves la ciudad desplegada frente a ti.

La propuesta gastronómica de Makáá toma como inspiración el Mediterráneo, pero se cocina desde Madrid, construyendo una identidad propia que combina calma, carácter y precisión. Aquí, el fuego no es sólo una técnica más: se convierte en el eje del discurso culinario, un lenguaje que atraviesa prácticamente toda la carta y marca el sabor de muchas elaboraciones.

En la parrilla se dan cita verduras, pescados y carnes, todos trabajados con fuego real para potenciar su sabor y respetar al máximo la materia prima. Entre los platos que mejor representan su estilo está la terrina de foie gras, que refleja esa mezcla entre sofisticación francesa y producto bien tratado. También destaca una ensaimada caramelizada con sobrasada, donde lo dulce y lo salado se abrazan en un combo bastante goloso.

En el apartado vegetal llaman la atención propuestas como la coliflor a la brasa o el tomate a la brasa versionado como un tartar, demostrando que las verduras pueden ser protagonistas con personalidad cuando pasan por las llamas y se les aplica una técnica precisa. No son meras guarniciones, sino platos con entidad propia.

Desde la lonja llegan piezas como la lubina o el lenguado, que se trabajan al fuego buscando mantener su pureza y jugosidad, sin enmascarar el sabor del pescado. En el lado cárnico, el pollo a la brasa y la pluma ibérica se llevan gran parte del protagonismo, siempre manteniendo ese hilo conductor del fuego real que define la oferta de Makáá.

Comer aquí tiene un precio medio en torno a los 70 euros por persona, una cifra que refleja tanto el nivel del producto como el enclave privilegiado y la puesta en escena. El restaurante se ubica en Plaza del Carmen, s/n, Madrid, y disponen de teléfono de reservas (910 55 07 56), algo casi imprescindible si quieres asegurarte mesa en hora punta o en fin de semana.

Makáá es, en definitiva, uno de esos lugares donde el continente y el contenido van de la mano: el impacto de las vistas se equilibra con una cocina honesta, centrada en el fuego y con una mirada clara al Mediterráneo, lo que lo convierte en una opción muy interesante tanto para una cena especial como para sorprender a alguien que no conozca aún esta cara de la ciudad.

Boccondivino: el italiano que volvió más fuerte al barrio de Tetuán

Hay restaurantes que se convierten en parte de la memoria colectiva de una ciudad y que, cuando cierran, dejan un hueco difícil de llenar. Boccondivino fue durante años uno de los italianos de referencia en Madrid, hasta que la crisis económica obligó a cerrar su local en el barrio de Salamanca en 2011. Podía haber sido el final de la historia, pero el tiempo ha demostrado que las segundas partes, a veces, sí son muy buenas.

Su alma mater, Ignazio Deias, confiesa que prácticamente vive en el restaurante: esa entrega total se nota en la atmósfera y en la forma de entender la hostelería. Tras una etapa en otros proyectos, entre ellos la trattoria Da Giuseppina, Ignazio tuvo muy claro que quería recuperar el nombre que marcó su debut, algo que llegó casi como una revelación en mitad de la noche. Así nació la nueva etapa de Boccondivino en el distrito de Tetuán.

El actual local es amplio, cómodo y con una cocina generosa en metros, justo lo contrario de lo que tenía en Da Giuseppina, donde el espacio limitado ponía freno a muchas ideas. Aquí la sala tiene capacidad teórica para unos 60 comensales, aunque Ignazio ha decidido colocar sólo 28 sillas para que la experiencia sea verdaderamente confortable. Además, cuenta con una bodega impresionante, con más de 3.000 referencias de vino, que refleja su pasión por el mundo vinícola.

La esencia culinaria del Boccondivino original se mantiene, pero la mejor infraestructura permite incluir esos platos que antes eran imposibles, como los crudos. Ignazio insiste en que su cocina es sencilla y replicable en casa, pero lo cierto es que hay una mano y un punto de cocción que delatan a alguien que lleva décadas evolucionando frente a los fogones. Sus recetas conectan con la tradición de su Cerdeña natal, con la pasta como gran protagonista, sin olvidar guisos, arroces y una chuleta milanesa que se ha convertido en la estrella indiscutible de la carta.

Entre los bocados que no se pueden retirar del menú por aclamación popular está la pasta corta típica de Cerdeña con salsa boloñesa de salchicha de cerdo, semillas de hinojo, tomate, queso y azafrán de la isla. Es un plato de sabores profundos y reconfortantes, que habla del territorio y del estilo del cocinero. También triunfan la sardina en escabeche a la veneciana, el rollito de berenjena con tomate y queso, la propia berenjena frita y los tallarines con mantequilla y trufa negra, un clásico irresistible para los amantes del aroma trufado.

El risotto de setas, hongos y trufa es otro de los imprescindibles, un plato que exige precisión y paciencia, y que en Boccondivino se trata con el respeto que se merece. Detrás de este repertorio hay muchas horas de prueba y error: Ignazio se define como cocinero autodidacta, alguien que ha aprendido “sufriendo” y que hoy reconoce que sigue cometiendo errores, pero ya no “horrores”, como en sus inicios. Ese recorrido vital se traduce en una cocina honesta, sin artificios gratuitos, donde prima el sabor y la coherencia.

Antes de volcarse en la gastronomía, Ignazio trabajó en franquicias de moda y otros sectores donde no terminó de encontrarse, hasta que con 37 años dio el salto definitivo al mundo de la restauración. Tres décadas después, su restaurante de Tetuán es un lugar de peregrinaje para quienes buscan un italiano auténtico, sin clichés forzados, con un ticket medio que ronda los 50 euros por persona. Boccondivino se encuentra en la calle Poeta Joan Maragall, 19, una dirección que ya forma parte del mapa imprescindible de la cocina italiana en Madrid.

Bichopalo by Daniel Pozuelo: creatividad con alma asiática en Chamberí

En una discreta calle cercana a Ponzano, en el distrito de Chamberí, se esconde Bichopalo, un pequeño restaurante que se ha ganado una sólida reputación a base de constancia, curiosidad y una cocina con mucho carácter. Nació hace unos cinco años con un formato de menú degustación ajustado de precio, que pronto empezó a correr de boca en boca entre vecinos y foodies madrileños.

En 2025 el proyecto dio un giro importante y pasó a rebautizarse como Bichopalo by Daniel Pozuelo, incorporando el nombre del cocinero al rótulo y reformando el espacio para reforzar ese vínculo con Asia que siempre ha estado presente en su cocina. La nueva decoración crea un ambiente más envolvente y acogedor, mientras que la barra dio paso a una cocina vista frente a la sala, donde Daniel remata los platos ante los comensales. El aforo se mantiene reducido, con capacidad para unas 23 personas, lo que ayuda a que la experiencia sea cercana y controlada.

La propuesta actual gira en torno a dos menús degustación: uno corto de seis pases, con un precio en torno a los 40 euros, y otro largo de once pases, que asciende a unos 75 euros. A eso se suma la opción de completar la experiencia con platos fuera de carta que varían según la temporada y el producto de proximidad disponible, muchas veces con ingredientes de pequeños productores de Km0 y guiños a mercados de confianza como el de Vallehermoso.

Daniel Pozuelo, con experiencia previa en casas de nivel como Paco Roncero Restaurante, Arzak o DSTAgE, insiste en que siempre han intentado mantener los precios lo más contenidos posibles, sin renunciar a la calidad del producto ni a la exigencia técnica. Ese equilibrio entre alta cocina y accesibilidad económica es uno de los factores que han hecho que Bichopalo se incluya entre los restaurantes recomendados por la Guía Michelin, un reconocimiento nada menor para un espacio tan pequeño.

En la mesa, el viaje arranca muchas veces con una gilda de sardina ahumada, encurtidos y yuzu, que sirve como declaración de intenciones: sabor marcado, matices ácidos, toques ahumados y una clara mirada hacia Asia. Entre los platos que suelen brillar se encuentran el pichón de Tarn (procedente del puesto de Higinio Gómez en el Mercado de Vallehermoso) y unas lentejas con fondo de ciervo, ejemplos claros de esa mezcla entre producto mediterráneo y técnicas de otras latitudes.

Las propuestas fuera de carta cambian a menudo, pero se han visto bocados tan sugerentes como una pechuga de paloma a la brasa o camarones de O Grove preparados “a la bilbaína-japonesa”, un juego de palabras que refleja el espíritu de la casa: reinterpretar combinaciones conocidas con técnicas y sabores que miran a Oriente. Tampoco pasa desapercibido el aemono de vieira con hueva de trucha ecológica y apio encurtido, un plato que combina texturas delicadas con un ligero punto de acidez y umami.

En el apartado dulce, Daniel se atreve con postres que cuestionan la idea de que el final de la comida tiene que ser forzosamente azucarado. Un ejemplo es su crema de calabaza ligeramente oxidada con helado de rebozuelo, trufa y gelatina de whisky japonés; un cierre complejo, aromático y con un equilibro poco habitual entre dulce, salado y notas alcohólicas. Es un tipo de cocina pensada para quienes disfrutan saliendo de lo convencional.

La filosofía de Bichopalo siempre ha sido ofrecer una cocina “de aquí y de allí”, en la que la cultura y la despensa mediterráneas conviven con técnicas asiáticas, sin desprenderse de la tradición. De hecho, preparaciones como sus patatas a la importancia demuestran que hay un profundo respeto por la cocina de toda la vida, simplemente reinterpretada con un prisma actual. La carta de vinos y bebidas se cuida con el mismo mimo, con referencias menos trilladas y un interés por proponer maridajes diferentes y muy pensados.

Daniel, que reconoce que aprendió mucho observando a su abuela entre cazuelas, afronta 2026 con la intención de afianzar estos cambios y seguir puliendo la propuesta. Bichopalo by Daniel Pozuelo está en calle Cristóbal Bordiú, 39, y funciona principalmente con reserva previa, sobre todo para el menú largo, que es el que permite hacerse una idea más completa de todo su universo creativo.

Bistronómika: el templo del pescado cerca del Retiro

Para los amantes del mar, Madrid también ofrece direcciones donde el pescado y el marisco se tratan con una seriedad absoluta. Una de las más destacadas es Bistronómika, el restaurante de Carlos del Portillo, que se ha consolidado como uno de los grandes especialistas en producto marino de la capital. Su comedor, situado en las cercanías del Parque del Retiro, se ha ganado fama por la selección del género y el dominio del fuego.

La filosofía de la casa es clara: escoger cada día el mejor producto disponible y aplicar la técnica justa para que brille sin maquillajes innecesarios. Buena parte del protagonismo se lo lleva la brasa, que aporta ese punto ahumado y de cocción precisa que resalta el sabor del pescado y el marisco cuando se hace bien. En la sala, con cocina vista y el género expuesto frente a los comensales, se puede ver la materia prima antes de que pase por los fogones, lo que transmite una sensación de transparencia y confianza.

En sus mesas pueden desfilar piezas tan singulares como un borriquete de gran calidad, pargos tratados con mimo o boquerones malagueños trabajados para mostrar su máximo potencial. Uno de los bocados más conocidos es su gilda de atún, una interpretación marina de este clásico pintxo vasco, que se ha convertido en uno de los imprescindibles del local y que ahora comparte protagonismo con un canelé de Burdeos relleno de caviar y crème fraîche, una combinación inesperada que ha dado mucho que hablar.

La carta incorpora también platos de cuchara como las verdinas con centollo de la Ría de Arousa o un guiso de pochas de Coristanco con gamba de Huelva, ejemplos de cómo un restaurante centrado en el mar puede ofrecer preparaciones de fondo muy golosas, donde el caldo, el punto del marisco y la textura de la legumbre juegan un papel esencial. Es de esos sitios donde conviene escuchar las recomendaciones del chef, ya que el producto disponible puede variar según el día y la temporada.

Para rematar, muchos clientes no se resisten a su tarta de queso, que se ha convertido en otro de los iconos de la casa y suele entrar en las listas de mejores tartas de queso de la ciudad. Comer en Bistronómika suele moverse en una horquilla de 90 a 120 euros por persona, acorde con el nivel de producto marino que manejan. El restaurante se encuentra en calle Ibiza, 44, una zona que se ha posicionado como uno de los corredores gastronómicos más interesantes de Madrid en los últimos años.

Rubaiyat: el clásico del fuego con alma brasileña

Si hablamos de carne a la brasa en Madrid, Rubaiyat es un nombre que aparece de forma recurrente. Este restaurante de raíces brasileñas lleva dos décadas defendiendo una cultura del fuego muy particular en la capital, y recientemente ha abordado una renovación profunda que ha venido de la mano de la tercera generación de la familia: Diego y Víctor Iglesias, que están al frente de la nueva etapa.

El objetivo de esta remodelación no ha sido reinventar el restaurante desde cero, sino actualizarlo sin perder su esencia. La reforma integral del espacio, liderada por la interiorista Alejandra Pombo, ha abierto aún más la parrilla hacia la sala, reforzando esa idea de “de la hacienda al plato; del fuego a la mesa” que ha caracterizado siempre a Rubaiyat. Ver cómo se trabajan las brasas y los cortes de carne frente a los ojos del comensal forma parte del atractivo de la experiencia.

La casa trabaja con carnes propias criadas en Brasil, lo que les permite un control muy estrecho sobre la calidad del producto. Siguen triunfando cortes de angus y wagyu preparados a la parrilla, como el bife de chorizo, la entraña, el tomahawk o el T-bone, piezas que han sido un sello de identidad desde los primeros años del restaurante. También destacan elaboraciones como el steak tartar, la molleja en rejilla y el clásico arroz “biro biro”, un acompañamiento típico brasileño que aquí se ha convertido en un fiel compañero de muchas carnes.

Aunque la parrilla es la reina, en la carta hay espacio para preparaciones marinas como chipirones, besugo o lenguado hechos a la llama, demostrando que el control del fuego se aplica también a productos más delicados. En esta nueva etapa, además, se han incorporado más platos de inspiración mediterránea, buscando atraer a un público todavía más amplio sin traicionar el ADN brasileño del lugar.

El ticket medio se sitúa alrededor de los 65 euros por persona, una cifra razonable para un asador de este perfil, donde la calidad de la carne y el servicio cuidado son claves. Rubaiyat está en calle Juan Ramón Jiménez, 37, en una zona tranquila pero bien conectada, lo que lo convierte en destino habitual para comidas de negocios, celebraciones familiares y cenas de quienes buscan un buen corte a la brasa en un entorno elegante.

Las Tortillas de Gabino: el templo madrileño de la tortilla creativa

Lograr ser referencia en Madrid con un plato tan aparentemente sencillo y tan vigilado como la tortilla de patata no es tarea fácil. Las Tortillas de Gabino lo ha conseguido durante más de 20 años, manteniéndose firme en un Madrid gastronómico en plena efervescencia a base de tradición, técnica y mucha sensibilidad para reinterpretar un icono.

Este local fue el primer proyecto que Nino Redruello pilotó dentro del grupo familiar La Ancha, y nació con la idea de convertir la tortilla en un objeto de deseo, llevándola más allá de la versión clásica de barra de bar. El resultado es una carta en la que conviven elaboraciones de corte más tradicional con creaciones guisadas que mezclan la tortilla con platos de cuchara y recetas regionales, logrando combinaciones sorprendentes pero cálidas.

Entre las imprescindibles está La Velazqueña, la tortilla clásica de la casa, que ha ido ganándose un público fiel con el tiempo. Pero donde realmente se desata la imaginación es en las tortillas guisadas: hay versiones con callos, con pulpo preparado al estilo gallego, con torta del Casar o con trufa, todas ellas pensadas para romper con lo que se suele esperar de este plato y ofrecer bocados intensos y muy reconfortantes.

Para acompañar estas tortillas, la carta se completa con una serie de pequeños platos y raciones que hacen que la experiencia sea más variada. Aparecen croquetas de Idiazábal con un marcado aroma ahumado, judías verdes naturales servidas con crema de guisantes, una ensaladilla rusa coronada con gamba roja y chipirones a la plancha, entre otros. Todo ello conforma un repertorio de cocina casera reformulada, con un enfoque contemporáneo pero muy respetuoso con el sabor.

Las Tortillas de Gabino se ubica en calle Rafael Calvo, 20, y suele moverse en un ticket medio en torno a los 40 euros por persona, lo que lo convierte en una opción muy atractiva para quienes desean una comida sabrosa, cercana y sin complicaciones formales, pero con una elaboración detrás que se nota en cada bocado.

La Cocina de Frente: la casa de comidas moderna del bulevar de Ibiza

En el bulevar de Ibiza, una de las zonas que más está creciendo en oferta gastronómica, se encuentra La Cocina de Frente, una casa de comidas contemporánea que ha sabido actualizar el recetario tradicional de manera muy personal. Su carta se basa en platos reconocibles, trabajados con producto de temporada y guiños actuales, tanto en el menú habitual como en una serie de sugerencias que cambian cada semana en función del mercado.

Este restaurante ha ido ampliando horarios y propuestas; entre las últimas novedades está la apertura de las noches de viernes y sábado para cenas, con platos pensados para compartir y disfrutar sin prisa. Entre las nuevas incorporaciones destacan la llamada tortilla perezosa, un guiño juguetón al plato estrella nacional, un sándwich de carrillera ibérica muy meloso y unos canelones de cordero asado que ejemplifican esa mezcla entre tradición y un punto canalla que define la casa.

Sin embargo, si hay un protagonista indiscutible cuando llega el otoño, ese es su cocido. La Cocina de Frente se ha hecho famosa por una versión de este clásico madrileño que se permite ciertas licencias creativas, manteniendo siempre una materia prima de primer nivel. Es un cocido fino, ligeramente atrevido, que se estructura en varios vuelcos y que se ha diseñado para que cada fase tenga una identidad clara y un equilibrio propio.

La experiencia comienza con una croqueta de ropa vieja, que sirve de puerta de entrada al universo del cocido. A partir de ahí, se suceden cuatro vuelcos bien diferenciados: primero, encurtidos y una sopa de fideos con un caldo muy limpio; después, ropa vieja de verduras con huevo frito; en el tercero aparecen los tres tipos de tocino, las carnes y los garbanzos; y en el cuarto turno llegan el tuétano y un tartar de apio, un cierre que aporta un contraste fresco y graso al mismo tiempo. Es una forma muy personal de revisitar un clásico castizo.

Este cocido está disponible en los servicios de mediodía de lunes a domingo, pero requiere encargo previo con 48 horas de antelación, y tiene un precio de 38 euros por persona, una cifra ajustada para el nivel de producto que maneja. El precio medio general del restaurante ronda los 40 euros, lo que lo sitúa en un punto intermedio muy interesante entre la casa de comidas accesible y el restaurante que cuida los detalles.

La Cocina de Frente está en calle Ibiza, 40, y representa muy bien esa nueva generación de locales madrileños que recuperan guisos y platos de siempre, pero sin miedo a introducir matices contemporáneos, jugando con los tiempos, con la presentación y con los acompañamientos, para mantener viva la tradición sin convertirla en un museo estático.

Mirando el conjunto de todas estas direcciones —desde el comfort food cosmopolita de Biri Biri y las brasas con vistas de Makáá, hasta la italianidad sincera de Boccondivino, la creatividad viajera de Bichopalo, el mar en estado puro de Bistronómika, las carnes de Rubaiyat, las tortillas reinventadas de Gabino o el cocido con firma de La Cocina de Frente— se aprecia que la escena culinaria madrileña atraviesa uno de sus momentos más ricos y variados. La ciudad ofrece hoy una mezcla única de tradición, producto y vanguardia, en la que conviven casas consolidadas y proyectos de nueva generación, todos empujando en la misma dirección: hacer que sentarse a la mesa en Madrid siga siendo uno de los mejores planes posibles.

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