Guía turística completa de la iglesia Hallgrímskirkja en Reikiavik

Última actualización: 6 marzo 2026
Autor: Isaac
  • Hallgrímskirkja es la iglesia luterana más emblemática de Reikiavik, inspirada en las columnas de basalto islandesas y visible desde gran parte de la ciudad.
  • Su construcción se extendió desde 1945 hasta 1986, con una torre de 74,5 metros que alberga un mirador accesible en ascensor con vistas panorámicas únicas.
  • El interior destaca por su sobriedad, el enorme órgano de más de 5000 tubos, la estatua de Cristo y las vidrieras, además de acoger conciertos y exposiciones de arte.
  • La visita a la iglesia es gratuita, se paga solo la subida a la torre, y la plaza frontal con la estatua de Leif Eriksson es otro imprescindible de la experiencia.

Guía turística iglesia Hallgrimskirkja

La silueta blanquísima de Hallgrímskirkja domina el perfil de Reikiavik y se ha convertido en uno de esos lugares que todo viajero quiere ver al menos una vez. Aunque mucha gente la llama “catedral”, en realidad estamos ante una iglesia luterana monumental que encarna como pocas la personalidad de Islandia: sobria, poderosa y profundamente ligada a su paisaje volcánico.

Si estás organizando un viaje a la capital islandesa, consulta nuestra guía completa para viajar a Reikiavik por libre. Esta guía turística de la iglesia Hallgrímskirkja quiere ser tu compañera de ruta. Aquí encontrarás su historia, curiosidades, consejos para subir a la torre, información práctica de horarios y precios, y también un montón de detalles sobre su arquitectura, interior minimalista y vistas panorámicas de Reikiavik para que no se te escape nada durante la visita.

Qué es Hallgrímskirkja y por qué es tan importante

Hallgrímskirkja es una iglesia luterana situada en pleno centro de Reikiavik, en una cota ligeramente elevada que la hace visible prácticamente desde cualquier punto de la ciudad. Aunque por su tamaño y aspecto muchos la confunden con una catedral, la capital islandesa cuenta con otras dos catedrales oficiales: la Catedral de Cristo Rey (católica) y la Catedral de Reikiavik (luterana), por lo que Hallgrímskirkja se mantiene, técnicamente, “solo” como iglesia.

Con sus 74,5 metros de altura, se considera el edificio más alto de Islandia -aunque no la estructura más alta del país, título que se lleva la torre de radio de Hellissandur-. Esa combinación de altura, ubicación céntrica y diseño inconfundible ha hecho que sea el gran símbolo reconocible de Reikiavik, una especie de faro urbano que te orienta mientras paseas por sus calles de casas de colores.

El nombre de la iglesia rinde homenaje al clérigo y poeta islandés Hallgrímur Pétursson, una de las figuras religiosas y literarias más destacadas del siglo XVII. Sus himnos y textos devocionales son tan importantes para la cultura islandesa que la iglesia principal de la capital no podía llevar otro nombre que no fuera el suyo.

Además de su papel religioso, Hallgrímskirkja funciona como punto de referencia urbano, escenario cultural y mirador privilegiado de Reikiavik. Desde su campanario se disfruta de una de las vistas más espectaculares de la ciudad, con los tejados de colores, las montañas nevadas al fondo y el océano extendiéndose hacia Groenlandia y América.

Historia de la construcción de Hallgrímskirkja

La historia de Hallgrímskirkja arranca en 1937, cuando se encarga el proyecto al arquitecto islandés Guðjón Samúelsson, una de las grandes figuras de la arquitectura del país. Samúelsson es también responsable de otros edificios emblemáticos de Reikiavik, como el edificio principal de la Universidad de Islandia, el Teatro Nacional o la iglesia de Akureyri, lo que da idea de la confianza que se depositó en él.

Aunque el diseño estaba listo antes de la Segunda Guerra Mundial, las obras no arrancaron hasta 1945, una vez terminado el conflicto. La edificación fue un proceso muy largo y complejo: se prolongó durante décadas hasta darse por concluida en 1986. Es decir, casi 38-41 años de construcción efectiva, según el tramo que se tome como referencia, en un país que en aquel momento tenía recursos limitados y un clima nada sencillo para levantar semejante coloso.

Durante ese periodo se decidió que la iglesia sería más alta de lo que se había previsto en un inicio. De hecho, hay quienes comentan que los responsables religiosos quisieron una aguja que superara en altura a la principal iglesia católica del país, algo muy en la línea de la “sana competencia” entre confesiones que ha habido históricamente en Europa. La torre se completó antes que el resto del templo, precisamente porque debía cumplir también una función práctica: albergar una antena para transmitir señales de radio, según exigía el Parlamento islandés.

La iglesia se fue utilizando parcialmente mientras continuaban las obras, un poco al estilo de las grandes catedrales europeas. En 2008, décadas después de su inauguración oficial, Hallgrímskirkja tuvo que someterse a un importante proceso de restauración en su torre principal. Se instalaron andamios que ocultaron durante un tiempo su icónica silueta, pero las obras duraron apenas un año y devolvieron al edificio todo su esplendor.

La arquitectura: lava basáltica convertida en iglesia

Lo primero que llama la atención al acercarse a Hallgrímskirkja es su arquitectura completamente distinta a casi cualquier otra iglesia que conozcas. El edificio es blanco, esbelto, y parece elevarse desde el suelo como si fuera una gigantesca formación mineral. Ese efecto no es casual: Guðjón Samúelsson se inspiró en las columnas de basalto que abundan en los paisajes volcánicos de Islandia.

Esa referencia se aprecia claramente si piensas en lugares como la cascada de Svartifoss, en Skaftafell, o en las famosas columnas de Reynisdrangar cerca de las playas de Vík y Mýrdal. Las columnas hexagonales de roca volcánica, formadas cuando la lava se enfría y se contrae, parecen haberse trasladado directamente a la fachada de la iglesia. Por eso muchos viajeros describen Hallgrímskirkja como una gigantesca escultura de lava petrificada transformada en templo.

Su torre principal alcanza unos 73-74,5 metros de altura, lo que la convierte no solo en el edificio más alto del país, sino también en un hito visual que se ve hasta a 20 kilómetros de distancia en los alrededores de Reikiavik. La verticalidad del conjunto, con esas “olas” de hormigón que suben hacia el cielo, provoca una mezcla de asombro y desconcierto: hay quien la encuentra bellísima y hay quien la ve extravagante, pero indiferente, lo que se dice indiferente, no deja a nadie.

El volumen principal de la nave se extiende detrás de la torre, con líneas rectas, ventanales alargados y un lenguaje arquitectónico sobrio. El conjunto da la impresión de un edificio casi futurista anclado en mitad de una plaza de casas bajas y tejados de colores, lo que refuerza su presencia dominante en el entorno urbano.

Frente a la iglesia se abre una amplia plaza, un espacio diáfano desde el que se puede admirar la fachada en todo su esplendor. Si te fijas bien, la “sombra dentada” que proyecta en días soleados recuerda aún más a esas formaciones basálticas escalonadas típicas de Islandia, como si el edificio jugara a mirarse en el suelo que lo sustenta.

La plaza y la estatua de Leif Eriksson

En la explanada frontal de Hallgrímskirkja se alza la célebre estatua de Leif Eriksson (Leif Eiriksson), hijo de Erik el Rojo y considerado por muchos como el primer europeo que puso pie en América alrededor del año 1000, varios siglos antes de Cristóbal Colón. Esta escultura es obra de Alexander Stirling Calder y fue un regalo de Estados Unidos a Islandia en 1930.

El motivo de ese regalo fue la conmemoración del milenio del Althing (Alþingi), el parlamento islandés, que presume de ser el más antiguo de Europa y uno de los más antiguos del mundo. La elección de Leif Eriksson no es casual: representa el espíritu explorador de los pueblos nórdicos y, de alguna manera, la conexión histórica de Islandia con el continente americano.

La estatua, colocada en un pedestal ligeramente elevado, se ha convertido en una de las postales clásicas de Reikiavik: la figura de Leif mirando hacia el horizonte, con la torre de Hallgrímskirkja recortándose detrás. Es un lugar perfecto para hacer fotos y para detenerse un momento a imaginar cómo serían aquellas travesías vikingas por el Atlántico norte.

El entorno inmediato de la iglesia es también un punto de encuentro habitual para islandeses y turistas. Desde la plaza parten calles tan animadas como Skólavörðustígur, repleta de tiendas, galerías de arte y cafés, que conectan Hallgrímskirkja con el corazón comercial de la ciudad. A menudo la zona se llena de gente que sube y baja del mirador, grupos de viajeros, músicos callejeros y familias que aprovechan el espacio abierto para pasear.

En algunos chistes locales se compara la silueta de la iglesia con una foca sin su pelota. La broma forma parte del humor islandés, que se toma con bastante guasa incluso sus monumentos más emblemáticos. Al final, ese punto de autoironía hace que el lugar resulte todavía más entrañable.

El interior de Hallgrímskirkja: sobriedad y luz

Al cruzar las puertas de Hallgrímskirkja lo primero que sorprende es el contraste entre el exterior monumental y un interior extremadamente sencillo. Nada de recargadas decoraciones barrocas ni de retablos dorados: aquí domina una estética luterana muy austera, con paredes blancas, líneas limpias y una sensación de verticalidad que invita más al recogimiento que al espectáculo.

El templo se organiza en tres naves, con altos pilares que marcan el ritmo del espacio y grandes ventanales alargados que inundan todo de luz natural. La impresión general es de limpieza y serenidad, como si la arquitectura hubiera decidido desaparecer en favor de la claridad y el silencio. Este minimalismo es coherente con la tradición protestante, donde la palabra, la música y la luz son protagonistas por encima de la ornamentación.

Dentro casi no hay elementos decorativos, de modo que todo el protagonismo se lo lleva el enorme órgano de tubos situado sobre la entrada. Es un instrumento colosal, construido por el prestigioso organero alemán Johannes Klais, de Bonn. Mide unos 15 metros de alto, pesa varias toneladas y cuenta con alrededor de 5275 tubos, capaces de llenar la nave con un sonido poderoso que parece vibrar en cada rincón de la iglesia.

En el interior también destaca la estatua del Cristo, una figura del Mesías realizada por el escultor islandés Einar Jónsson. Colocada cerca de la entrada, fue donada a la iglesia en 1948 y añade un punto de referencia visual en medio de la sobriedad blanca que domina el espacio.

Las vidrieras diseñadas por Leifur Breiðfjörð aportan toques de color en puntos estratégicos: la entrada, las puertas de la nave, el púlpito y el frente del templo. No son vidrieras abigarradas, sino composiciones que dejan pasar la luz de forma delicada, tiñendo ligeramente de color algunas superficies y enfatizando esa atmósfera de calma luminosa tan característica.

Un templo vivo: conciertos y arte en Hallgrímskirkja

Hallgrímskirkja no es solo un lugar de culto; también funciona como importante escenario cultural de Reikiavik. Gracias a su acústica y al impresionante órgano, la iglesia acoge con frecuencia conciertos de órgano, actuaciones corales y otros eventos musicales que atraen tanto a gente local como a visitantes.

En los meses de verano, aproximadamente entre mediados de junio y mediados de agosto, suelen organizarse conciertos de coro todos los miércoles a las 12:00, así como recitales de órgano los sábados a las 12:00 y los domingos a las 17:00. Estos horarios pueden variar ligeramente según el año, pero sirven como referencia para planificar tu visita si te apetece vivir la experiencia de escuchar el órgano en pleno rendimiento.

Además de la música, la iglesia acoge exposiciones temporales de arte. La Hallgrímskirkja Art Gallery, activa desde 1996, se encarga de programar muestras que suelen instalarse en la zona de entrada. Es habitual encontrar diseños, dibujos y reinterpretaciones artísticas de la propia iglesia, creados por distintos autores, que muestran cómo este edificio ha pasado a formar parte del imaginario visual de los islandeses.

Los bancos de madera de la nave, con formas que recuerdan de nuevo a las columnas basálticas naturales, son un buen lugar para sentarse un rato y dejarse llevar por la atmósfera del interior. En el área cercana a la pequeña tienda de recuerdos encontrarás también ilustraciones, láminas y fotografías de Hallgrímskirkja que muchos viajeros se llevan como memoria física de su paso por la iglesia.

Todo este movimiento cultural convierte Hallgrímskirkja en un espacio vivo, donde la espiritualidad, la música y el arte contemporáneo conviven. Si cuadras bien la hora, puedes combinar la visita al interior con un concierto breve y la subida al mirador, aprovechando al máximo la experiencia.

Subir a la torre: el mejor mirador de Reikiavik

Uno de los grandes atractivos de Hallgrímskirkja es su plataforma de observación en la parte alta de la torre. Con sus 74,5 metros de altura, se trata de uno de los mejores miradores de Reikiavik, rivalizando de tú a tú con el famoso observatorio del Museo Perlan, situado en la colina de Öskjuhlíð.

Mientras que el Perlan ofrece vistas panorámicas desde una cúpula de cristal sobre unos antiguos depósitos de agua caliente, la ventaja de Hallgrímskirkja es su ubicación en pleno centro de la ciudad. Desde aquí se obtienen imágenes muy cercanas de los tejados de colores, las calles principales y los barrios residenciales, todo enmarcado por el telón de fondo de montañas nevadas y el mar.

El acceso al mirador se realiza de forma muy cómoda mediante un ascensor que sube prácticamente hasta la cima, lo que hace que la visita sea apta para casi todo el mundo, incluidos niños, personas mayores o viajeros con poca forma física. Una vez arriba, se accede a la zona del campanario y al nivel del reloj, donde se encuentran tres grandes campanas y el carillón que marca las horas y se escucha desde gran parte de la ciudad.

Desde ahí solo queda subir unos pocos tramos de escaleras para llegar a los ventanales y ventanucos que rodean la torre. Cada abertura se convierte en una especie de ventana a Reikiavik: asomándote a todas ellas puedes “recomponer” un panorámico de 360 grados que incluye el puerto, el moderno Harpa Concert Hall de cristales iridiscentes, el lago Tjörnin con sus casas tradicionales alrededor y, por supuesto, todo el mar de techos de colores que tanto caracteriza a la capital islandesa.

En días claros, la vista se extiende espectacularmente hacia el océano y las montañas, y Hallgrímskirkja se convierte en una auténtica atalaya sobre la ciudad y sus alrededores. Cuando hay nieve en las cumbres o cuando la luz de primavera ilumina las fachadas, el paisaje resulta especialmente fotogénico. Y, al caer la noche, la iglesia iluminada actúa como un faro urbano visible desde numerosos puntos de Reikiavik, recordando su papel simbólico para quienes viven allí.

Información práctica: horarios, precios y consejos de visita

Visitar Hallgrímskirkja es muy sencillo, ya que se encuentra en una zona céntrica y fácil de localizar; para más detalles y recomendaciones consulta nuestra guía de viaje a Reikiavik. Su torre se ve desde casi cualquier lugar del centro, de modo que basta con ir “siguiéndola” hasta llegar a la plaza frontal. Desde calles tan animadas como Laugavegur o Skólavörðustígur se puede alcanzar caminando en pocos minutos.

El acceso a la iglesia en sí es gratuito. Puedes entrar para ver el interior, disfrutar de su atmósfera sobria, contemplar el órgano y las vidrieras o sentarte un rato sin pagar entrada. Donde sí se cobra una pequeña tarifa es en la subida en ascensor a la torre-mirador, ya que este servicio requiere mantenimiento constante.

Los horarios habituales de apertura suelen situarse alrededor de las 9:00 a 17:00 para la iglesia y algo más restringidos para la torre, aproximadamente de 9:00 a 16:30. Es importante tener en cuenta que los horarios pueden variar en determinadas épocas del año, en festivos religiosos o cuando se celebran misas, bodas o funerales, por lo que merece la pena comprobarlos antes de ir.

En cuanto a los precios orientativos, la subida a la torre tiene un coste aproximado de 900 coronas islandesas para adultos y 100 coronas para niños. Estas tarifas pueden actualizarse con el tiempo, así que conviene revisarlas en la entrada o en la web oficial, pero sirven como referencia para saber que se trata de una visita bastante asequible si tenemos en cuenta el nivel general de precios de Islandia.

Un par de consejos prácticos: conviene llevar ropa de abrigo aunque sea verano, porque en lo alto de la torre suele hacer viento y la sensación térmica baja bastante; y si quieres evitar colas en el ascensor, trata de ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde, fuera de los picos de grupos organizados.

Hallgrímskirkja, los niños, las mascotas y otros planes cercanos

Aunque la visita a Hallgrímskirkja es perfecta para casi cualquier perfil de viajero, conviene recordar que se trata de un lugar de culto activo, por lo que es esencial mantener un comportamiento respetuoso en el interior: hablar en voz baja, no correr por la nave y seguir siempre las indicaciones del personal, especialmente si se celebran oficios.

En cuanto a los niños, la iglesia como tal suele ser bienvenida para familias, pero determinadas experiencias organizadas alrededor (como algunas búsquedas del tesoro urbanas para adultos) no están pensadas para peques, y así lo indican los propios operadores turísticos. Aun así, la subida a la torre en ascensor suele ser un plan muy entretenido para los más pequeños, siempre que vayan bien abrigados y acompañados.

Respecto a las mascotas, la normativa es clara: Hallgrímskirkja no es dog-friendly. No se permite la entrada de perros al interior de la iglesia ni a la torre, algo bastante lógico teniendo en cuenta que es un espacio religioso y muy concurrido. Si viajas con tu perro, tendrás que organizarte para dejarlo al cuidado de alguien mientras haces la visita.

Para una noche romántica o una cita, la iglesia en sí no suele considerarse el mejor lugar, sobre todo porque su ambiente es de recogimiento y respeto. No obstante, el entorno sí puede formar parte de un plan en pareja: subir al mirador al atardecer, dar un paseo por las calles cercanas, bajar luego a Laugavegur o al waterfront y terminar cenando en uno de los muchos restaurantes del centro.

En los alrededores de Hallgrímskirkja también se organizan diversas actividades turísticas y juegos urbanos, como búsquedas del tesoro temáticas centradas en esculturas, costa y puntos emblemáticos de Reikiavik. Además, no demasiado lejos se encuentra la atracción FlyOver Iceland, una experiencia de realidad virtual inmersiva que permite “volar” sobre los paisajes del país. Está situada en la propia capital y puede ser un complemento perfecto a la visita, sobre todo si te apetece ver Islandia desde el aire sin subirte a un helicóptero.

Todo ello hace que un día de turismo en Reikiavik pueda combinar perfectamente la visita cultural y espiritual a Hallgrímskirkja con planes más lúdicos, familiares o tecnológicos, componiendo un mosaico de experiencias muy completo en torno a la iglesia más emblemática del país.

Al final, Hallgrímskirkja acaba siendo mucho más que un punto en el mapa o una simple parada de la ruta: su arquitectura inspirada en la lava basáltica, su larga historia de construcción, su interior luminoso y su mirador privilegiado sobre Reikiavik convierten la visita en una de las vivencias más memorables del viaje, de esas imágenes que se quedan grabadas para siempre cuando uno piensa en Islandia.

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