Guía turística completa de Hvolsvöllur y el sur de Islandia

Última actualización: 5 marzo 2026
Autor: Isaac
  • Hvolsvöllur es un excelente campamento base en el sur de Islandia, bien conectado por la Ring Road y rodeado de paisajes de montañas, glaciares y llanuras costeras.
  • La zona combina un importante legado histórico y cultural, con lugares como el Saga Center, Keldur y Oddi, con atracciones naturales icónicas como Seljalandsfoss, Skógafoss o las playas negras de Vík.
  • El entorno ofrece experiencias muy variadas: museos geológicos como el Lava Center, excursiones a cañones y cascadas, observación de fauna y rutas por acantilados volcánicos.
  • La oferta de alojamientos, gastronomía local y opciones de transporte (coche, autobús o camper) permite adaptar fácilmente el viaje a distintos presupuestos y estilos de viaje.

Guía turística Hvolsvollur

Hvolsvöllur es uno de esos lugares del sur de Islandia que, a primera vista, parecen un simple pueblo de paso en la Ring Road, pero que en realidad esconden un cóctel perfecto de historia vikinga, naturaleza brutal y vida rural moderna. Si estás organizando un viaje por la isla y quieres algo más que ir saltando de cascada en cascada, esta pequeña localidad puede convertirse en tu base ideal para explorar la zona.

A lo largo de esta guía turística de Hvolsvöllur vas a encontrar todo lo que necesitas para aprovechar la zona al máximo: dónde está y cómo llegar, qué tiene de especial su historia y sus sagas, qué ver alrededor (cascadas, playas negras, campos de lava, museos), ideas de rutas, dónde dormir, cómo moverte e incluso un repaso a la gastronomía islandesa que podrás probar por allí.

Hvolsvöllur: dónde está y por qué es un buen campamento base

Hvolsvöllur se encuentra en el corazón del sur de Islandia, a unos 106 kilómetros al este de Reikiavik, justo al lado de la famosa carretera de circunvalación (Ring Road o carretera 1). Eso significa que llegar desde la capital es tan sencillo como seguir la misma carretera que probablemente utilizarás para casi todo tu viaje por el país.

El entorno es espectacular: montañas escarpadas al norte, valles verdes y una gran llanura costera al sur, creada con el tiempo por sedimentos de ríos glaciares y cenizas volcánicas. Esta planicie se extiende hasta el Atlántico y, si te lo imaginas hace siglos, las paredes desde las que hoy caen muchas cascadas eran literalmente acantilados que se abrían al mar.

Aunque surgió como centro de servicios para las granjas de la zona, Hvolsvöllur se ha transformado en una pequeña comunidad de poco más de mil habitantes con supermercados, gasolinera, cafés, alojamientos y servicios básicos para el viajero. Al estar en medio de tantos puntos de interés, es una base muy práctica para hacer excursiones de un día y regresar a dormir sin cambiar de alojamiento cada noche.

Muy cerca de Hvolsvöllur se encuentran algunos de los iconos naturales más conocidos de Islandia, como las cascadas Seljalandsfoss y Skógafoss, el volcán Eyjafjallajökull o playas de arena negra como playa de Reynisfjara, además de museos y centros de interpretación que ayudan a entender mejor la geología y la cultura del país.

Aunque surgió como centro de servicios para las granjas de la zona, Hvolsvöllur se ha transformado en una pequeña comunidad de poco más de mil habitantes con supermercados, gasolinera, cafés, alojamientos y servicios básicos para el viajero. Al estar en medio de tantos puntos de interés, es una base muy práctica para hacer excursiones de un día y regresar a dormir sin cambiar de alojamiento cada noche.

Hvolsvöllur y las sagas islandesas: un viaje al pasado

Si algo hace diferente a Hvolsvöllur respecto a otros pueblos del sur es su estrechísima relación con las antiguas sagas islandesas. En pleno centro del pueblo se encuentra el conocido Saga Center, abierto en 1997, que funciona como una puerta de entrada al mundo medieval de Islandia.

El museo se centra sobre todo en la saga de Njál (Njáls saga), también conocida como la Historia de Njál el Quemado, uno de los relatos más famosos y dramáticos de la literatura nórdica. Esta saga, ligada a granjas y parajes de los alrededores, mezcla venganzas, honor, disputas familiares y batallas que marcaron la identidad de la región. Pasear por Hvolsvöllur y sus alrededores conociendo antes esta historia hace que el paisaje cobre otra dimensión.

En la exposición del Saga Center encontrarás paneles, recreaciones y material interactivo que explican cómo vivían los islandeses en la Edad Media, cómo se organizaban los clanes y por qué las sagas son tan importantes para entender la cultura del país. Es un plan perfecto si el día amanece muy lluvioso o con nubes bajas, algo bastante habitual en la zona.

Hvolsvöllur hoy: agricultura, turismo y energía geotérmica

Lejos de ser solo un decorado histórico, Hvolsvöllur es hoy un pueblo vivo donde la agricultura sigue teniendo un peso fundamental. Muchas familias continúan dedicadas a la ganadería y al cultivo en las granjas de la región, aunque en las últimas décadas el turismo ha ganado protagonismo.

Además de agricultores, encontrarás pequeñas empresas locales, casas de huéspedes, cafeterías y servicios ligados al visitante. Muchos islandeses han aprovechado el tirón de la Ring Road y la cercanía a grandes atracciones para diversificar su economía, ofreciendo desde excursiones hasta alojamiento rural.

Un detalle muy curioso es que la localidad cuenta con un sistema de energía geotérmica moderno y autosuficiente, que aprovecha el calor del subsuelo para calentar viviendas y agua sanitaria. Esta apuesta por las energías renovables hace de Hvolsvöllur un ejemplo de cómo Islandia combina tradición rural con innovación tecnológica.

El ambiente en el pueblo es tranquilo y muy auténtico: nada que ver con grandes núcleos turísticos saturados. Aquí se respira calma, puedes pasear sin prisas, charlar con los locales en algún café y usarlo como punto de partida para tus rutas diarias por el sur de la isla.

Lava Center: entendiendo el fuego que creó Islandia

Muy cerca de Hvolsvöllur se encuentra uno de los centros de interpretación geológica más interesantes del país: el Lava Center (LAVA Centre). Si te apasionan los volcanes, los terremotos o quieres entender por qué Islandia es como es, esta visita tiene que estar en tu lista.

Islandia está literalmente partida por la dorsal mesoatlántica, lo que significa que se asienta sobre dos placas tectónicas que se separan poco a poco cada año. El Lava Center explica de manera visual y muy interactiva cómo funciona este sistema, qué tipos de magma y lava existen y cómo se han formado los principales volcanes de la isla.

En sus salas verás maquetas, pantallas táctiles, efectos visuales y paneles que repasan la historia geológica del país, desde sus orígenes hasta las erupciones más recientes. No es un museo enorme, pero está muy bien montado y suele gustar tanto a adultos como a niños, así que es ideal si viajas en familia.

La entrada no es precisamente barata, pero dado que muchas de las grandes atracciones naturales de Islandia son gratuitas, puede ser uno de esos pocos gastos de visita que merece la pena asumir. Si previamente has pasado por el centro de visitantes del Parque Nacional Þingvellir para entender la grieta entre placas, el Lava Center completa a la perfección la parte volcánica de la historia.

Keldur y las antiguas casas de turba

A un trayecto razonable desde Hvolsvöllur se encuentra Keldur, una pequeña granja famosa por conservar algunas de las casas tradicionales islandesas más antiguas, construidas parcialmente semienterradas y cubiertas con tejados de hierba a dos aguas.

El enclave tiene también una pequeña iglesia de madera y un entorno muy bucólico junto a un río, donde se respira la soledad y la calma propias de estas tierras del sur. En verano suele haber que pagar entrada para acceder, pero en temporada baja puedes encontrarte el lugar casi vacío.

Uno de los detalles más llamativos de Keldur es ver cómo el agua del río parece brotar de la nada a través de una surgencia natural bajo el camino, dando lugar a un manantial de aguas cristalinas junto a una casita de madera que oculta antiguos túneles excavados hace décadas.

La visita quizá no sea muy extensa, pero el trayecto y el paisaje del entorno convierten a Keldur en un desvío muy recomendable desde Hvolsvöllur, sobre todo si te interesan la arquitectura tradicional y la vida rural islandesa de otros tiempos.

Oddi: antiguo centro de saber en el sur de Islandia

Otro punto histórico interesante relativamente cerca de Hvolsvöllur es Oddi, hoy en día una iglesia en el campo, pero en el pasado un importante monasterio y granja que fue sede del clan Oddverjar.

Se considera que Oddi fue durante siglos uno de los grandes centros de conocimiento del sur de Islandia. En sus dependencias se escribieron y copiaron algunos de los poemas y textos más relevantes de la mitología nórdica, con historias que han inspirado obras como la de Sigfrido y los Nibelungos o relatos sobre el martillo de Thor.

Para quienes viajan con niños y han trabajado estas leyendas en el colegio, visitar Oddi puede ser especialmente emocionante, porque pone escenario real a historias que hasta entonces solo vivían en libros y representaciones teatrales escolares.

Hoy apenas quedan restos visibles de aquel gran complejo, más allá de la iglesia y el entorno rural, pero el lugar tiene una carga simbólica importante dentro de la cultura islandesa y encaja muy bien en una ruta histórica por la zona de Hvolsvöllur.

Las grandes cascadas del sur: Seljalandsfoss, Gljúfrabúi y Skógafoss

Siguiendo hacia el este por la Ring Road desde Hvolsvöllur, la carretera discurre paralela a una sucesión de cascadas que se precipitan desde la antigua línea de acantilados hacia la llanura costera. Algunas pasan desapercibidas, pero otras son paradas obligatorias en cualquier viaje por Islandia.

Una de las más famosas es Seljalandsfoss, una cascada de algo más de 60 metros de caída alimentada por las aguas del glaciar Eyjafjallajökull a través del río Seljalandsá. La imagen de este salto ha dado la vuelta al mundo, pero lo realmente especial es que se puede caminar por un sendero que discurre justo por detrás de la cortina de agua.

Desde el aparcamiento (de pago desde hace relativamente poco tiempo) hay un camino que permite rodearla por ambos lados y un pequeño puente frente a la cascada desde el que sacar fotografías de postal con la cortina de agua y el valle al fondo. Eso sí, conviene llevar chubasquero, porque la ducha está prácticamente garantizada.

A pocos minutos a pie se encuentra Gljúfrabúi o Gljúfrafoss, una cascada mucho más recogida que cae dentro de una especie de cilindro rocoso. Para acceder a su interior hay que avanzar por una grieta del cañón y caminar sobre piedras en medio del agua, por lo que en días de mucho caudal es imprescindible ir con buenas botas impermeables o incluso de caña alta.

Más hacia el este llegarás a Skógafoss, probablemente la cascada más fotografiada del sur de Islandia. Con su cortina de agua casi perfecta, su enorme caudal y la posibilidad de ver arcoíris dobles en los días soleados, es un espectáculo en cualquier época del año. La cascada mira hacia el oeste, así que la luz de la tarde suele ser especialmente buena si el cielo se abre.

En Skógafoss hay un aparcamiento amplio y, por ahora, gratuito, además de duchas públicas, algo valioso para quienes viajan en camper. A la derecha de la cascada sale una larga escalinata que sube hasta la parte superior; en temporada alta puede formarse cola, por lo que conviene evitar las horas centrales del día. Una vez arriba, puedes seguir un sendero junto al río que se interna en el interior y se aleja rápidamente de las multitudes.

Skógar Museum: un viaje por la vida tradicional islandesa

Justo al lado de Skógafoss se encuentra el Skógar Museum, un museo que a menudo pasa desapercibido para muchos visitantes pero que resulta una visita muy enriquecedora si quieres ir más allá de la foto de la cascada.

Este museo nació gracias al trabajo de un coleccionista incansable, Þórður Tómasson, que fue reuniendo durante años cientos de objetos relacionados con la vida cotidiana en Islandia: herramientas agrícolas, utensilios de pesca, mobiliario doméstico, piezas religiosas y un sinfín de curiosidades.

El conjunto actual incluye un museo al aire libre con casas tradicionales de turba trasladadas desde distintos puntos del país, así como varias salas interiores con exposiciones temáticas. Pasear por las viviendas, la antigua escuela o los edificios anexos ayuda a hacerse una idea muy clara de cómo vivían las familias campesinas, qué comían, cómo se protegían del frío o cómo se organizaban las comunidades.

El museo incorpora también una colección de especímenes biológicos y piezas vinculadas a los fenómenos geológicos que han marcado la historia de la isla, desde erupciones hasta inundaciones repentinas. Además, dispone de un restaurante autoservicio y una tienda de recuerdos bien surtida, perfecta para comprar algún detalle con algo más de alma que el típico souvenir de aeropuerto.

Solheimasandur, Dyrhólaey, Vík y las playas negras

Continuando el viaje hacia el este desde Hvolsvöllur, la costa del sur de Islandia ofrece una serie de paisajes volcánicos que parecen sacados de otro planeta. La llanura costera de Sólheimasandur, por ejemplo, es un enorme desierto de arena negra salpicado por restos de erupciones y glaciares.

En esta zona, cerca del glaciar más accesible del sur de Islandia, se encuentra el famoso avión abandonado de Sólheimasandur, un antiguo aparato de la Marina estadounidense que realizó un aterrizaje de emergencia en los años setenta. Hoy solo quedan el fuselaje y parte de la estructura, en medio de la nada. Para llegar desde el aparcamiento hay que caminar aproximadamente una hora por una pista casi llana pero muy expuesta al viento y la lluvia, por lo que es fundamental ir bien equipado y con algo de comida y agua.

Un poco más adelante se alza el promontorio de Dyrhólaey, coronado por un faro blanco con una gran linterna naranja. Desde aquí se obtienen algunas de las vistas más impresionantes de la costa sur: por un lado, una interminable playa de arena negra que se pierde en el horizonte; por otro, acantilados verticales y arcos de roca poblados de aves marinas intentando mantenerse en vuelo frente a las ráfagas de viento.

Las vistas hacia la playa de Kirkjufjara son espectaculares, igual que las panorámicas hacia los farallones que se ven desde la playa de Reynisfjara. Hay varios senderos que permiten caminar por la zona, pero hay que ser muy prudente con el viento, que puede ser fortísimo y hacer que acercarse demasiado a los bordes sea peligroso.

El acceso al faro se hace por una pista en pendiente que puede imponer respeto, pero si conduces con calma no deberías tener demasiados problemas. Una vez arriba, solo queda disfrutar del paisaje y observar cómo las olas golpean con fuerza la base de los acantilados mientras las aves planean sobre el mar.

En las inmediaciones está la localidad de Vík í Mýrdal, uno de los pocos pueblos de esta parte de la costa donde podrás encontrar supermercado, gasolinera y varios restaurantes. Su iglesia, situada en lo alto de una colina, ofrece un buen mirador sobre el pueblo y las formaciones rocosas del mar.

Las playas de Kirkjufjara y, sobre todo, Reynisfjara se han hecho mundialmente famosas, en parte por aparecer en películas como Rogue One de la saga Star Wars. Aquí el protagonista es el contraste entre la arena negra, las columnas de basalto geométricas y los imponentes farallones que se alzan mar adentro.

Sin embargo, la belleza del lugar va acompañada de cierto peligro: las olas son traicioneras y las llamadas “sneaker waves” pueden arrastrar a turistas despistados. Por eso es esencial respetar las señales, mantenerse alejado de la orilla en días de fuerte oleaje y no subestimar nunca la fuerza del mar. Además, en la zona de los acantilados es posible que se produzcan desprendimientos, sobre todo con viento.

La fama de Reynisfjara hace que esté muy masificada en temporada alta, y el aparcamiento puede ser un caos. Si quieres disfrutarla con algo más de calma, intenta ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde. La vecina Kirkjufjara, algo menos visitada, tiene un encanto especial gracias a la gran roca de Arnardrangur levantándose en medio del agua.

Fjaðrárgljúfur y otros paisajes cambiantes

Un poco más al este se encuentra el cañón de Fjaðrárgljúfur, una garganta verde y sinuosa que en los últimos años se ha hecho muy popular gracias a las redes sociales y a varios vídeos musicales grabados allí. El sendero que recorre la parte alta del cañón promete vistas espectaculares del río serpenteando decenas de metros más abajo.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las autoridades islandesas cierran a menudo el acceso a Fjaðrárgljúfur cuando el terreno está demasiado blando por el deshielo o la lluvia, para evitar que la afluencia de visitantes degrade el entorno. Es importante respetar estas restricciones y comprobar siempre el estado de las carreteras y senderos antes de lanzarse a la aventura.

Una lección que se aprende rápido viajando por el sur de Islandia es que la meteorología manda. Lo más sensato es no ir con una planificación excesivamente rígida, aprovechar al máximo las ventanas de buen tiempo y asumir que a veces habrá que renunciar a una excursión porque el acceso está cerrado o el viento y la lluvia la hacen poco recomendable.

La ventaja es que los días, especialmente en primavera y verano, son larguísimos, y eso te permite volver a ciertos lugares en distintos momentos y con luces totalmente diferentes. En una misma semana puedes ver la costa bajo un cielo plomizo y, al día siguiente, disfrutar de un atardecer espectacular en el mismo punto.

Gastronomía en Hvolsvöllur y alrededores

La cocina islandesa combina platos muy tradicionales con propuestas cada vez más modernas, y en la zona de Hvolsvöllur podrás probar una buena muestra de ambas tendencias. Los grandes protagonistas siguen siendo el cordero, los lácteos y el pescado.

Entre los platos más típicos encontrarás el hangikjöt (cordero ahumado), que suele servirse en lonchas finas acompañado de guarniciones sencillas; el famoso skyr, un lácteo cremoso entre yogur y queso fresco que se toma tanto solo como en postres; o las omnipresentes pylsur, las salchichas islandesas que encontrarás en gasolineras y puestos callejeros.

Si te apetece pescado, busca el plokkfiskur, un guiso de pescado desmigado con patata y salsa cremosa, o el harðfiskur, pescado seco que se come a mordiscos, muchas veces untado con mantequilla. Para quienes quieren probar algo más contundente, el brennivín, un aguardiente conocido coloquialmente como “la Peste Negra”, es toda una experiencia.

En Hvolsvöllur destaca el Eldsto Art Café & Bistro, muy apreciado por ofrecer platos caseros con toque local en un ambiente acogedor. Es un buen lugar para sentarse a media jornada, entrar en calor y saborear la cocina islandesa sin prisas.

Un detalle curioso es que el helado es una auténtica institución en Islandia y se consume durante todo el año, haga el tiempo que haga. No te extrañe ver a los locales con un cucurucho en la mano aunque fuera esté lloviendo o el termómetro marque cifras bajo cero.

Dónde alojarse en Hvolsvöllur y la zona

La oferta de alojamiento en Hvolsvöllur y alrededores es bastante variada para el tamaño del pueblo, con opciones que van desde guesthouses sencillas hasta hoteles con más servicios. Esto facilita adaptarse a diferentes presupuestos y estilos de viaje.

Si buscas algo económico y con ambiente cercano, las casas de huéspedes tipo Flower House ofrecen habitaciones cómodas, trato familiar y la posibilidad de conocer a otros viajeros en espacios comunes. Son una buena opción si priorizas el ambiente sobre los lujos.

Para quienes prefieren algo más cuidado y con más comodidades, hoteles como Selja apuestan por instalaciones modernas y vistas despejadas hacia el paisaje del sur. Eso sí, conviene ajustar las expectativas: en Islandia los precios del alojamiento suelen ser elevados en proporción a lo que estamos acostumbrados en otros países europeos.

También hay alojamientos en granjas, como la conocida Green Farm, rodeada de campos ondulados y animales, que permiten vivir de cerca la vida rural islandesa. Dormir en un entorno así, con la posibilidad de salir a caminar entre prados y vistas a montañas y glaciares, es uno de los grandes lujos del viaje.

En la costa, hoteles como el Umi, ubicado en la llanura a unos cinco kilómetros en línea recta de Skógafoss, ofrecen un estilo más moderno y minimalista. Aunque su localización es estupenda para estar cerca de la cascada y de la playa, algunos viajeros señalan que el nivel de atención y mantenimiento no siempre está a la altura del precio y categoría anunciados.

Cómo moverse: coche, autobús y autocaravana

Para explorar Hvolsvöllur y todo el sur de Islandia, la opción más flexible suele ser alquilar un coche. La Ring Road está asfaltada y en buen estado, y las distancias entre puntos de interés son razonables, aunque en invierno conviene extremar precauciones por nieve, hielo o visibilidad reducida.

También existe transporte público en forma de autobuses que conectan los principales núcleos, lo que puede servir para moverse si tienes tiempo de sobra y prefieres no conducir. Son fiables y relativamente económicos, pero no llegan a todas las localizaciones ni permiten tanta libertad de horarios.

Una alternativa cada vez más popular es alquilar una autocaravana o camper. Esta opción permite combinar transporte y alojamiento en un solo vehículo, con la ventaja de adaptar tus planes sobre la marcha según el tiempo o tu estado de ánimo, parando a dormir en cámpings repartidos por toda la zona.

Eso sí, incluso con camper es importante respetar las normas de acampada, pernoctar en lugares habilitados y comprobar el estado de las carreteras secundarias, especialmente si pretendes aventurarte hacia el interior o por pistas de montaña (las famosas carreteras F), que en primavera pueden estar aún cerradas.

Dentro de Hvolsvöllur en sí, desplazarse es muy sencillo. El pueblo es pequeño y prácticamente todo se puede hacer a pie, desde ir al supermercado hasta acercarte a cenar o visitar el Saga Center.

Al final, Hvolsvöllur y su entorno ofrecen toda la esencia del sur de Islandia en un radio relativamente compacto: sagas vikingas, museos creativos, cascadas legendarias, playas negras de película, campos de lava, granjas tradicionales, caballos islandeses y una meteorología caprichosa que convierte cada día en una pequeña aventura. Usar el pueblo como base para explorar, adaptando los planes a las nubes, el viento y las ganas, es una manera muy acertada de descubrir con calma una de las zonas más fascinantes del país.

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