- El valle geotérmico de Haukadalur alberga el histórico Geysir y el activo géiser Strokkur, núcleo del área de Geysir.
- Forma parte de la ruta del Círculo Dorado junto al Parque Nacional de Thingvellir y la cascada Gullfoss, accesible en un día desde Reikiavik.
- La visita puede hacerse en coche de alquiler o con excursión organizada, añadiendo desvíos como Kerið, Brúarfoss o la Laguna Secreta.
- Es una ruta practicable todo el año, con mejores condiciones de conducción en verano y menos masificación pero más exigencia climática en invierno.
El valle geotérmico de Haukadalur es uno de esos lugares que te recuerdan que Islandia está literalmente viva bajo tus pies: el suelo humea, el agua hierve en charcas de colores imposibles y un géiser entra en erupción cada pocos minutos mientras todo tiembla ligeramente. Situado en pleno sur del país, muy cerca de Reikiavik y dentro de la archifamosa ruta del Círculo Dorado, es una parada casi inevitable para cualquier viaje a Islandia, tanto en verano como en pleno invierno.
En esta guía de viaje del valle geotérmico de Haukadalur vas a encontrar una visión muy completa y estructurada de la zona: qué es exactamente, su historia, cómo son sus géiseres (Geysir y Strokkur), cómo visitarlo por libre en coche o con excursión organizada, qué otros lugares del Círculo Dorado encajar el mismo día, qué épocas del año funcionan mejor y unos cuantos consejos prácticos para aprovechar la visita y evitar agobios con las multitudes.
Qué es el valle geotérmico de Haukadalur
Haukadalur es un valle geotérmico del sur de Islandia situado al norte del lago Laugarvatn, en una zona donde la corteza terrestre es tan delgada y activa que el calor del interior del planeta llega casi hasta la superficie. Eso genera un paisaje plagado de fumarolas, pozas de barro hirviendo, piscinas termales de colores y, por supuesto, géiseres.
El topónimo Haukadalur significa literalmente “valle del halcón” en islandés, y forma parte del famoso Círculo Dorado, la ruta turística más popular del país. A escasos minutos en coche se encuentran la cascada Gullfoss y, algo más lejos, el Parque Nacional de Thingvellir, de modo que casi todos los itinerarios por Islandia incluyen estas tres paradas en un solo día.
En este valle se localiza el legendario Gran Geysir, el géiser que dio nombre a todos los demás del planeta. En toda la Tierra se han censado alrededor de un millar de géiseres, y solo en Haukadalur se concentran una media docena activos o semiactivos, lo que da una idea de la intensidad geotérmica del lugar. La mayor parte de los géiseres del mundo se encuentran en el Parque Nacional de Yellowstone (Estados Unidos), pero Haukadalur es uno de los pocos campos geotérmicos clásicos que se pueden visitar con facilidad en Europa.
Además del espectáculo natural, Haukadalur también ilustra el ingenio islandés para aprovechar la energía de la tierra. Cerca del área de géiseres se pueden observar instalaciones geotérmicas destinadas a producir energía y calor, un ejemplo de cómo el país ha logrado una notable autonomía energética combinando sostenibilidad, turismo y recursos naturales.

Historia y curiosidades de Haukadalur
La zona de Haukadalur aparece mencionada en textos históricos ya en 1294, donde se describe la actividad de sus géiseres tras un potente terremoto que los reactivó. Desde el siglo XVIII, el valle comenzó a atraer viajeros curiosos que llegaban a Islandia fascinados por estas fuentes termales explosivas, entre ellos dos reyes daneses que visitaron el lugar en 1907 y 1922.
Durante buena parte del siglo XX, las imágenes del Gran Geysir en erupción se convirtieron en símbolo de Islandia. Su potente columna de agua y vapor era portada de folletos turísticos y fotografías, pero había un problema: su actividad nunca ha sido demasiado regular. Precisamente por esa imprevisibilidad se llegó a intentar “domesticar” el fenómeno natural con intervenciones humanas.
En 1935 se modificó el nivel freático para tratar de estimular las erupciones del Gran Geysir, y ya en 1981 se llegó al extremo de inyectar jabón en el conducto del géiser para forzar que entrara en erupción con más frecuencia. A corto plazo el experimento funcionó, pero a la larga estas prácticas alteraron su dinámica interna y terminaron reduciendo su actividad natural.
Hoy en día el Gran Geysir se encuentra prácticamente inactivo, aunque a comienzos de la década de 2000 atravesó una fase de relativa actividad en la que llegó a lanzar agua a más de 140 metros de altura, e históricamente se han documentado erupciones que rozaban los 170 metros. En la actualidad, lo habitual es verlo como una gran piscina de agua humeante que rebosa lentamente por los bordes, cubriendo las rocas de depósitos blanquecinos.
Frente al retiro del Gran Geysir, su vecino Strokkur se ha convertido en el verdadero protagonista del valle. Este géiser, que se encuentra a unos 400 metros del gran cráter y cuyo nombre podría traducirse como “batidor” o “el que agita”, es célebre por su fiabilidad: entra en erupción aproximadamente cada 5-10 minutos, con chorros de agua y vapor que suelen alcanzar entre 20 y 30 metros de altura, y a veces incluso algo más.
La propia evolución de los géiseres es un proceso dinámico: la frecuencia, la fuerza y la altura de las erupciones pueden cambiar con el tiempo debido a movimientos sísmicos, variaciones en el nivel del agua subterránea y bloqueos o aperturas de los conductos internos. Por eso no sería raro que dentro de unos años otros géiseres del valle cobren más protagonismo que Strokkur o que el propio Geysir vuelva a tener algún periodo de actividad.
Experiencia de visita: cómo se vive Haukadalur sobre el terreno
Más allá de los datos geológicos, Haukadalur es un lugar que se disfruta caminándolo, escuchando el burbujeo de las charcas, observando las fumarolas y esperando con cierta impaciencia a que Strokkur “respire” de nuevo. El valle cuenta con senderos bien delimitados y pasarelas para moverse entre las diferentes piscinas termales y géiseres sin pisar zonas peligrosas.
Una experiencia muy recomendable es subir al mirador que se encuentra en lo alto de una colina cercana, desde donde se obtiene una panorámica amplia del valle de Haukadalur, sus instalaciones turísticas y el más campesino valle vecino de Helludalur. La vista ayuda a hacerse una idea de cómo el paisaje natural y el desarrollo humano conviven en esta zona, aunque no todos los viajeros lo consideran un punto “imprescindible”.
Quienes han visitado Haukadalur en distintas estaciones coinciden en que el lugar puede resultar muy concurrido. En verano, aunque vayas a última hora de la tarde, es normal encontrar grupos numerosos de visitantes alrededor de Strokkur. En invierno la afluencia puede ser similar, simplemente se concentra en las pocas horas de luz diurna.
Una estrategia para disfrutarlo con algo más de calma es alojarse en el cercano hotel Geysir o en otros alojamientos de la zona y madrugar para llegar a primera hora del día. Estar frente a Strokkur antes de las siete de la mañana permite, con suerte, compartir el lugar solo con algún fotógrafo temprano, en una atmósfera silenciosa donde se aprecia mejor el rugido de cada erupción y los cambios de luz en el vapor.
Paseando por el área geotérmica también te toparás con charcas de agua de colores extraños y llamativos, teñidos por los minerales y microorganismos que prosperan en esas condiciones extremas. Otras pozas, de un azul cristalino que invita al baño, son en realidad trampas mortales: el agua puede estar cerca del punto de ebullición y solo los vapores delatan su peligrosidad, por lo que es vital respetar siempre las zonas acordonadas y las señales.
Geysir y Strokkur: cómo son y qué esperar
El área geotérmica de Geysir, dentro del valle de Haukadalur, es una de las más activas de toda Islandia. A pesar de que el célebre Gran Geysir lleve mucho tiempo prácticamente dormido, el conjunto del campo geotérmico sigue muy vivo gracias a la actividad de Strokkur y a las múltiples pozas, calderas y fumarolas que burbujean por todas partes.
El Gran Geysir fue el primer géiser del mundo en ser descrito científicamente y es el que dio nombre internacional al fenómeno. El término procede del verbo nórdico antiguo “geysa”, que podría traducirse como “salir a borbotones” o “surtir con fuerza”. Hoy en día, el cráter de Geysir es una gran olla de agua humeante, cercada para evitar que los visitantes se acerquen demasiado a una zona donde el suelo es muy inestable.
En contraste, Strokkur es un espectáculo continuo. Cada pocos minutos, la superficie del agua comienza a agitarse y a hincharse formando una burbuja azul intensa, que se infla durante apenas un segundo antes de estallar en un chorro vertical de agua y vapor. La mayoría de las erupciones rondan los 20-30 metros, pero en ocasiones pueden superar con creces esa altura, o bien producir una erupción secundaria cuando la primera columna de agua aún está cayendo.
Lo más inteligente es dedicar un buen rato a observar varias erupciones de Strokkur desde distintos ángulos, ya que la fuerza del chorro cambia y las fotos que obtendrás también. Conviene llegar con tiempo, tener la cámara preparada y, si hace viento, colocarse de forma que el penacho de vapor no te empape ni arruine el equipo fotográfico.
El resto del campo geotérmico está plagado de pequeñas calderas de lodo, pozas de agua hirviendo y caños que expulsan gases sulfurosos. Muchas tienen colores muy vivos, desde azules lechosos hasta naranjas oxidados y verdes intensos, debidos a diferentes minerales y a la presencia de algas y bacterias extremófilas. Es una especie de laboratorio natural al aire libre que ilustra muy bien el origen volcánico de Islandia.
Alrededores de Haukadalur y el Círculo Dorado
Haukadalur se encuentra a aproximadamente hora y media en coche desde Reikiavik, siguiendo carreteras asfaltadas en buen estado, y forma parte de la clásica ruta del Círculo Dorado, uno de los recorridos más sencillos y completos para una excursión de un día desde la capital.
Las tres paradas esenciales del Círculo Dorado son el Parque Nacional de Thingvellir, el área geotérmica de Geysir-Haukadalur y la cascada Gullfoss. Si completas el circuito saliendo y regresando a Reikiavik, el recorrido ronda los 230-250 kilómetros, según la variante de carretera elegida. Muchos viajeros lo hacen en un día, reservando entre 6 y 8 horas para poder disfrutar de cada alto sin prisas excesivas.
Thingvellir, a unos 45 minutos de la capital, suele ser la primera parada si se hace la ruta en sentido de las agujas del reloj. Allí se puede caminar por la grieta de Almannagjá, que marca la separación entre las placas tectónicas norteamericana y euroasiática, visitar la cascada Öxarárfoss, bordear el lago Þingvallavatn y, para quienes se atrevan con el agua helada, bucear o hacer snorkel en la fisura de Silfra, donde literalmente nadas entre dos continentes.
Desde Thingvellir se continúa por las carreteras 365 y 37 hasta llegar al área geotérmica de Haukadalur/Geysir, donde se recomienda pasar al menos una hora para pasear entre las pozas termales y contemplar varias erupciones de Strokkur. Tras esta parada, el itinerario sigue por la carretera 35 apenas unos 10 kilómetros más hasta la catarata Gullfoss.
Gullfoss, la “cascada de oro”, es una de las más impresionantes de Islandia. El río glaciar Hvítá se precipita en dos grandes escalones (de unos 11 y 21 metros de caída, sumando no menos de 31-32 metros de desnivel) hacia un cañón estrecho y profundo. Los distintos miradores permiten ver la cascada desde arriba, casi al nivel del río, o más cerca de la segunda caída, donde la fuerza del agua y la niebla que genera son sobrecogedoras.
En días soleados se forman arcoíris espectaculares en el vapor que se eleva desde el cañón, mientras que en invierno el paisaje nevado y las cortinas de hielo aportan una atmósfera casi irreal. No es casualidad que Gullfoss aparezca en prácticamente todas las listas de cascadas imprescindibles del país.
Desvíos y paradas adicionales en la ruta
Además de la tríada clásica Thingvellir-Haukadalur-Gullfoss, el Círculo Dorado ofrece varios desvíos interesantes que se pueden añadir al itinerario si dispones de tiempo extra y no te importa estirar un poco la jornada.
Entre Laugarvatn y el área de Geysir se encuentra la cascada Brúarfoss, famosa por el intenso color azul glaciar de su agua. Hasta hace unos años se podía llegar casi al lado con el coche, pero los vecinos, cansados del tráfico de turistas, cerraron los accesos privados y ahora es necesario aparcar en un parking oficial junto a la carretera 37 y hacer una caminata de unos 3,2 km (45 minutos) por trayecto. El sendero puede embarrarse y volverse resbaladizo con la lluvia, así que conviene valorar bien si te compensa el desvío.
En la zona también se encuentran la Laguna Secreta (Gamla Laugin) en el pueblo de Flúðir y los baños geotermales de Fontana en Laugarvatn. La Laguna Secreta presume de ser la piscina geotermal más antigua del país, con aguas a unos 38-40 °C durante todo el año, mientras que Fontana ofrece piscinas y saunas sobre un manantial termal junto al lago. Ambas opciones son perfectas si quieres incluir un baño relajante en el día del Círculo Dorado.
Otro punto llamativo y muy cómodo de visitar es el cráter volcánico Kerið, situado junto a la carretera 35, de camino a Selfoss. Se trata de una caldera volcánica casi circular, de unos 3.000 años de antigüedad, con paredes de un rojo muy intenso cubiertas de musgo verde que contrastan de forma espectacular con el agua azul verdosa del lago del fondo. El acceso es de pago, pero el aparcamiento queda en la parte alta y en pocos minutos se puede rodear el cráter e incluso bajar hasta la orilla del agua.
Algunas rutas incluyen también la cascada Faxi o Faxafoss, cercana a la carretera 35. Después de haber visto Gullfoss y otras cascadas importantes del país, muchos viajeros consideran que Faxi no ofrece un gran interés comparativo, especialmente si para verla hay que pagar aparcamiento, por lo que suele quedar como visita prescindible cuando el tiempo escasea.
Cómo llegar a Haukadalur y moverse por el Círculo Dorado
La forma más flexible y habitual de visitar Haukadalur y el Círculo Dorado es en coche de alquiler. Desde Reikiavik se toma la carretera 1 hacia el este y enseguida se enlaza con la 36 en dirección al Parque Nacional de Thingvellir. Tras visitar el parque, se sigue por las rutas 365 y 37 hasta el área geotérmica de Geysir, y después se continúa por la 35 hasta Gullfoss. Para regresar a la capital, puedes volver por la misma vía o seguir por la 35 hacia el sur hasta conectar de nuevo con la carretera 1 pasando por Selfoss.
El circuito completo se puede hacer en unas 3-4 horas de conducción pura sin paradas, pero lo razonable es contar con al menos 6-8 horas para detenerse con calma en las distintas atracciones, hacer fotos, comer y, si te apetece, desviarte a algún lugar extra como Kerið o la Laguna Secreta.
La otra gran alternativa es reservar una excursión organizada desde Reikiavik, normalmente en autobús o minibús con guía incluido. Esta opción es ideal si no quieres conducir, si viajas pocos días o si visitas Islandia en invierno y prefieres dejar la responsabilidad de la carretera en manos de un profesional. Hay tours que combinan el Círculo Dorado con baños termales, con actividades adicionales e incluso con salidas de avistamiento de ballenas.
Un ejemplo de excursión muy completa es la que combina avistamiento de ballenas en la bahía de Faxaflói y, por la tarde, recorrido por el Círculo Dorado. Primero se sale en barco desde el puerto viejo de Reikiavik para tratar de observar cetáceos y aves marinas, y tras un tiempo libre para almorzar y visitar, si se desea, el Museo de las Ballenas, se continúa en autobús hacia Thingvellir, Haukadalur y Gullfoss, con un último paso por un pueblo de invernaderos famoso por sus cultivos bajo energía geotérmica.
Consejos de conducción y seguridad en la ruta
Aunque las carreteras del Círculo Dorado están asfaltadas y en buen estado, conducir en Islandia tiene sus peculiaridades. La legislación obliga a llevar las luces cortas encendidas en todo momento, incluso en pleno día y en verano, así que asegúrate de revisar este detalle nada más arrancar el coche.
El clima es otro factor clave, ya que puede cambiar varias veces a lo largo del mismo día. Antes de salir y durante la ruta conviene consultar las condiciones actualizadas en road.is (estado de las carreteras) y vedur.is (pronóstico meteorológico). Nunca intentes circular por carreteras marcadas como cerradas, y en caso de viento fuerte, lluvia intensa o nieve, reduce la velocidad y extrema la precaución.
Fuera de Reikiavik las gasolineras son menos frecuentes, por lo que es sensato repostar siempre que tengas ocasión, llevar algo de comida y agua en el coche y planificar las paradas en áreas habilitadas. Circular con el depósito en reserva por zonas remotas puede convertirse en un problema serio si el tiempo se complica o surgen desvíos.
Conducir fuera de carretera está terminantemente prohibido en Islandia. Salirse de las vías señalizadas daña un ecosistema muy frágil y conlleva multas muy elevadas; respeta siempre las pistas y aparcamientos oficiales, tanto en Haukadalur como en el resto del país.
En cuanto al tipo de vehículo, para el Círculo Dorado en verano basta con un turismo normal de dos ruedas motrices. Sin embargo, en invierno o en temporada de nieve y hielo es muy recomendable, si no imprescindible, optar por un 4×4, sobre todo si piensas aventurarte más allá del circuito principal o tomar carreteras secundarias.
Cuándo visitar Haukadalur y el Círculo Dorado
El Círculo Dorado y el valle de Haukadalur son visitables durante todo el año, pero la experiencia cambia mucho de una estación a otra. En verano (junio-agosto) las carreteras están más despejadas, las temperaturas son más suaves y la luz del día se alarga casi hasta el infinito, lo que permite encadenar visitas y desvíos sin ir mirando constantemente el reloj.
El inconveniente del verano es que coincide con la temporada alta de turismo. Los aparcamientos se llenan, los miradores se abarrotan y, por ejemplo, conseguir un momento de calma junto a Strokkur puede volverse complicado en las horas centrales del día. Salir muy temprano desde Reikiavik (sobre las 7-8 de la mañana) ayuda a adelantarse a la marea de autobuses.
El invierno (de noviembre a marzo, aproximadamente) ofrece una cara muy diferente del Círculo Dorado. La nieve cubre gran parte del paisaje, las cascadas adoptan un aspecto parcialmente helado y el contraste con el vapor caliente de los géiseres es espectacular. Además, hay menos visitantes, lo que se traduce en una experiencia más tranquila.
La contrapartida invernal es la reducción drástica de horas de luz y las condiciones de conducción más exigentes. Carreteras resbaladizas, vientos fuertes y tormentas de nieve son posibilidades reales, de modo que la planificación y la prudencia son aún más importantes. En estas fechas cobra aún más sentido considerar una excursión organizada o, si se conduce, un vehículo 4×4.
Las estaciones intermedias, especialmente el otoño (septiembre y octubre), suelen ofrecer un buen equilibrio. Los colores dorados del paisaje, una afluencia de turistas ya menor y unas carreteras por lo general más amables crean un contexto ideal para explorar el Círculo Dorado sin agobios y con tiempo suficiente para cada parada.
Sea cual sea la época en la que viajes, organizar bien el día y priorizar lo que más te interesa es la clave. Haukadalur, con sus géiseres humeantes, encaja a la perfección tanto en un rápido recorrido de un día como en una escapada de varios días en la que combines la ruta clásica con otras zonas de Islandia o incluso con la vuelta completa a la isla por la carretera de circunvalación.
El valle geotérmico de Haukadalur, con el mítico Geysir, el incansable Strokkur y su paisaje de pozas humeantes, fumarolas y colores minerales, concentra en muy poco espacio buena parte de la esencia de Islandia: geología en vivo, energía aprovechada de forma inteligente, historia y una accesibilidad que lo convierte en parada imprescindible para casi dos millones de viajeros al año. Combinarlo con Thingvellir, Gullfoss y algunos desvíos bien elegidos dentro del Círculo Dorado es, para muchos, la forma más sencilla y potente de tener una primera gran toma de contacto con la isla.