- Kerið es un joven cráter volcánico con un lago azul y paredes rojizas, fácil de visitar e ideal para fotos.
- Se sitúa junto a la carretera 35, muy cerca de Selfoss y perfectamente combinable con el Círculo Dorado.
- La visita incluye paseo por el borde, descenso al lago y observación geológica, con entrada de pago pero económica.
- Cada estación ofrece una experiencia distinta, desde colores intensos en verano hasta nieve y auroras en invierno.

Imagínate asomarte al borde de un antiguo volcán y ver un lago azul turquesa al fondo, rodeado de paredes rojizas cubiertas de musgo verde. Eso es el cráter Kerið, uno de esos rincones de Islandia que, aunque ocupa poco en el mapa, se te queda grabado en la memoria para siempre. Es una parada rápida, fácil de visitar y muy fotogénica, perfecta para combinar con el famoso Círculo Dorado.
Esta guía de viaje del cráter Kerið está pensada para que lo tengas todo claro antes de ir: qué es exactamente este cráter, cómo se formó, cómo llegar desde Reikiavik, cuánto se tarda en recorrerlo, qué puedes hacer allí, cuándo conviene visitarlo y qué otros lugares interesantes tienes alrededor. Además, te cuento detalles curiosos, leyendas locales y consejos prácticos que no siempre aparecen en los folletos turísticos.
Qué es el cráter Kerið y por qué llama tanto la atención
Kerið (o Kerid, como también verás escrito su nombre) es un lago cratérico situado en la zona de Grímsnes, en el sur de Islandia. El conjunto está formado por un cráter volcánico de forma ovalada, con paredes muy empinadas de roca rojiza y un lago de color azul verdoso en el fondo, lo que le ha valido apodos tan gráficos como el “Ojo del Mundo” cuando se observa desde arriba.
La gran diferencia de Kerið frente a otros paisajes volcánicos islandeses es el color: en lugar del típico terreno de lava negra, aquí predominan los tonos rojos y anaranjados, producto de una roca volcánica rica en hierro que no se ha oxidado por completo. Sumado al verde del musgo y al azul intenso del agua, el contraste es brutal y convierte el lugar en un pequeño paraíso para los amantes de la fotografía.
En cuanto a dimensiones, Kerið mide aproximadamente 270 metros de largo, 170 de ancho y unos 55 de profundidad desde el borde hasta el lago. La lámina de agua puede variar entre 7 y 14 metros de profundidad, dependiendo del nivel de las aguas subterráneas y de las precipitaciones de la zona, pero el lago nunca llega a secarse del todo.
Kerið forma parte de una hilera de cráteres conocida como fisura de Tjarnarhólar, ubicada dentro de la llamada Zona Volcánica Occidental, que se extiende desde la península de Reykjanes hasta la zona del glaciar Langjökull. Aunque hay más cráteres en ese sistema, Kerið es el que se mantiene mejor conservado y el que ofrece la estampa más espectacular.

Formación, geología, historia reciente y leyendas de Kerið
Kerið se originó cuando un volcán de tipo cónico se vació de magma y su propia estructura colapsó hacia el interior, creando un gran hueco que, con el paso del tiempo, acabó llenándose de agua subterránea. Se calcula que este proceso ocurrió hace unos 3.000 a 6.500 años, de modo que, en términos geológicos islandeses, se trata de un paisaje relativamente joven cuya forma ovalada se conserva casi intacta.
El mecanismo más aceptado para explicar su formación no es una explosión violenta, sino una erupción de lava más bien “silenciosa”, en la que el material fundido fue saliendo de la cámara magmática y fluyendo al exterior hasta que el volcán se quedó vacío. Al desaparecer ese soporte interno, el cono volcánico terminó cediendo y hundiéndose, dando lugar al cráter que hoy vemos y a la cavidad conectada con las aguas subterráneas.
El lago que ocupa el fondo del cráter no está alimentado por ríos ni arroyos visibles; su nivel depende casi por completo de la red de aguas subterráneas. Cuando las capas freáticas bajan, la superficie del lago desciende, y al subir esas aguas ocultas, el nivel del lago aumenta. Una tradición local añade un punto de misterio afirmando que existe una conexión subterránea entre Kerið y el cercano lago Burfell: cuando uno baja, el otro subiría de nivel.
Las paredes del cráter muestran capas de ceniza y lava solidificada que cuentan la historia de distintas fases eruptivas. Para quien disfrute con la geología, es como asistir a una clase al aire libre, ya que se distinguen estratos de diferentes colores y texturas que permiten entender cómo se fue construyendo el cono volcánico antes del colapso.
Alrededor de Kerið también han surgido leyendas y usos modernos muy curiosos. Una de las historias más conocidas habla del Nykur, un espíritu de agua con forma de caballo gris y pezuñas invertidas que habitaría el lago. Según el relato, atrae a los incautos para que se monten sobre su lomo y, una vez los tiene encima, se lanza al fondo del lago para ahogarlos. Más recientemente, el cráter ha servido de escenario natural para conciertos: en los años 80 y de nuevo en 2004 y 2005, se instalaron plataformas flotantes en el lago donde músicos actuaron mientras el público los observaba desde las laderas, aprovechando la acústica tan particular del lugar.
Dónde está el cráter Kerið y cómo llegar
Kerið se encuentra en el sur de Islandia, a unos 70 km al este de Reikiavik, muy cerca del pueblo de Selfoss. Está prácticamente pegado a la carretera 35 (Biskupstungnabraut), una de las vías habituales para recorrer el Círculo Dorado, así que es muy fácil incorporarlo a una ruta que incluya Þingvellir, Geysir y Gullfoss.
Si sales en coche desde Reikiavik, la ruta más sencilla es tomar la Ring Road o carretera 1 hacia Selfoss y, cuando pases la zona, desviarte por la carretera 35 en dirección norte. Tras unos 15 minutos por esta vía, verás a la derecha la entrada al aparcamiento del cráter, bien señalizada. El trayecto total ronda los 50 minutos – 1 hora, dependiendo del tráfico y las condiciones meteorológicas.
Las distancias desde los principales puntos del Círculo Dorado son bastante asumibles: en coche, Kerið está a unos 30 km de Þingvellir (unos 25-30 minutos), a unos 47 km de Geysir (35-40 minutos) y a unos 56 km de Gullfoss (45-50 minutos). Muchos tours organizados que salen de Reikiavik incluyen Kerið como una parada extra, normalmente después de visitar Þingvellir o antes de ir hacia Geysir.
La opción más práctica para ir por libre es alquilar un coche, porque no hay transporte público directo al cráter. Con coche propio o de alquiler tendrás libertad total de horarios y podrás encajar Kerið en tu itinerario como más te convenga. Otra posibilidad, algo más extrema para el bolsillo, es ir en taxi desde Reikiavik, pero el precio aproximado de ida y vuelta ronda las 36.000 coronas islandesas, así que suele salir bastante caro para una visita tan corta.
En la entrada hay un aparcamiento asfaltado prácticamente al borde de la corona del volcán, con muy poca distancia a pie hasta los senderos de acceso, lo que hace que la visita sea viable incluso para quienes no quieren o no pueden caminar demasiado. El aparcamiento está claramente indicado y resulta muy sencillo orientarse en cuanto llegas.
Visita al cráter Kerið: qué ver y qué hacer
Aunque la visita a Kerið es relativamente rápida, el lugar ofrece varias formas de disfrutarlo: puedes rodear el cráter desde arriba, bajar hasta el lago, detenerte a hacer fotos desde distintos ángulos, fijarte en los detalles geológicos o incluso, en invierno, tratar de cazar una aurora boreal sobre el “ojo” helado.
Recorrer el borde del cráter
La actividad principal consiste en seguir el sendero que discurre por la parte superior del cráter, dando una vuelta casi completa al perímetro. Esta caminata sencilla suele llevar entre 20 y 45 minutos, dependiendo de la cantidad de paradas para fotos y del ritmo al que vayas. Desde arriba, las vistas del lago y de las laderas rojizas son espectaculares.
El sendero es en general bastante llano, con algunas subidas y bajadas suaves, apto para la mayoría de los visitantes que tengan una forma física normal. No obstante, en algunos puntos el borde se estrecha y puede estar resbaladizo si ha llovido o hay hielo, así que conviene ir con un calzado decente y prestar atención por dónde pisas.
Bajar hasta la orilla del lago
En el lado este del cráter hay unas escaleras y un camino acondicionado que permiten descender hasta el fondo con comodidad. El tramo se recorre en unos 5-10 minutos y resulta muy agradable caminar entre el musgo y la roca volcánica mientras el agua azul se va acercando.
Una vez en la orilla, la sensación cambia completamente: al mirar hacia arriba, las paredes te envuelven y te haces una mejor idea del tamaño real del cráter. El contraste entre el agua tranquila, la roca roja y el verde del musgo hace que cueste guardar la cámara. Hay un pequeño sendero alrededor del lago que, cuando las condiciones lo permiten, te permite bordearlo casi por completo.
Fotografía: el “Ojo del Mundo” en tu cámara
Kerið es uno de los lugares más fotogénicos del suroeste de Islandia gracias a sus colores extremos. La luz cambia mucho a lo largo del día, pero muchas personas consideran que las mejores horas para fotografiarlo son por la mañana temprano y a última hora de la tarde, cuando el sol está más bajo y resalta los tonos rojizos de las laderas.
Para capturar la forma completa del cráter, las vistas más agradecidas suelen encontrarse en el borde occidental, desde donde puedes abarcar todo el “ojo” con el lago en el centro. Si te interesan más las fotos de detalle y los reflejos del agua, la orilla del lago es tu sitio, especialmente cuando no hace viento y la superficie está como un espejo.
Kerið en invierno y las auroras boreales
Durante el invierno, normalmente entre noviembre y abril, Kerið cambia radicalmente de aspecto. El lago suele congelarse y las laderas se cubren de nieve, creando un paisaje casi monocromático en el que la forma del cráter destaca todavía más. Las visitas en esa época son más tranquilas, con menos turistas, pero también más exigentes por las condiciones del terreno y las pocas horas de luz.
En los meses de septiembre a abril, el cráter puede ser un buen lugar para intentar ver auroras boreales. Al estar en una zona relativamente abierta, el cielo se ve bien y, si tienes suerte con la actividad solar y el clima, puedes observar las luces danzando sobre el cráter nevado o sobre el lago helado. Aunque oficialmente el acceso se ajusta a las horas de luz, en ocasiones es posible acercarse en coche hasta las inmediaciones y caminar con cuidado hasta el borde para contemplar el cielo nocturno.
Observar la geología en directo
Para quienes disfrutan con la geología, Kerið es como un laboratorio natural al aire libre. Las diferentes capas de roca y ceniza que se ven en las paredes explican, a modo de “tarta de estratos”, los distintos episodios volcánicos que han tenido lugar en la zona. Algunos paneles informativos colocados junto al cráter ilustran bien el proceso de formación: erupción de lava, colapso de la cámara, hundimiento del cono y llenado posterior con agua subterránea.
Información práctica: entradas, clima, mejor época y seguridad
Kerið es una de las pocas atracciones naturales de Islandia donde se cobra una entrada de acceso. El precio habitual ronda las 500-600 coronas islandesas por adulto (aproximadamente 4-5 euros), que se abonan en la zona de entrada. El aparcamiento está incluido y se sitúa justo al lado de la corona del volcán, por lo que el tramo a pie hasta el cráter es muy corto.
Clima típico en la zona de Kerið
El tiempo en Islandia es famoso por cambiar en cuestión de minutos, y el área de Kerið no es la excepción. El cráter está en un entorno abierto y algo expuesto al viento, así que una chaqueta cortavientos suele ser indispensable durante todo el año, incluso en pleno verano.
En verano las temperaturas suelen rondar los 10-15 °C, mientras que en invierno pueden bajar de cero con facilidad. La lluvia puede aparecer en cualquier estación, por lo que una capa impermeable o un buen abrigo con membrana siempre viene bien. En invierno, además, la nieve y el hielo complican los senderos.
Cuándo conviene ir a Kerið
Cada estación ofrece una cara distinta del cráter, así que la mejor época depende de lo que busques. En verano (junio a agosto), los colores de la roca, el musgo y el agua están en su máximo esplendor. Las temperaturas son relativamente suaves, las carreteras están en buen estado y las horas de luz son casi interminables, con el sol de medianoche asomando en junio. A cambio, es la época con más visitantes, sobre todo a partir de media mañana.
El otoño (septiembre-octubre) reduce un poco las aglomeraciones y añade colores otoñales a la vegetación. Todavía hace un tiempo razonablemente aceptable, y a principios de temporada ya hay opciones de ver auroras sin sufrir tanto frío como en pleno invierno. Es una buena combinación de paisajes bonitos, menos gente y algo de espectáculo nocturno.
El invierno (noviembre-abril) transforma Kerið en un paisaje de nieve y hielo. Es un momento genial si quieres evitar multitudes, a costa de tener muy pocas horas de luz (en torno a 4-5 horas en diciembre) y condiciones de conducción más delicadas. La recompensa, si te toca un cielo despejado, es la posibilidad de ver las auroras boreales sobre el cráter congelado.
La primavera (especialmente mayo) es algo así como un punto intermedio entre invierno y verano: la nieve se va retirando, los caminos mejoran, las temperaturas empiezan a subir y las horas de luz se alargan rápidamente. Es un momento ideal para quienes prefieren climas suaves y menos tráfico de turistas.
Si quieres evitar en la medida de lo posible los grupos organizados, lo más recomendable es llegar temprano (antes de las 10:00) o a última hora de la tarde, especialmente en los meses de verano. De esta forma, disfrutarás de un ambiente más tranquilo y de mejores oportunidades fotográficas.
Qué llevar a tu visita al cráter
Ir preparado marca la diferencia entre una visita cómoda y un rato pasado por agua y frío. Lo básico es un calzado resistente, preferiblemente botas de senderismo con buena suela, porque los caminos pueden estar irregulares, mojados y, en invierno, helados.
Lleva ropa que proteja del viento y algo impermeable, incluso si el día amanece despejado. Una capa extra en la mochila nunca está de más. Si tienes cámara de fotos, Kerið es uno de esos sitios en los que merece la pena sacarla y dedicar tiempo a encuadrar. No hay puestos de comida en el propio cráter, así que conviene llevar agua y algo de picar para aguantar el día.
Ten a mano efectivo o tarjeta para pagar la entrada, ya que la tasa de acceso se abona en el punto de control. En invierno, además de capas de abrigo adicionales, muchos viajeros utilizan crampones ligeros o pinchos para el hielo y una linterna frontal si van a apurar la luz del día, ya que la oscuridad llega pronto.
Consejos de seguridad
Aunque Kerið es un lugar relativamente sencillo de visitar, es importante respetar algunas normas básicas. Lo primero es mantenerse en los senderos señalizados, tanto para evitar accidentes como para proteger la frágil vegetación de musgo, que tarda años en recuperarse si se pisa.
Hay tramos del borde que son más empinados y, en algunos puntos, algo inestables, por lo que conviene no acercarse demasiado al filo del cráter, especialmente en días ventosos o cuando el suelo está mojado. En invierno, la presencia de hielo hace que sea fácil resbalar si no llevas el calzado adecuado.
Está prohibido bañarse en el lago del cráter, aunque en verano pueda parecer tentador. Además de cuestiones de seguridad, se trata de preservar la calidad del agua y la integridad del ecosistema. Tampoco se permite el uso de drones en la zona, por lo que, si pensabas llevarlo, mejor dejarlo en el coche.
No hay barandillas en buena parte del recorrido, así que, si viajas con niños, es esencial tenerlos siempre controlados. Ten en cuenta que en el propio cráter no hay baños ni servicios, por lo que tendrás que utilizar los aseos de pueblos cercanos como Selfoss o de otras paradas de tu ruta.
Los horarios de apertura se adaptan en parte a las horas de luz. En los meses largos de verano, esto implica que prácticamente se puede visitar casi a cualquier hora del día, mientras que en invierno el acceso efectivo se limita a las pocas horas de claridad disponibles.
Kerið dentro del Círculo Dorado y otros lugares cercanos
Aunque el itinerario más clásico del Círculo Dorado suele centrarse en Þingvellir, Geysir y Gullfoss, cada vez más viajeros incluyen Kerið como parada extra por tres razones muy sencillas: está al lado de la ruta, la visita no lleva demasiado tiempo y el lugar es realmente llamativo. En unos 30-60 minutos puedes recorrer el cráter y llevarte una de las estampas más sorprendentes del sur de Islandia.
Muy cerca de Kerið se encuentran algunas de las atracciones más icónicas del país. Þingvellir, a unos 30 km, es un parque nacional Patrimonio de la Humanidad por su enorme valor histórico y geológico: allí se estableció el primer parlamento islandés en el año 930, y es uno de los pocos sitios del mundo donde puedes caminar literalmente entre las placas tectónicas de América del Norte y Eurasia. Además, cuenta con la fisura de Silfra, famosa entre los buceadores.
La zona geotermal de Geysir se localiza a unos 47 km de Kerið y alberga el popular géiser Strokkur, que entra en erupción cada 5-10 minutos, lanzando columnas de agua caliente de hasta 30 metros. Junto a él, hay pozas de barro burbujeante, fumarolas y fuentes termales que muestran muy bien la fuerza geotérmica de Islandia.
La cascada de Gullfoss, a unos 56 km, es otro imprescindible del Círculo Dorado. Conocida como la “Cascada Dorada”, se desploma en dos escalones dentro de un cañón estrecho, generando una nube de pulverización y, en días soleados, frecuentes arcoíris. Varias plataformas y senderos bien habilitados permiten admirarla desde distintos puntos de vista.
Si buscas algo más relajado, a unos 30 minutos de Kerið se encuentra la Laguna Secreta (Gamla Laugin), la piscina geotermal más antigua de Islandia, situada en el pueblo de Flúðir. Es una alternativa con menos gente que la famosísima Laguna Azul, ideal para darte un baño a unos 38-40 °C después de un día de carretera y paseos por el Círculo Dorado.
En los alrededores también destaca la ecoaldea de Sólheimar, a unos 15 minutos en coche. Es una comunidad sostenible pionera en Islandia, con huertos ecológicos, talleres de artesanía y un café donde probar productos locales. Si te interesa el turismo responsable y la vida comunitaria, es una visita muy curiosa.
Para los viajeros que prefieren salirse un poco de las rutas más masificadas, las formaciones volcánicas de Seyðishólar y Kerhólakambur, pertenecientes al mismo sistema que Kerið, ofrecen una experiencia más tranquila. Reciben muchos menos visitantes, por lo que se pueden explorar con calma, disfrutando de paisajes volcánicos sin multitudes.
Kerið resume en un espacio muy compacto buena parte de lo que hace especial a Islandia: volcanes, leyendas, colores imposibles, accesos fáciles, rutas bien señalizadas y la posibilidad de combinarlo con algunas de las mejores excursiones del país. Tanto si te interesa la geología, la fotografía, las historias locales o simplemente quieres añadir una parada corta y barata al Círculo Dorado, este cráter merece un hueco en tu itinerario y, con la información de esta guía, lo tendrás todo listo para disfrutarlo al máximo.