Guía completa para visitar la cascada Glymur en Islandia

Última actualización: 16 junio 2026
Autor: Isaac
  • Ubicación privilegiada en el fiordo de Hvalfjörður, siendo una de las cataratas más altas del país.
  • Ruta de senderismo de dificultad moderada que incluye el cruce de un río y el paso por cuevas.
  • Entorno natural espectacular con miradores panorámicos y una leyenda mítica asociada a su nombre.

Paisaje de cascada en Islandia

Si estás planeando una escapada a la Tierra del Hielo y el Fuego, hay un rincón que no puede faltar en tu radar: la cascada Glymur. A diferencia de los saltos de agua más comerciales que ves en todas las redes sociales, Glymur es una verdadera joya oculta que requiere un pequeño esfuerzo físico, pero que recompensa al visitante con una panorámica que te deja sin aliento.

Situada en el corazón del fiordo de Hvalfjörður, esta catarata destaca no solo por su belleza salvaje, sino también por su imponente altura de 198 metros. Durante mucho tiempo ostentó el título de la más alta de Islandia, hasta que en 2007 apareció una caída aún mayor en el glaciar Morsárjökull, aunque Glymur sigue siendo la más alta a la que se puede acceder caminando sin complicaciones extremas.

Cómo llegar al punto de partida

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Camino hacia Glymur

Para alcanzar el inicio de la senda, lo más práctico es alquilar un coche desde Reikiavik. Deberás dirigirte hacia el norte por la Ruta 1 y, antes de entrar en el túnel de Hvalfjörður, girar a la derecha por la carretera 47. Este trayecto es un espectáculo en sí mismo, ya que bordeas el fiordo con unas vistas naturales que son una auténtica pasada.

Al avanzar por el interior del fiordo, verás las señales que indican el desvío hacia Glymur. El camino final es de grava, pero es totalmente accesible para cualquier tipo de vehículo. Eso sí, ten en cuenta que el aparcamiento de Botnsá es muy básico: no encontrarás baños ni tiendas, así que conviene ir bien preparado con todo lo necesario desde el hotel.

Detalles de la ruta de senderismo

La excursión tiene una distancia total de unos 7 kilómetros si haces el camino de ida y vuelta, con una duración estimada de entre 3 y 5 horas. El nivel de dificultad es moderado, ideal para personas con una condición física razonable que no tengan problemas con las alturas, ya que el terreno puede ser abrupto y presentar desniveles considerables.

El camino comienza cruzando una verja metálica donde encontrarás avisos sobre el estado de la ruta. Es fundamental llevar calzado de senderismo con suela antideslizante y ropa impermeable, pues el clima en Islandia cambia en un abrir y cerrar de ojos y los senderos pueden volverse resbaladizos rápidamente.

Uno de los primeros hitos es la cueva de Þvottahellir. Este pequeño túnel natural, que antaño se usaba para secar ropa y pescado, es el primer paso para descender al valle. Tras atravesarla, llegarás al río Botnsá, donde te espera el mayor reto inicial: cruzar el río sobre un tronco de madera apoyado en un cable de acero. Este puente improvisado solo está disponible de primavera a otoño; si vas en invierno y no está colocado, lo más sensato es no arriesgarse y dar la vuelta.

Ascenso y miradores panorámicos

Mirador de la cascada Glymur

Una vez superado el tronco, el camino se vuelve más exigente. Tendrás que subir por la garganta del río, apoyándote en algunas cuerdas de seguridad instaladas en los tramos más expuestos. A medida que ganas altura, el paisaje del valle de Botnsdalur, con su característica forma de U, se despliega ante ti en un contraste precioso entre tonos ocres y el azul del fiordo.

En el recorrido encontrarás varios puntos de observación. El primero ofrece una visión general del cañón, pero la verdadera recompensa llega en el mirador de Stedjasnös. Aunque aquí ya se ve la cascada, todavía hay partes ocultas. No es hasta que alcanzas el mirador de Hellupalur donde Glymur se muestra en todo su esplendor, permitiéndote contemplar las dos corrientes de agua precipitándose al vacío.

Para los más aventureros, existe la opción de no volver por el mismo camino y continuar hasta la cumbre. Para ello, es necesario atravesar el río en el punto donde nace la cascada. El agua suele llegar a las rodillas y está helada, por lo que unos zapatos de agua son muy recomendables. Desde arriba, las vistas del nacimiento del río y el cañón son simplemente brutales.

La leyenda del «estruendo con eco»

No sería un viaje a Islandia sin una buena historia mística. Glymur significa literalmente estruendo con eco, y su nombre proviene de una leyenda sobre un hombre traicionado por una elfa que lo convirtió en ballena. Según el relato, el hombre-ballena, llamado Raudhöfdi, causó estragos en el fiordo hasta que su padre, un sacerdote, logró atraerlo río arriba.

El desenlace ocurrió cuando la ballena chocó violentamente contra el fondo del valle, provocando un terremoto y un ruido ensordecedor que dio forma al paisaje actual. Esta mezcla de geología y folclore hace que la visita sea mucho más evocadora y especial.

Explorando los alrededores de Hvalfjörður

Si tienes tiempo extra, la zona ofrece otros puntos de interés muy curiosos. Puedes pasarte por Akranes para visitar el Museo de la Guerra y la Paz o ir a Borgarnes para descubrir el Centro de Asentamiento, donde se narra la historia de las sagas islandesas. También es recomendable visitar la Granja de Cabras de Haafell para conocer la raza autóctona de la isla.

En cuanto a la naturaleza, no te pierdas las cataratas Hraunfossar y Barnafoss, ni la fuente de aguas termales Deildartunghver, que es la más alta de Europa. Si te gusta el alojamiento con encanto, en Borgarnes encontrarás opciones como el Hotel Hamar o el Hraunsnef Country Hotel, ideales para descansar después de la caminata antes de seguir rumbo a la Península de Snaefellsnes.

Visitar Glymur es una experiencia completa que combina el esfuerzo físico con una gratificación visual inigualable. Desde el cruce del tronco y el paso por la cueva hasta el agua potable y cristalina que puedes beber directamente del río, todo en esta ruta está diseñado para conectarte con la naturaleza más pura de Islandia, convirtiéndola en una parada obligatoria para cualquier viajero que busque autenticidad y paisajes dramáticos.