Guía completa para visitar Himeji: castillo, templos y más

Última actualización: 23 febrero 2026
Autor: Isaac
  • Himeji destaca por su castillo original Patrimonio de la Humanidad, sus jardines Koko-en y el espiritual monte Shosha con el templo Engyoji.
  • La ciudad es fácilmente accesible en shinkansen desde Kioto, Osaka, Hiroshima o Tokio y se recorre casi toda a pie desde su estación.
  • Además del castillo, ofrecen mucho valor sus santuarios históricos, shotengai tradicionales y especialidades gastronómicas como el Himeji oden y el anago-don.
  • Puede visitarse en medio día, un día completo o como escala con noche incluida dentro de una ruta más amplia por Kansai y el mar Interior de Seto.

Guía de Himeji

La ciudad de Himeji, en la prefectura de Hyōgo, es uno de esos lugares que parecen pensados para una escapada perfecta: historia, naturaleza, buena comida y una conexión en tren excelente con Kioto, Osaka, Kobe o Hiroshima. Aunque muchos viajeros la visitan solo de paso, como parada entre grandes ciudades, lo cierto es que Himeji da para mucho más de lo que parece a primera vista.

Su protagonista absoluta es el Castillo de Himeji, la famosa “garza blanca”, pero alrededor encontrarás templos de montaña, jardines clásicos, barrios comerciales cubiertos, festivales potentes y un montón de rincones curiosos. Con una buena planificación, puedes verla en medio día, en un día completo o incluso dedicarle una noche para disfrutarla con calma cuando los grupos de excursiones ya se han ido.

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Acerca de Himeji y por qué merece una visita

Himeji (姫路市) es una ciudad tranquila de la región de Kansai, muy cerca de grandes núcleos como Osaka o Kioto, pero con un ritmo mucho más relajado. Es ideal si quieres ver ese Japón histórico de castillos y templos sin renunciar a la comodidad de moverte en shinkansen.

A nivel turístico, la ciudad es conocida sobre todo por su espectacular castillo blanco, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y Tesoro Nacional de Japón. Sin embargo, más allá de la postal icónica, Himeji esconde lugares poco masificados como el sagrado monte Shosha, santuarios antiguos como Harima no Kuni Sosha y barrios comerciales techados con un encanto retro muy local.

Gracias a que la estación de Himeji es una parada importante de la línea Sanyo Shinkansen, llegar es sencillísimo desde buena parte del país. Esto la convierte en una excursión perfecta desde Kioto, Osaka o incluso Hiroshima y Miyajima, o en una parada cómoda dentro de una ruta más larga por Kansai y Chūgoku.

Si estás armando un itinerario que incluya Hiroshima, Miyajima, Kioto u Osaka, lo razonable es reservar al menos medio día para Himeji. Si puedes estirarlo a un día entero, mejor todavía, porque tendrás tiempo de combinar el castillo, los jardines y el monte Shosha sin ir con la lengua fuera.

Qué ver en Himeji: imprescindibles

La mayor parte de los puntos de interés de Himeji se concentran en un radio muy accesible desde la estación, de modo que puedes moverte a pie casi todo el tiempo. Si quieres ir al monte Shosha o a la isla de Ieshima, sí necesitarás autobús y barco, pero el resto está literalmente “a tiro de paseo”.

Castillo de Himeji: la garza blanca de Japón

El Castillo de Himeji (Himeji-jō, 姫路城) es, probablemente, el castillo más famoso y mejor conservado de Japón. Se terminó de configurar en su forma actual en 1609, se salvó milagrosamente de incendios, terremotos y bombardeos y fue uno de los primeros lugares del país en ser nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.

Se le llama “castillo de la garza blanca” (Hakuro-jō o Shirasagi-jō) por el blanco brillante de sus muros de yeso, que se dice evocan una garza a punto de alzar el vuelo. Ese yeso no es solo decorativo: actúa también como protección ignífuga para la estructura de madera, algo vital en un castillo de este tipo.

Arquitectónicamente es un ejemplo perfecto de castillo hirayama-jō, levantado sobre una colina rodeada de llanuras. Tiene unos 80 edificios, conectados por pasadizos, puertas, murallas y fosos diseñados para confundir a cualquier atacante. Al recorrerlo hoy, incluso con el camino claramente señalizado, todavía da la sensación de que podrías perderte en su laberinto defensivo.

El castillo conserva elementos fascinantes como sus 997 agujeros de disparo (sama) de distintas formas (rectangulares para arcos; redondos, triangulares y cuadrados para armas de fuego), ventanas de celosía que dejaban pasar la luz pero frenaban flechas y balas, y tejados decorados con emblemas de los distintos clanes que lo gobernaron, incluidos los famosos shachihoko en las cimas de las torres.

Breve repaso histórico del castillo

En la loma donde hoy se levanta la torre principal, hacia 1333 ya existía un fuerte primitivo del señor de la región de Harima. En 1581, Toyotomi Hideyoshi construyó aquí un castillo de tres pisos. Más tarde, entre 1601 y 1609, Ikeda Terumasa —yerno de Tokugawa Ieyasu— lo transformó en la gran fortaleza actual, con una torre principal de cinco niveles visibles (seis reales) y torres secundarias conectadas.

Durante el periodo Edo funcionó como importante centro de gobierno feudal, y ya en la era Meiji tuvo funciones de cuartel del ejército imperial. Estuvo incluso a punto de ser demolido en esa época, pero se libró por poco. En la Segunda Guerra Mundial, varias bombas cayeron sobre la torre principal sin llegar a explotar, otro golpe de suerte que explica que hoy podamos ver un castillo 100 % original y no reconstruido.

Ha pasado por grandes proyectos de restauración, especialmente en el periodo Shōwa (años 50-60) y en la llamada “restauración de Heisei” (2009-2015), cuando estuvo años cubierto de andamios y desapareció de muchas guías turísticas. Desde su reapertura luce un blanco reluciente y unas tejas impolutas que, fotográficamente, son una delicia.

Recorrido por el interior y zonas principales

La visita comienza cruzando el puente Sakuramon y la moderna puerta Otemon, que dan acceso al gran espacio del Sannomaru. Este amplio parque, lleno de cerezos, es ideal para disfrutar del hanami en primavera y hacer las primeras fotos con el castillo dominando el horizonte.

Desde allí te diriges hacia la puerta Hishi-no-mon, entrada al recinto de pago, de estilo Azuchi-Momoyama. A medida que avanzas, el camino sube, se estrecha y las puertas se hacen más pequeñas y más complicadas de atacar; es un diseño pensado para ralentizar y desorientar a cualquier ejército invasor.

En el recorrido aparecen puntos curiosos como el foso Sangoku-bori (hoy estanque Mikuni, excelente mirador fotográfico), el pozo Ikiku —uno de los 33 pozos internos del castillo, necesarios para asegurar agua potable en caso de asedio— o una sucesión de puertas (I-no-mon, Ro-no-mon, Ha-no-mon, Ni-no-mon) donde se aprecian muros inclinados tipo abanico y huecos defensivos entre las piedras.

Tras atravesar estas líneas defensivas llegas a la base de la torre principal (tenshu) y a las torres secundarias o kotenshu, situadas al oeste y noroeste. Desde aquí la vista hacia arriba es impresionante: la torre mide unos 30 metros de altura sobre la base, y se levanta en total unos 92 metros sobre el nivel del mar.

Interior de la torre principal

Para entrar en la torre principal tendrás que descalzarte y llevar los zapatos en una bolsa, así que conviene llevar calcetines en la mochila. El interior, tras la última restauración, está prácticamente vacío: se eliminaron las antiguas recreaciones y exposiciones para facilitar el flujo de visitantes y reducir las aglomeraciones.

Esto hace que la experiencia se centre mucho en la propia estructura de madera: los gruesos pilares, las vigas, los cubreclavos decorativos (rokuyō kugikakushi), las pequeñas ventanas utilizadas en su día para lanzar piedras o agua hirviendo, los estantes para almacenar armas y las escaleras cada vez más empinadas y estrechas, que convierten la subida casi en una pequeña escalada en algunos tramos.

En el último piso encontrarás un pequeño santuario dedicado a Osakabe-myōjin, deidad protectora del castillo, y vistas panorámicas de 360º sobre Himeji a través de sus ventanas. No hay balcón abierto, pero sí suficientes huecos para asomarte y hacer algunas fotos de la ciudad.

Desde este punto también puedes ver de cerca un par de shachihoko, esas figuras con cabeza de tigre y cuerpo de carpa que coronan las crestas de los techos. Tradicionalmente se creía que atraían la lluvia, y se usaban como amuleto contra los incendios en construcciones de madera.

Nishi-no-maru, exposiciones y leyendas

Al salir del itinerario principal, en la galería Ro-no-Watari-Yagura y en la zona de Nishi-no-maru se concentran hoy la mayoría de exposiciones sobre el castillo: maquetas que muestran cómo estaba rodeado por un foso exterior y murallas (sogamae), colecciones de tejas con distintos blasones de familia, antiguos shachihoko de distintas épocas y paneles sobre las restauraciones.

En Nishi-no-maru también se recrean espacios vinculados a la princesa Senhime, nieta de Tokugawa Ieyasu. Tras un matrimonio político fallido en el castillo de Osaka, se enamoró de Honda Tadatoki, heredero del señor de Himeji, y vivió aquí unos diez años de relativa felicidad hasta la temprana muerte de su hijo y de su marido. Más tarde regresó a Edo, se hizo monja y dedicó su vida al luto.

Cerca de la salida te toparás con el pozo Okiku, protagonista de una famosa historia de fantasmas. Según la leyenda, la sirvienta Okiku fue asesinada y arrojada al pozo tras ser falsamente acusada de perder uno de diez platos valiosos. Desde entonces, su espíritu seguiría contando platos desde las profundidades: “un plato, dos platos, tres platos…”.

En otra de las torres de salida, Ri-no-ichi Watari Yagura, se exhiben diferentes shachihoko históricos, desde ejemplares del periodo Meiji hasta modelos de la gran restauración de Heisei, donde se aprecia el tamaño real de estas figuras que desde abajo parecen mucho más pequeñas.

Horarios, precios y consejos prácticos del castillo

El castillo abre de 9:00 a 17:00 (hasta las 18:00 de abril a agosto), con última entrada una hora antes del cierre, y solo cierra el 29 y 30 de diciembre. La entrada estándar cuesta 1.000 yenes.

La opción más recomendable es comprar la entrada combinada castillo + jardines Koko-en por 1.040 yenes, apenas 40 yenes más. Si vas a visitar ambos, es un pequeño “chollo”. En temporada alta (sakura, Golden Week, vacaciones de verano) pueden formarse colas largas; el acceso a la torre principal está a veces regulado por tickets numerados.

Calcula un mínimo de 2 horas para ver bien el castillo. Si además te entretienes con las exposiciones de Nishi-no-maru y te paras a hacer muchas fotos, el conjunto de castillo y jardines Koko-en puede ocupar perfectamente de 3 a 4 horas.

En la entrada suele haber guías voluntarios gratuitos (a veces incluso en español, más habitualmente en inglés) que ofrecen recorridos muy completos de hasta 3-4 horas. Suelen ser jubilados o vecinos de la zona que disfrutan explicando la historia del castillo; no aceptan propinas, así que es un servicio realmente desinteresado.

Ruta fotográfica y alrededores del castillo

Una de las mejores cosas de Himeji es que, sin apenas desviarte, puedes seguir un paseo fotográfico alrededor del castillo y conseguir encuadres muy variados. Nada más salir de la estación, desde la plaza principal, tienes ya una vista espectacular del castillo al final de la avenida Otemae-dori.

Si en lugar de entrar directamente al recinto giras hacia la derecha, llegarás al parque Shiromidai, literalmente “parque con vistas al castillo”. Aquí hay una plataforma ligeramente elevada que ofrece una de las perspectivas más icónicas: el castillo enmarcado entre dos grandes réplicas de shachihoko. Es un punto clásico para fotos de postal.

Muy cerca se encuentran el Museo de Arte de Himeji, en un edificio de ladrillo rojo de estilo Meiji, y el Museo de Historia de la Prefectura de Hyogo. Desde el primero se obtiene una composición muy bonita del castillo detrás del edificio rojo; desde el segundo puedes fotografiar la silueta blanca reflejada en la gran cristalera de su cafetería, siguiendo unas piedras en el jardín que marcan el lugar exacto para el mejor encuadre.

Los alrededores están llenos de parques y zonas verdes donde residentes y visitantes se tumban en la hierba, hacen hanami en primavera o picnic el resto del año. Es una forma estupenda de ver el castillo desde distintas distancias y ángulos, sin prisas y sin pagar más entradas.

En el lado oeste, el paseo Senhime no Komichi (“el pequeño sendero de la princesa Sen”) bordea el foso interior y discurre en un ambiente muy tranquilo, con menos gente que la entrada principal. Este sendero, asociado a los paseos que supuestamente daba la princesa Senhime por la zona, es perfecto para pasear al atardecer.

Jardines Koko-en

Justo al lado del castillo se encuentran los jardines Koko-en, construidos en 1992 sobre el antiguo emplazamiento de la residencia oeste del señor feudal (Nishi-Oyashiki), como parte de las celebraciones del centenario de la ciudad de Himeji.

Su particularidad es que no son un solo jardín, sino una colección de nueve jardines de paseo independientes, cada uno con un estilo y temática distintos, separados entre sí por muros de adobe. Reproducen el trazado de antiguas residencias samurái excavadas en el lugar, ofreciendo un “mosaico” de paisajes típicos del periodo Edo.

Encontrarás estanques con carpas koi, cascadas, jardines secos de piedra, zonas de bambú, flores estacionales y caminos serpenteantes que te van llevando de un ambiente a otro. Hay también una casa de té tradicional donde puedes tomar un matcha mientras contemplas el jardín, una experiencia muy recomendable si te apetece un rato de calma.

El acceso cuesta 300 yenes si compras la entrada por separado, pero como ya hemos comentado, lo suyo es aprovechar la entrada combinada con el castillo, que solo aumenta el precio en 40 yenes. Los horarios suelen ser de 9:00 a 17:00, similar al castillo, aunque siempre conviene mirar si hay cambios estacionales.

Un recorrido tranquilo por los nueve jardines puede llevar entre 45 minutos y 1 hora, algo más si te entretienes haciendo fotos o tomas té. Si tu tiempo es muy justo, prioriza aun así echarles un vistazo, porque el contraste entre la monumentalidad del castillo y la delicadeza de Koko-en es una de las grandes gracias de Himeji.

Monte Shosha y templo Engyoji

Al noroeste del núcleo urbano se levanta el monte Shosha (書写山), una montaña boscosa y sagrada que alberga el complejo del templo Engyoji, uno de los conjuntos monásticos más impresionantes de Kansai. Es un lugar relativamente poco conocido para el turismo masivo, pero muy querido por quienes se salen un poco del circuito básico.

El templo Engyoji fue fundado en 966 por el monje Shoku Shonin y forma parte de la peregrinación Saigoku Kannon, un circuito de 33 templos dedicados a la diosa Kannon en Kansai y parte de Chūbu. Sus edificios de madera, desperdigados por la ladera, se integran de forma espectacular con el bosque, sobre todo en otoño, cuando el color de las hojas estalla.

El entorno es tan cinematográfico que aquí se rodaron escenas de la película “El último samurái”, además de múltiples dramas de época japoneses. Pasear entre sus pabellones, salas de oración y cementerios antiguos es una experiencia muy diferente a la del castillo, mucho más espiritual y silenciosa.

Para llegar desde la estación de Himeji, toma el autobús número 8 desde la dársena 10 de la salida norte. En unos 30 minutos (unos 270 yenes) llegarás a la parada Shoshazan Ropeway. Desde ahí subes en teleférico hasta la cima (billete ida o ida y vuelta, siendo lo normal comprar el de regreso).

Existe un billete combinado llamado Shoshazan Ropeway Pass que incluye autobús de ida y vuelta + teleférico de subida y bajada, que puedes adquirir en la oficina de la compañía Shinki Bus frente a la estación. Si vas a dedicarle medio día a la excursión, este pase suele ser la opción más cómoda y económica.

Otras visitas interesantes en Himeji

Si dispones de algo más de tiempo en la ciudad, hay varios lugares menos conocidos que complementan muy bien la visita al castillo, los jardines y el monte Shosha.

Muy cerca del recinto principal se encuentra el santuario Harima no Kuni Sosha, antiguo santuario provincial cuyo origen se remonta al periodo Nara, hace más de 1.300 años. Se construyó como santuario “general” para albergar colectivamente a las deidades de los 174 santuarios de la antigua provincia de Harima, facilitando que el gobernador realizara de una sola vez sus obligaciones rituales.

Al lado de la entrada al castillo verás también el santuario Gokoku de Himeji, consagrado a las almas de los más de 56.000 soldados y personal de la región caídos en servicio entre la Restauración Meiji y el final de la Segunda Guerra Mundial. Es un lugar solemne, con una arquitectura sintoísta muy cuidada.

Si te apetece algo diferente, puedes acercarte a la estupa Nagoyama, donde se dice que están consagrados restos de Buda, o al parque Tegarayama, un parque urbano con acuario, museos y esculturas, perfecto si viajas con niños o quieres una tarde más relajada.

Para los interesados en la artesanía tradicional, el Museo de la Artesanía Enzan ofrece una buena visión de distintos oficios japoneses, desde cerámica hasta trabajos en madera, dentro de un contexto local.

Excursiones adicionales: isla de Ieshima

Si ya conoces el castillo y el monte Shosha y te apetece ir un poco más allá, una opción curiosa es la isla de Ieshima (家島), en el mar Interior de Seto. Es una pequeña isla de ambiente pesquero, con callejuelas estrechas, casas tradicionales y un ritmo de vida que recuerda al Japón rural de hace décadas.

Además de pasear o alquilar una bici para darle la vuelta, uno de sus atractivos es la roca Dongamessan, con forma de tortuga. La leyenda local dice que si le das 100 golpecitos en la “cabeza”, tus deseos se cumplen. También puedes visitar el santuario de Ieshima o practicar deportes acuáticos y pesca.

Para ir, desde la estación de Himeji toma el autobús 37 o cualquier bus hacia el puerto de Himeji (unos 20 minutos desde la salida norte) y allí embarca en un ferry hasta la isla (unos 20 minutos de travesía). Es una excursión poco conocida por el turismo extranjero, con un sabor muy auténtico.

Calles comerciales y ambiente local

Una de las mejores formas de notar que Himeji no es solo su castillo es pasear por sus shotengai, las típicas calles comerciales cubiertas llenas de tiendas de barrio, comedores económicos y pequeños bares.

Muy cerca de la estación está la Pastel Omizo Shotengai, una galería animada donde conviven tiendas de ropa, farmacias, zapaterías, comercios de té, librerías y bares de barrio. Es ideal para un paseo si llueve o si quieres ver cómo compra y socializa la gente de Himeji en su día a día.

Aquí puedes probar el Himeji oden en izakayas locales. Por ejemplo, en el restaurante Nadagiku Kappatei lo sirven en una cazuela con forma de castillo de Himeji, con jengibre y salsa de soja, y las sillas son tambores taiko, detalle que le da un punto muy especial al local.

Otra galería destacada es Miyuki-dori Shotengai, considerada la más larga y tradicional de la ciudad. Parte prácticamente de la salida este de la estación y corre en paralelo a Otemae-dori, pero su ambiente es como entrar en otro mundo: un aire retro que recuerda al periodo Shōwa, con negocios familiares de toda la vida.

En Miyuki-dori encontrarás tiendas especializadas en kimonos, comercios de té verde, confiterías de wagashi y otros pequeños negocios que mantienen vivo el comercio tradicional. Una parada interesante es la confitería Tairiku Honten, donde venden un dulce que imita la forma del oden de Himeji.

Comer en Himeji: platos típicos y restaurantes

Comer bien en Himeji es francamente fácil. La ciudad combina especialidades locales con la oferta var iada típica de una urbe mediana japonesa: udon, ramen, sushi, curry, cadenas rápidas… Hay opciones para todos los bolsillos.

La estrella local es el Himeji oden, una versión propia del clásico guiso japonés de invierno. Suele servirse con un toque de jengibre y salsa de soja, y en muchos sitios te lo ofrecen como plato estrella en izakayas informales. El ya citado Nadagiku Kappatei o el Himeji Oden & Kushikatsu, en Himeji Noren Street cerca de la estación, son dos buenas opciones.

Otro imprescindible es el anago-don, un bol de arroz coronado con congrio de agua salada (anago) a la parrilla. Uno de los sitios más conocidos para probarlo es Sumiyaki Anago Yamayoshi, especializado en este pescado.

Si te apetece carne, en Himeji también se aprecia la wagyu local. Restaurantes como Yakiniku Azumi o Bifteck no Kawamura (este último con sede también en otros barrios como Ginza) son conocidos por sus cortes de gran calidad. Para algo más informal, tienes cadenas populares como Gyoza no Ohsho, donde comer gyoza y platos combinados a buen precio.

La estación de Himeji, especialmente el centro comercial Piole, es una mina de restaurantes prácticos: Don Don Tei (donburi), Go! Go! Curry (curry al estilo Kanazawa), panaderías como DONQ o incluso cadenas internacionales tipo McDonald’s y KFC. Si visitas la ciudad de paso entre trenes, es un muy buen lugar para resolver una comida sin complicarte.

Dormir en Himeji: ¿merece la pena hacer noche?

Aunque mucha gente visita Himeji en excursión de día desde Kioto u Osaka, o parada intermedia camino de Hiroshima, hacer noche puede ser muy buena idea si estás montando una ruta algo más amplia por Kansai y la zona de Chūgoku.

Alojarte aquí te permite pasear al anochecer cuando el castillo y las calles se vacían de grupos de excursiones, disfrutar de las shotengai sin prisas y encarar al día siguiente el viaje hacia destinos como Hiroshima, Miyajima, Kinosaki Onsen o incluso Shikoku con más calma.

Entre los hoteles más prácticos están el Hotel Monterey Himeji, pegado a la estación y muy bien valorado por comodidad y ubicación, el Hotel Nikko Himeji o el JR Clement Inn Himeji, también en la zona de la estación. Para encontrar más opciones a buen precio cerca de los trenes, basta con ajustar el mapa de cualquier buscador de alojamientos a la zona inmediata de Himeji Station.

Si vas a mover mucho equipaje y encadenas varios destinos, no olvides que en Japón es muy usado el servicio de mensajería de maletas (takkyubin), que puede ahorrarte muchos paseos con maletones por las estaciones.

Cómo llegar a Himeji y moverse por la ciudad

La forma más sencilla de llegar a Himeji es en tren. La ciudad está en la línea Sanyo Shinkansen, con paradas de tren bala que la conectan con Shin-Osaka, Okayama, Hakata (Fukuoka) y Kagoshima-Chūō, entre otras. También confluyen aquí líneas convencionales importantes como la línea Sanyo, Bantan y Kishin.

Desde Kioto, con JR Pass o pase regional apropiado, lo más cómodo es ir en shinkansen Hikari o Sakura hasta Himeji (unos 50-55 minutos). Si no tienes pase y buscas algo más barato, puedes utilizar un tren Special Rapid de la línea Tokaido-Sanyo convencional (alrededor de 1 hora y 30 minutos). Para ideas de ruta consulta la guía completa de Japón.

Desde Osaka, puedes tomar un Sanyo Shinkansen desde Shin-Osaka (30-45 minutos) o un tren rápido especial (Special Rapid Service) desde JR Osaka/Umeda, que tarda aproximadamente 1 hora. Desde Kobe-Sannomiya, la opción rápida es la línea JR Kobe o la privada Sanyo Railway hasta Himeji.

Desde Tokio, los trenes Hikari en la combinación Tokaido/Sanyo Shinkansen te llevan a Himeji en unas 3 horas y media con el JR Pass. Desde Hiroshima, el trayecto suele rondar algo menos de 2 horas en shinkansen, lo que permite perfectamente una parada de medio día camino a Osaka o Kioto.

Una vez en la estación de Himeji, sal por la salida norte: verás el castillo al fondo de la avenida. El paseo por Otemae-dori hasta la puerta Otemon son unos 15-20 minutos andando, muy agradables. Si llueve o hace calor fuerte, puedes ir casi todo el trayecto bajo techo por las galerías comerciales Miyuki-dori y Honmachi Shotengai.

Transporte local en Himeji

Para moverte dentro de la ciudad, la mejor opción para ver el castillo y Koko-en es ir andando. Todo está muy cerca entre sí. Si prefieres algo más cómodo o viajas con personas con movilidad reducida, tienes el Himeji-jo Loop Bus, un autobús circular que sale de la dársena 6 de la estación y para en el castillo, los museos cercanos y los jardines Koko-en (cuesta 100 yenes por trayecto, con opción de Day Pass).

Para el monte Shosha debes usar el autobús 8 desde la salida norte de la estación, como hemos explicado, y después el teleférico. Para llegar al puerto de Himeji camino de Ieshima, hay buses urbanos que salen también desde las inmediaciones de la estación.

En la propia estación encontrarás taquillas de consigna de diferentes tamaños, útiles si haces una parada de unas horas entre dos ciudades y no quieres ir cargando maletas. Si las grandes están llenas, suele haber más taquillas en pasajes cercanos a la salida del castillo.

Himeji dispone también de información turística y folletos en varios idiomas, incluyendo mapas con los principales puntos de interés, horarios de autobuses y algunos itinerarios recomendados por la ciudad y la región de Kansai.

Himeji combina como pocas ciudades japonesas un castillo feudal espectacular, jardines de postal, templos de montaña de película, barrios comerciales vivos y una gastronomía local muy sabrosa, todo ello concentrado en un tamaño manejable y con estupendas conexiones de tren. Tanto si la visitas en una mañana entre Hiroshima y Osaka como si le dedicas un día completo o incluso una noche, es uno de esos lugares que encajan de maravilla en casi cualquier ruta por Japón y que dejan la sensación de haber visto un Japón muy auténtico sin alejarte demasiado de los grandes clásicos.