- Recorrido de aproximadamente 25-29 kilómetros que conecta la cascada de Skógafoss con el valle de Þórsmörk.
- Trayecto exigente con un desnivel acumulado superior a 1.000 metros que atraviesa glaciares, campos de lava y cráteres volcánicos.
- Ruta abierta principalmente entre finales de junio y mediados de septiembre, sujeta a cambios climáticos bruscos y niebla.
Si te pica la curiosidad por descubrir los rincones más salvajes de Islandia, el paso de Fimmvörðuháls es sin duda una parada obligatoria. Esta travesía no es un simple paseo, sino una auténtica inmersión en la fuerza de la naturaleza, donde el hielo de los glaciares y el fuego de los volcanes se dan la mano en un escenario que parece sacado de otra galaxia. Es una de las rutas más emblemáticas del sur del país, ideal para quienes buscan un reto físico rodeados de una belleza que quita el aliento.
Caminar por aquí significa atravesar un terreno que, en algunos puntos, es geológicamente jovencísimo, ya que la ruta fue testigo de la famosa erupción del Eyjafjallajökull en 2010. Desde los exuberantes valles verdes hasta las mesetas de roca desnuda, el paisaje cambia a un ritmo frenético, obligándonos a estar atentos a cada paso. Si tienes un buen estado físico y te gusta el aire libre, prepárate porque te espera una jornada intensa pero gratificante.
¿Qué es exactamente el Fimmvörðuháls?

En esencia, Fimmvörðuháls es un paso de montaña que sirve de puente natural entre dos gigantes helados: el Eyjafjallajökull y el Mýrdalsjökull. Su nombre, que se traduce como el «Paso de los Cinco Mojones», hace referencia a los antiguos montones de piedras que servían de guía a los viajeros mucho antes de que existieran los mapas digitales o las estacas modernas. Para los que sufren con la pronunciación, algo así como «FIMM-vur-thu-háuls» debería servir para defenderse.
Lo que hace que este lugar sea tan especial es su ubicación sobre la dorsal mesoatlántica, justo donde las placas tectónicas se separan. Esta tensión geológica es la responsable de que la zona sea tan activa. Mientras caminas, estás pisando basaltos milenarios y, al mismo tiempo, lava negra y afilada de la erupción de 2010. Es un contraste brutal que convierte el trekking en una clase de geología al aire libre.
Análisis detallado del recorrido paso a paso
La mayoría de la gente elige empezar en Skógar y terminar en el valle de Þórsmörk. Esto se debe a que la subida es más gradual y el final en el «Bosque de Thor» es la recompensa perfecta tras el esfuerzo. La distancia total ronda los 25 a 29 kilómetros, dependiendo de los desvíos, y requiere un ascenso de unos 1.000 a 1.400 metros, lo que la convierte en una ruta exigente que suele llevar entre 8 y 12 horas.
El viaje arranca con la imponente cascada Skógafoss. Tras subir sus 370 peldaños, te adentras en el denominado «Camino de las Cascadas». Durante los primeros kilómetros, el río Skógá te acompaña en un desfile espectacular de entre 23 y 26 saltos de agua. Es una zona vibrante, llena de musgo verde y aire puro, donde es muy fácil perder la noción del tiempo haciendo fotos.

Alrededor del kilómetro 8, cruzas un puente sobre el río y el paisaje da un giro de 180 grados. Adiós al verde y hola al terreno volcánico y árido. A partir de aquí, la subida hacia el refugio Baldvinsskáli se vuelve más monótona pero effort. Una vez superas la cabaña, entras en la zona de los campos de nieve. Aunque sea verano, es normal encontrar neveros que obligan a pisar con cuidado, aunque generalmente no hacen falta crampones si te mantienes en las huellas marcadas.
El punto culminante es la visita a los cráteres Magni y Móði, los hijos de Thor. Estos conos volcánicos nacieron en 2010 y son fascinantes porque aún emanan calor desde el interior, lo que evita que la nieve se acumule en sus paredes. Desde la cima del cráter Móði se tiene una vista panorámica impresionante que hace que todo el sudor haya valido la pena.
Tramose difíciles y seguridad en la montaña
No todo es contemplación; hay tramos que ponen a prueba los nervios. Uno de los puntos más complicados es el descenso hacia el valle, donde el terreno de ceniza y arcilla puede ser muy resbaladizo y traicionero. Aquí es donde unos buenos bastones de trekking se vuelven tus mejores amigos para no acabar dando tumbos colina abajo.
Más adelante te encontrarás con el paso de Kattarhryggir, conocido como la «espina del gato». Es una cresta estrecha con precipicios a ambos lados. Aunque el suelo es firme, a quien sufra de vértigo le puede dar un vuelco el corazón. Para hacer el camino más seguro, en las zonas más expuestas se han instalado cadenas y cuerdas que ayudan a descender sin riesgos, siempre que no haya vientos huracanados.

La seguridad es un tema serio en Islandia. La niebla puede aparecer en segundos, borrando cualquier rastro de las estacas amarillas o los mojones de piedra. Es fundamental llevar un GPS, mapas offline y, sobre todo, registrar el plan de viaje en safetravel.is. Recuerda que darte la vuelta si el tiempo se pone feo no es rendirse, es ser inteligente; la montaña no se va a mover de sitio.
Equipamiento y logística para el excursionista
Para no pasar un mal rato, la clave es vestir como una cebolla: varias capas térmicas. Olvídate del algodón, que cuando se moja te congela; opta por lana merino o fibras sintéticas. Es imprescindible llevar una chaqueta y pantalones impermeables de calidad, ya que la lluvia horizontal es un clásico de la zona. Unas botas de montaña con buen agarre y soporte para el tobillo son el único calzado aceptable para este terreno.
En cuanto al transporte, si no vas con un 4×4 muy preparado, lo más sencillo es usar los autobuses de tierras altas (como Reykjavik Excursions o SouthCoast Adventures). Puedes dejar el coche en Hvolsvöllur o Skógar y tomar el bus desde el refugio Básar en Þórsmörk para regresar. Si tienes menos tiempo o prefieres ir más tranquilo, puedes pernoctar en el refugio Baldvinsskáli, aunque debes reservar con meses de antelación porque vuelan las plazas.
Calendario y clima: ¿Cuándo lanzarse a la aventura?
La ventana ideal para hacer esta ruta es desde mediados de junio hasta principios de septiembre. Julio y agosto son los meses más estables, con más horas de luz y menos nieve acumulada. Fuera de este periodo, la ruta se convierte en una expedición de alpinismo invernal solo para expertos. Eso sí, no te fíes de Google Weather; la única fuente fiable es el Instituto Meteorológico de Islandia (vedur.is).
Es importante saber que el clima en el paso es mucho más agresivo que en la costa. Puedes empezar el día con sol en Skógafoss y terminar luchando contra vientos de 12 m/s en la cima. La flexibilidad es la palabra clave: no te cases con un día concreto, sino con el día que la previsión sea más favorable.
Esta travesía es una experiencia transformadora que resume la esencia de Islandia, mezclando el esfuerzo físico de superar desniveles considerables con la recompensa visual de ver glaciares, volcanes activos y valles profundos. Desde la adrenalina de caminar sobre lava reciente hasta la paz de los bosques de abedules en Þórsmörk, el recorrido es un desafío completo que requiere respeto por la naturaleza y una preparación meticulosa para disfrutar de cada kilómetro sin contratiempos.