- Exploración detallada de la vertiente cántabra, asturiana y leonesa de los Picos de Europa.
- Recorrido por las joyas medievales de Cantabria, desde Potes hasta Mogrovejo y Riocorvo.
- Consejos prácticos sobre transporte, mejor época para viajar y bases recomendadas para alojarse.
Si te apetece hacer una escapada donde el tiempo parece haberse detenido, viajar por Cantabria es la opción ideal. En este rincón del norte, la naturaleza más salvaje y la historia se dan la mano en un equilibrio perfecto, escondiendo rincones que parecen sacados de un cuento de hadas. Entre valles verdes y cumbres escarpadas, se encuentran aldeas que han sabido mantener sus muros de piedra y su esencia antigua.
Desde los imponentes macizos de los Picos de Europa hasta los valles más recónditos, descubrir estos tesoros medievales y románicos es sumergirse en un pasado lleno de leyendas y nobleza. Pasear por sus calles estrechas es, básicamente, hacer un viaje en el tiempo donde cada balcón de madera y cada escudo heráldico nos cuenta una historia diferente sobre la vida en la montaña.
El corazón de Liébana y los Picos de Europa en Cantabria
Cuando hablamos de la zona cántabra de los Picos, Potes es la parada obligatoria. Esta villa, conocida como la de los puentes y las torres, es el núcleo donde convergen los cuatro valles de la comarca. Su casco antiguo es un laberinto de callejuelas empinadas donde destaca la Torre del Infantado, una construcción del siglo XIV que hoy sirve como centro cultural. No te puedes perder la Plaza del Capitán Palacios, el lugar donde se siente el pulso del pueblo y donde es habitual encontrar productos típicos como los sobaos o la mantequilla pasiega.
Si buscas algo más tranquilo, el barrio de la Solana es el rincón más auténtico de Potes, lleno de casonas solariegas y calles empedradas que te transportan a siglos pasados. Muy cerca se encuentra el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, famoso por custodiar el Lignum Crucis, el fragmento más grande de la cruz de Cristo. Y para los amantes de las alturas, el Teleférico de Fuente Dé ofrece un ascenso vertiginoso que te deja a 1.823 metros, con una vista panorámica del macizo central que te deja sin aliento.

Saliendo un poco de Potes, nos topamos con Mogrovejo, un Conjunto Histórico fascinante. Este pueblo se reconoce enseguida por su torre del siglo XIII, que se alzaba para defender la zona. Sus casas de piedra y la iglesia de San Juan Bautista crean una atmósfera de paz absoluta, siendo además un escenario cinematográfico donde se rodaron escenas de la película Heidi. Para los que buscan misticismo, la iglesia de Santa María de Lebeña es la joya del arte mozárabe en la región, fundada en el año 925 y destacando por sus arcos de herradura.
Otras paradas interesantes en esta vertiente son Cabañes, un pueblo muy silencioso encajado entre paredes calizas, y Espinama, el último núcleo habitado antes de llegar al muro de roca de Fuente Dé. Para los más aventureros, Tresviso es la opción más solitaria; solo se accede cómodamente desde Asturias y es el lugar perfecto para probar el queso picón Bejes-Tresviso, madurado en cuevas naturales.
Joyas medievales repartidas por Cantabria
Más allá de los Picos, la provincia esconde otros enclaves espectaculares. Bárcena Mayor, en el Parque Natural Saja-Besaya, es considerado el pueblo más antiguo de Cantabria. Sus casas de madera y piedra, alineadas junto al río Argoza, ofrecen un paisaje de una armonía increíble. Por otro lado, Cartes sorprende con su famoso Camino Real, donde las casonas blasonadas y los balcones tallados reflejan la antigua prosperidad de sus habitantes.
Si te gusta el arte románico, Elines en el valle de Valderredible es una visita obligada gracias a su iglesia colegiata de San Martín, construida en el siglo XII. En una línea similar, Liérganes es famoso no solo por ser uno de los pueblos más bonitos de España, sino también por la curiosa leyenda del Hombre Pez y su impresionante Puente Mayor. Riocorvo, cerca de Torrelavega, es otro Conjunto Histórico donde la Calle Real despliega toda su arquitectura tradicional y escudos nobles.
Para completar el recorrido, Argüeso destaca por su fortaleza defensiva, un castillo erigido entre los siglos XIII y XV que domina todo el valle de Campoo. Sus calles estrechas y la iglesia de San Vicente Mártir refuerzan ese carácter medieval tan marcado que hace que Cantabria sea un destino tan atractivo para los amantes de la historia.
Explorando las vertientes Asturiana y Leonesa
Los Picos de Europa se reparten entre tres provincias, y la parte asturiana es, posiblemente, la más transitada. Cangas de Onís es la puerta de entrada, famosa por su puente medieval y la Cruz de la Victoria. Desde aquí se accede a los Lagos de Covadonga, aunque recuerda que en temporada alta el tráfico privado está restringido y hay que usar el autobús lanzadera. Arenas de Cabrales es el centro del queso, donde puedes visitar cuevas naturales de maduración, mientras que Bulnes es el pueblo más singular por ser totalmente peatonal, accesible solo a pie o mediante funicular.
Sotres, el pueblo más alto de Asturias, es el refugio ideal para senderistas, mientras que Tielve ofrece una visión más discreta y menos retocada de la arquitectura tradicional. Por su parte, la vertiente leonesa es la más tranquila. Posada de Valdeón sirve de base para explorar el sur, y Caín es el punto donde comienza la mítica Ruta del Cares, un sendero tallado en la roca que conecta con Poncebos. Finalmente, Soto de Sajambre es una joya escondida con hayedos espectaculares y una atmósfera de montaña pura.
Consejos para organizar tu viaje
Para disfrutar de los Picos, lo ideal es dedicarle entre cinco y seis días si quieres combinar dos vertientes. Si vas con niños, Potes o Cangas de Onís son las mejores bases por sus servicios; para quienes hacen peregrinaciones, existen excelentes albergues en Potes y en el Camino Lebaniego. Para quienes huyen del turismo de masas, Sotres o Posada de Valdeón son opciones más genuinas. Es fundamental saber que el coche es casi indispensable para moverse entre los pueblos, ya que el transporte público es limitado en las zonas altas.
En cuanto a la fecha, los meses de mayo, junio y septiembre son los más recomendados. En primavera los prados están más verdes y hay menos gente, mientras que en septiembre los hayedos cambian de color y el clima sigue siendo favorable. Evita el invierno si no tienes equipo técnico, ya que muchas carreteras de altura cierran por nieve y el teleférico de Fuente Dé puede dejar de funcionar por el viento.
Caminar por los senderos de Liébana, maravillarse con las torres de Mogrovejo o perderse en la niebla de Bulnes es la mejor forma de conocer el norte. La combinación de arquitectura románica, cumbres calizas y la hospitalidad de sus gentes convierte a estos pueblos en el refugio perfecto para quienes buscan desconectar del ruido urbano y reconectar con la historia viva de España.