- Las islas interiores de Seychelles concentran la población, la infraestructura turística y la mayor parte de las áreas protegidas del país.
- Mahé, Praslin, La Digue y las islas graníticas menores combinan playas icónicas, bosques nubosos y una biodiversidad única.
- El clima es tropical cálido todo el año, con una estación más lluviosa y otra algo más seca, ideal para planificar el viaje.
- El turismo se integra con fuertes políticas de conservación, especialmente en reservas marinas y proyectos de restauración ecológica.
Viajar a las islas interiores de Seychelles es meterse de lleno en un decorado de película: playas de arena blanca, montes cubiertos de selva, tortugas gigantes paseando a su ritmo y un mar transparente que parece irreal. Todo ello repartido en pequeñas islas muy distintas entre sí, pero conectadas por una cultura criolla vibrante y un clima tropical que invita a vivir al aire libre todo el año.
Este archipiélago del océano Índico combina naturaleza salvaje, historia colonial, tranquilidad absoluta y turismo de alto nivel. Entender bien cómo se organizan las islas, qué clima hace, qué se puede ver en cada una y cómo moverse es clave para sacarle jugo al viaje, tanto si vas en modo relax total como si te apetece un viaje activo de buceo, senderismo y saltar de isla en isla.
Contexto general de Seychelles y sus islas interiores
La República de Seychelles es un país formado por 115 islas dispersas sobre unos 1,2 millones de km² de océano Índico, al noreste de Madagascar y a pocos grados al sur del ecuador. La superficie terrestre es pequeña, apenas 455 km², pero el territorio marino es enorme y alberga una biodiversidad excepcional, tanto en tierra como bajo el agua.
Administrativamente, el país se organiza en 25 distritos, casi todos ubicados en las islas interiores graníticas como Mahé, Praslin y La Digue. La capital, Victoria, se encuentra en Mahé y concentra cerca del 80 % de la población nacional, además del único aeropuerto internacional y el puerto de mayor tráfico del país, auténtica puerta de entrada para turistas y mercancías.
A grandes rasgos, las islas seychellenses se dividen en dos grandes grupos: las Islas Interiores (Inner Islands), de origen principalmente granítico, con relieve montañoso, selvas húmedas y la mayoría de infraestructuras turísticas; y las Islas Exteriores (Outer Islands), formadas sobre todo por atolones coralinos planos, remotos y mucho menos habitados.
Las islas interiores son el núcleo cultural, económico y demográfico del país. En ellas viven casi todos los seychelenses, se concentran los servicios, las carreteras, los alojamientos, los restaurantes y la vida cotidiana. Al mismo tiempo, han sabido proteger buena parte de su territorio: casi la mitad de la superficie del archipiélago está bajo alguna figura de conservación, con parques nacionales terrestres y marinos como Morne Seychellois, Baie Ternay o Sainte Anne.
Geografía de las islas interiores de Seychelles
Las islas interiores abarcan principalmente 42 islas graníticas (Mahé, Praslin, Silhouette, La Digue, Curieuse, Frégate, Félicité, Sainte Anne, North Island, Denis, Bird, etc.) y un pequeño grupo de islas mixtas de arena, coral y granito (como Denis, Bird, Coëtivy o Cahée). Son las únicas islas graníticas del océano Índico, restos del antiguo supercontinente Gondwana, y por eso muestran esos bloques de roca pulida tan icónicos en las fotos de playas como Anse Source d’Argent.
Mahé es la isla más grande, con aproximadamente 28 km de largo por 8 km de ancho, y alberga el pico más alto del país, el Monte Seychellois (905 m). El relieve es abrupto, con montañas que se elevan muy cerca de la costa y dan lugar a bahías profundas, carreteras sinuosas y miradores espectaculares sobre el mar. En el interior se conservan selvas húmedas donde prosperan palmeras, plantas carnívoras y una fauna muy singular.
Praslin, la segunda isla en tamaño, presenta colinas más suaves y un paisaje dominado por la vegetación tropical y playas de postal como Anse Lazio o Anse Georgette. La Digue, más pequeña y tranquila, destaca por sus formaciones graníticas moldeadas por el tiempo, que se apoyan sobre arenas rosas y crean algunas de las imágenes más famosas de Seychelles.
Alrededor de estas islas principales se reparten numerosos islotes graníticos menores -Curieuse, Cousin, Cousine, Aride, Félicité, Sainte Anne, North Island, Frégate, entre otros-, muchos de ellos declarados reservas naturales o islas privadas con acceso restringido y proyectos intensivos de conservación.
Clima de las islas interiores: cuándo ir y qué esperar
El clima de las islas interiores es tropical, cálido y húmedo durante todo el año, con variaciones de temperatura relativamente pequeñas. Las máximas medias rondan los 29‑31 °C y las mínimas se mueven en torno a 24‑25 °C. Es raro que el termómetro supere los 33 °C o baje por debajo de 22 °C, de modo que no hay un “invierno” frío como tal.
Se distinguen dos grandes épocas: una estación más lluviosa y bochornosa, aproximadamente de octubre/noviembre a abril, asociada al monzón del noroeste, y una estación más seca y algo más fresca, de junio a septiembre, cuando dominan los vientos alisios del sureste. En la práctica, en cualquier época puede llover, pero en la temporada húmeda las tormentas son más frecuentes y, en la seca, tienden a ser más breves y a menudo nocturnas.
En Mahé y sus islas interiores cercanas, los meses más calurosos suelen ser marzo y abril, con aguas del mar en torno a 30 °C y mucha sensación de bochorno si no sopla viento. De junio a agosto el ambiente resulta algo más fresco (alrededor de 26 °C de media) y el mar baja a unos 26 °C, un alivio para quienes prefieren no achicharrarse al sol.
Las precipitaciones se reparten de forma desigual según la isla y la orientación. Mahé es claramente la más lluviosa: en Victoria se registran de media unos 2.350 mm anuales, pero las laderas orientadas a los vientos húmedos del sureste superan fácilmente los 3.000‑3.500 mm. En las zonas norte y sur, algo más resguardadas, se baja ligeramente de los 2.000 mm. En islas interiores más al norte como Bird o Denis, las cifras anuales rondan entre 1.700 y 1.950 mm.
Las islas exteriores más meridionales (Farquhar, Aldabra, Asunción…) son bastante más secas, con menos de 1.000 mm anuales en algunos casos. Aun así, como el visitante típico se mueve sobre todo por las islas interiores del norte, conviene contar con chaparrones intensos pero breves en casi cualquier época, especialmente entre diciembre y febrero.
Un factor a tener en cuenta es el fenómeno ENOS (El Niño – La Niña), que puede alterar los patrones de lluvia: en años de El Niño se han dado temporadas secas más húmedas de lo normal, y en años de La Niña, lo contrario. Además, los alisios del sureste, de mayo a octubre, pueden dejar el mar algo más movido y arrastrar algas a ciertas playas orientadas al este y sur, mientras que las costas del noroeste suelen estar más protegidas.
En cuanto a la seguridad climática, las islas interiores del norte, como Mahé, Praslin y La Digue, quedan muy cerca del ecuador y raramente son golpeadas de lleno por ciclones tropicales. El mayor riesgo se da en las islas exteriores del sur, especialmente el grupo de Aldabra y las Farquhar, entre noviembre y mediados de mayo.
Mahé: corazón político, económico y turístico
Mahé es la puerta de entrada para casi cualquier viaje a Seychelles. Aquí se encuentra el Aeropuerto Internacional de Seychelles, el puerto principal y la capital, Victoria, considerada una de las capitales más pequeñas del mundo. Entre el 85 y el 90 % de la población vive en esta isla, lo que la convierte en el epicentro de la vida local y del turismo organizado.
Victoria alberga edificios gubernamentales, mercados coloridos, iglesias, mezquitas y pequeños comercios, así como el conocido Jardín Botánico, donde es posible ver tortugas gigantes de diferentes especies, incluidas la tortuga gigante de Aldabra y otras variedades autóctonas en peligro crítico de extinción. Muchas de ellas forman parte de programas de cría en cautividad y reintroducción impulsados por entidades como la Asociación de Protección de la Naturaleza de Seychelles.
Más allá de la ciudad, Mahé despliega más de 65 playas de arenas claras y calas escondidas, siendo Beau Vallon una de las más populares tanto para locales como para visitantes. Es una playa amplia, con mar generalmente tranquilo, ideal para practicar snorkel, deportes acuáticos o simplemente tumbarse a mirar cómo el sol se esconde tras las siluetas de las islas cercanas.
En el interior de Mahé se extiende el Parque Nacional Morne Seychellois, que protege gran parte del macizo montañoso central. Aquí se pueden hacer rutas de senderismo entre bosques nubosos, plantaciones de té y miradores con vistas panorámicas de la costa. Este parque conecta directamente con otras áreas protegidas marinas como Baie Ternay o Sainte Anne, lo que da idea de hasta qué punto se ha apostado por preservar ecosistemas completos, de la montaña al arrecife.
La red de carreteras de Mahé bordea gran parte de la costa y cruza el interior de la isla en varios puntos. Aunque las distancias son cortas, el relieve montañoso y las curvas pronunciadas hacen que los trayectos puedan alargarse un poco. Aun así, es perfectamente factible explorar la isla con coche de alquiler, taxi o utilizando la red pública de autobuses, gestionada por la SPTC, que ofrece trayectos frecuentes y muy económicos.
Praslin: playas icónicas y el Valle de Mai
Praslin, también llamada a veces “Isla de Palme”, es la segunda isla más grande de las interiores y un destino imprescindible para entender la esencia de Seychelles. Se encuentra a unos 45 km de Mahé, conectada por vuelos domésticos (unos 15 minutos) y por ferris rápidos que tardan alrededor de una hora.
La isla es famosa, sobre todo, por sus playas Anse Lazio y Anse Georgette, que figuran de forma recurrente entre las playas más espectaculares del mundo. Arena fina, grandes bloques de granito al borde del agua y un mar turquesa casi sin oleaje convierten estas bahías en lugares perfectos para nadar, hacer snorkel o simplemente pasear a primera hora de la mañana, cuando todavía casi no hay nadie.
En el interior de Praslin se localiza uno de los grandes tesoros naturales de Seychelles: la Reserva Natural Vallée de Mai, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este valle alberga un bosque primigenio de palmeras de coco de mer (Lodoicea maldivica), cuya semilla es la más grande del mundo y de contorno muy peculiar. Es uno de los pocos lugares del planeta, junto con la isla de Curieuse, donde esta especie crece en estado silvestre.
El recorrido por el Vallée de Mai permite caminar bajo palmeras gigantes, escuchar el canto de aves endémicas como el loro negro de Seychelles y observar de cerca cómo la humedad del bosque ha modelado un ecosistema único. La sensación es la de estar en un paisaje prehistórico intacto, protegido cuidadosamente para evitar masificaciones.
Praslin ofrece un ambiente algo más relajado que Mahé, con menos tráfico y una vida cotidiana más pausada. Aun así, cuenta con hoteles, guesthouses, restaurantes locales y pequeños comercios suficientes para una estancia cómoda. Desde aquí también salen excursiones hacia islas vecinas como Curieuse, Cousin o Aride, lo que convierte a Praslin en una base ideal para el island hopping por las interiores.
La Digue: ritmo lento y postales graníticas
La Digue es la encarnación de la isla tropical “de catálogo”. Mucho más pequeña que Mahé y Praslin, se accede a ella principalmente en ferry desde Praslin (unos 20 minutos), lo que la mantiene algo más aislada y preserva su ambiente tranquilo.
Tradicionalmente, la isla se recorría en bicicleta o en carretas de bueyes, algo que le daba un encanto especial. Hoy en día ya hay vehículos motorizados, pero el uso de la bici sigue siendo la forma más agradable de moverse entre playas, pequeños pueblos y colinas cubiertas de vegetación. La Digue invita a olvidarse del reloj y a moverse al compás pausado de la vida local.
Su joya más famosa es Anse Source d’Argent, una playa de aguas poco profundas, arena finísima y bloques de granito esculpidos que parecen colocados a propósito para la foto perfecta. Al atardecer, la luz rebota en las rocas de tono rosado y el paisaje se vuelve casi irreal. Otras calas menos conocidas pero igualmente hermosas, como Grand Anse, Petite Anse o Anse Cocos, completan el repertorio.
Además de playa, en La Digue se puede caminar hasta miradores interiores, visitar pequeñas plantaciones de vainilla y copra o simplemente sentarse en un colmado local a charlar con los vecinos. La isla mantiene un aire tradicional bastante auténtico, pese a la creciente popularidad turística.
Silhouette y otras islas interiores graníticas destacadas
La isla Silhouette se alza a unos 20 km al noroeste de Mahé y es la tercera isla granítica más extensa. Sin embargo, sigue siendo una de las menos desarrolladas: alrededor del 93 % de su superficie está protegida como Parque Nacional y apenas viven en ella unas pocas centenas de personas, entre residentes y personal vinculado al eco‑resort principal.
Dominada por el Monte Dauban (unos 740 m), Silhouette ofrece un interior montañoso cubierto de bosques nubosos, donde sobreviven plantas carnívoras, camaleones, murciélagos endémicos y otras especies raras. Varios senderos señalizados permiten cruzar la isla hasta playas como Grand Barbe, uno de los puntos de anidación de tortugas marinas más vírgenes de la región.
El área marina que rodea Silhouette también es riquísima en vida: arrecifes de coral saludables, mantarrayas, tiburones de arrecife, tortugas verdes y carey, entre otros. Además, en la isla se han reintroducido tortugas gigantes de Aldabra que vagan en semilibertad alrededor de la pequeña aldea y de los recintos de cría.
Curieuse, situada al norte de Praslin, es otro ejemplo de isla granítica interior convertida en Parque Nacional Marino. Antiguamente fue una colonia de leprosos, de la que se conservan restos históricos, pero hoy atrae a los visitantes por sus más de 300 tortugas gigantes de Aldabra en libertad, sus suelos rojizos y sus bosques de manglar. Aquí también crece de manera natural la palmera coco de mer.
La pequeña isla Cousin fue una de las primeras islas del mundo compradas expresamente con fines de conservación. Desde 1968 funciona como Reserva Especial para proteger aves endémicas casi desaparecidas, como la reinita de Seychelles, y numerosas aves marinas. El acceso está muy controlado y solo se permite entrar mediante visitas guiadas de corte ecológico.
Aride, apodada la “Ciudadela de las Aves Marinas del Índico”, alberga colonias inmensas de aves marinas y cinco especies de aves terrestres endémicas, además de una flora muy particular. Solo se visita en excursiones diurnas y no cuenta con alojamientos, lo que ayuda a mantener su ecosistema en un estado casi prístino.
Islas privadas interiores: lujo, exclusividad y conservación
Entre las islas interiores graníticas encontramos varias islas privadas convertidas en refugios de lujo muy exclusivos, que combinan confort máximo con proyectos serios de restauración ambiental. Son lugares pensados para estancias tranquilas, con pocos huéspedes y mucha atención personalizada.
North Island (a unos 20 minutos en helicóptero desde Mahé) se ha ganado fama internacional por sus once villas de lujo integradas en playas prácticamente vírgenes. Además de la privacidad, la isla ha impulsado un ambicioso programa de eliminación de especies invasoras y recuperación de la vegetación autóctona, incluyendo la reintroducción de tortugas gigantes y aves endémicas.
Frégate, a unos 55 km al este de Mahé, combina siete playas espectaculares con un número muy reducido de villas y una proporción de personal por huésped altísima. En la isla se han plantado miles de árboles nativos y se ha conseguido recuperar poblaciones de especies tan amenazadas como el petirrojo urraca de Seychelles. Más de 2.000 tortugas gigantes de Aldabra viven en semilibertad en la isla, reforzando esa imagen de “paraíso natural de lujo”.
Félicité, cercana a La Digue, acoge el complejo Six Senses Zil Pasyon en una parte de la isla, mientras el resto permanece prácticamente salvaje. El diseño del resort está orientado a minimizar impactos y a apoyar proyectos de conservación en las aguas y bosques circundantes. Desde aquí se organizan excursiones a islotes como Cocos o Sisters, muy apreciados por los aficionados al snorkel y al buceo por sus arrecifes coloridos y aguas cristalinas.
Denis Island y Bird Island, aunque se encuentran algo más al norte y ya se consideran muchas veces “intermedias” entre interiores y exteriores, conservan un carácter muy íntimo. Denis funciona prácticamente fuera de la red, con producción agrícola propia y sin cobertura móvil para favorecer la desconexión total. Bird, por su parte, se transforma entre mayo y octubre en un auténtico espectáculo con la llegada de más de un millón de charranes sombríos que anidan sobre la isla.
Ecología, biodiversidad y áreas protegidas en las islas interiores
Las Seychelles graníticas pertenecen a la ecorregión de la selva de las Seychelles graníticas, de una riqueza biológica extraordinaria. El aislamiento geológico y la fragmentación en pequeñas islas han favorecido la aparición de un gran número de especies endémicas, muchas de ellas extremadamente vulnerables a cambios de hábitat o a la introducción de depredadores.
Además de las célebres tortugas gigantes y las palmeras de coco de mer, las islas interiores albergan una gran variedad de anfibios, reptiles, aves e invertebrados únicos. Destaca, por ejemplo, la familia de ranas Sooglossidae, con especies como Sooglossus gardineri, una de las ranas más pequeñas del mundo, de apenas unos milímetros. También hay murciélagos endémicos muy amenazados, como Coleura seychellensis, del que solo quedan unas pocas decenas de ejemplares.
En el mundo de las aves, se han identificado alrededor de 250 especies, de las que 12 son endémicas. Entre ellas, el loro negro de Seychelles (Coracopsis nigra barklyi), que solo habita en Praslin y está considerado ave nacional, así como el zarcero de Seychelles (Acrocephalus seychellensis) o el ya mencionado petirrojo urraca (Copsychus sechellarum), que han pasado de estar al borde de la extinción a contar con poblaciones en recuperación gracias al trabajo conjunto de ONG como Nature Seychelles y BirdLife.
Los fondos marinos de las islas interiores también son de una riqueza extraordinaria. Solo en corales constructores de arrecifes se han identificado cerca de 200 especies, con géneros dominantes como Acropora, Porites, Pocillopora, Montipora, Galaxea o Goniastrea, entre otros. Tras episodios de blanqueamiento masivo vinculados a El Niño (particularmente en 1998) y el impacto adicional del tsunami de 2004, se han desarrollado proyectos pioneros de restauración de arrecifes mediante viveros de coral y trasplantes controlados, con tasas de éxito superiores al 70 % en algunos ensayos.
Casi la mitad de la superficie del archipiélago se encuentra bajo algún tipo de protección ambiental, ya sea como parque nacional, reserva marina o sitio Patrimonio de la Humanidad. En las islas interiores, esto incluye parques terrestres como Morne Seychellois y reservas como Vallée de Mai; en el ámbito marino, áreas como el Parque Nacional Marino Sainte Anne, Baie Ternay o partes de Curieuse y Silhouette.
Este enfoque conservacionista se combina, además, con iniciativas internacionales: el atolón de Aldabra y el Vallée de Mai, aunque Aldabra se sitúa fuera del núcleo de las interiores, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y varias islas interiores participan en proyectos globales de recuperación de especies y adaptación al cambio climático.
Población, cultura criolla e idiomas en las islas interiores
Las Seychelles no tuvieron población indígena antes de la colonización europea. La población actual desciende de una mezcla de colonizadores franceses y británicos, africanos esclavizados, trabajadores indios, comerciantes árabes y comunidades chinas. De ese cruce ha nacido una cultura criolla muy marcada, visible en el idioma, la música, la gastronomía y la vida cotidiana.
El criollo seychelense (kreol seselwa) es lengua materna de la inmensa mayoría de los habitantes y funciona como idioma de uso diario. El inglés y el francés también son oficiales: el primero predomina en la administración, los negocios y la educación secundaria y superior, mientras que el francés mantiene un peso importante en la prensa escrita, la señalética comercial y parte de la vida religiosa.
En cuanto a religiones, el catolicismo romano es mayoritario, seguido por comunidades anglicanas y otras denominaciones cristianas. También existen minorías hindúes y musulmanas, reflejo de la diversidad de orígenes de la población. En algunos rincones subsisten creencias y prácticas tradicionales, a veces sincretizadas con el cristianismo.
La música y la danza ocupan un lugar central en la vida cultural. Ritmos como el sega, el moutya o el kontredans mezclan influencias africanas, europeas, malgaches e indias, utilizando instrumentos de percusión (tam‑tam, bombos, maracas) y de cuerda (violín, guitarra, arcos musicales). La moutya, una danza de raíz esclava asociada a la expresión de emociones y protestas, fue reconocida recientemente por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial.
En artes visuales, desde la independencia muchos artistas han estudiado en universidades extranjeras y luego han plasmado en pinturas, esculturas y fotografías los paisajes, historias y símbolos de las islas. La Galería Nacional de Arte en Victoria recoge una muestra de esta producción, que abarca desde acuarela y óleo hasta técnicas mixtas y materiales reciclados.
Economía, turismo y sostenibilidad en las islas interiores
Desde la apertura del aeropuerto internacional en 1971, el turismo se ha convertido en el pilar básico de la economía de Seychelles, entrando de lleno en la categoría de destinos de alto valor añadido. Paralelamente, la pesca de atún y actividades financieras offshore han ganado peso, pero el grueso de las divisas sigue llegando a través de hoteles, resorts, cruceros y servicios asociados.
En las islas interiores se concentra la práctica totalidad de la infraestructura turística: desde grandes hoteles y resorts de lujo hasta guesthouses familiares, restaurantes, centros de buceo, marinas y agencias de excursiones. La estrategia del país ha sido apostar por un turismo más bien selectivo, con densidades moderadas de visitantes y precios medios tirando a altos, en lugar de masificar y abaratar el destino.
Al mismo tiempo, se han impulsado políticas para diversificar la economía, apoyar la agricultura local -aunque el territorio cultivable es escaso, unas 400 hectáreas- y mejorar la producción ganadera y de alimentos básicos. Aun así, el país sigue importando una gran parte de lo que consume, especialmente en productos elaborados.
El Estado mantiene una presencia relevante en sectores clave como combustibles, banca, telecomunicaciones y distribución de ciertos bienes, aunque en las últimas décadas se han promovido procesos de privatización y liberalización parcial. Seychelles ha vivido también episodios de alta deuda pública y devaluaciones, que han obligado a reestructurar su economía y negociar con acreedores internacionales.
En clave de sostenibilidad, se ha avanzado en la creación de áreas marinas protegidas, en la regulación del desarrollo inmobiliario costero y en la promoción de energías más limpias. Aun así, el aumento del nivel del mar, la presión turística en ciertos enclaves y la dependencia de las importaciones siguen siendo desafíos importantes para las islas interiores.
Transporte y conexiones entre islas interiores
El transporte dentro de las islas interiores gira en torno a Mahé como nodo principal. Desde aquí se puede volar a Praslin en avionetas de Air Seychelles o tomar ferris como Cat Cocos, que conectan Mahé, Praslin y La Digue. Estos ferris son rápidos y cómodos, aunque el precio por kilómetro es relativamente alto y se han consolidado en régimen casi de monopolio.
En Mahé, Praslin y, en menor medida, La Digue, el transporte interior se apoya en carreteras pavimentadas y en la red de autobuses públicos, bastante densa y con tarifas muy asequibles tanto para residentes como para turistas. También hay taxis, alquiler de coches o bicicletas según la isla. En el resto de islas interiores, el movimiento suele hacerse a pie, en botes o con vehículos específicos de los resorts cuando los hay.
El transporte aéreo internacional se gestiona a través de la Autoridad de Aviación Civil de Seychelles, con el Aeropuerto Internacional de Mahé como punto de entrada y salida para la mayoría de visitantes. Air Seychelles, con participación de Etihad en el pasado reciente, opera rutas regionales y domésticas con aviones de tamaño medio y pequeños aparatos tipo Twin Otter.
Para conectar islas más remotas, tanto interiores como exteriores, se utilizan embarcaciones de carga y pequeños ferris locales, además de vuelos chárter en algunos casos. Muchas de las islas privadas organizan traslados propios en helicóptero o lancha rápida para sus huéspedes, lo que limita el acceso independiente.
En Mahé se ha debatido incluso la construcción de un monorraíl para unir zonas clave de la isla, pero el proyecto no ha pasado del papel por ahora. En cualquier caso, dada la escala reducida de las islas interiores y su orografía, la combinación de avión, ferry, autobús y bicicleta resulta más que suficiente para moverse con cierta soltura.
Las islas interiores de Seychelles reúnen en poco espacio historia, biodiversidad extrema, cultura criolla y turismo de calidad, todo ello protegido por una red amplia de áreas naturales y por una política deliberada de evitar la masificación. Entender cómo se organizan, qué clima encontrarás, qué ver en cada isla y cómo moverte entre ellas te permitirá diseñar un viaje muy ajustado a tus gustos, ya sea para tumbarte a la bartola frente a las rocas de granito, recorrer selvas donde nacen los cocos de mer, observar aves y tortugas únicas o encadenar inmersiones en algunos de los arrecifes más vivos del Índico.