- Fukushima ofrece ciudades samuráis, pueblos tradicionales, onsen y naturaleza volcánica con lagos, montañas y estaciones de esquí poco masificadas.
- La prefectura combina una gastronomía potente —ramen de Kitakata, enban gyoza, frutas y sake— con experiencias rurales como Ouchi-juku o granjas de fresas.
- La región integra memoria y turismo mediante museos del 11 de marzo, tours regulados por la zona de exclusión y festivales que reinterpretan el Obon.
- El acceso es sencillo en shinkansen o avión y, con trenes locales y coche de alquiler, es fácil conectar Koriyama, Aizu-Wakamatsu, Bandai, Iwaki y otros destinos.

Viajar a la prefectura de Fukushima es adentrarse en un Japón poco conocido, donde se mezclan samuráis, pueblos tradicionales de la era Edo, montañas volcánicas, onsen de película y una historia reciente marcada por el terremoto, el tsunami y el accidente nuclear de 2011. Aunque muchos solo asocian el nombre con la central, la realidad es que aquí encontrarás paisajes espectaculares, gastronomía brutal y una cultura local muy viva.
A pesar de ser la tercera prefectura más grande de Japón, Fukushima sigue fuera del radar de muchos viajeros que se quedan en Tokio, Kioto y poco más. Y, sin embargo, esta zona de Tohoku tiene ciudades samuráis como Aizu-Wakamatsu, pueblos de postas como Ouchi-juku, montes llenos de rutas de senderismo, estaciones de esquí, festivales únicos y una oferta brutal de frutas, sake y platos regionales. Además, hay espacios que permiten comprender con respeto lo que ocurrió en 2011 y cómo la región se ha levantado desde entonces.
Por qué Fukushima merece un hueco en tu viaje a Japón
Fukushima se extiende desde la costa del Pacífico hasta las montañas del interior, con una enorme diversidad de paisajes: valles rurales cubiertos de arrozales, gargantas espectaculares, lagos de origen volcánico, pueblos tradicionales y ciudades modernas que funcionan como nudos de transporte. Esta riqueza natural y cultural estaba ya muy valorada por los japoneses mucho antes de que se popularizara entre turistas internacionales.
Las tierras de cultivo de Fukushima son especialmente fértiles, lo que ha dado fama a la prefectura por sus frutas de temporada (melocotones, manzanas, uvas, fresas…) y por producir algunos de los mejores sake de Japón. A esto se suma una tradición gastronómica muy marcada, con platos locales como el ramen de Kitakata o las enban gyoza, que se han convertido en reclamos para quienes viajan con el estómago por delante.
La región también es conocida por sus numerosos onsen y pueblos termales, que llevan décadas atrayendo a visitantes japoneses en busca de relax. Con el tiempo, los deportes de invierno se han sumado a la ecuación: cada vez más viajeros descubren las estaciones de esquí de Bandai y Urabandai, con buena nieve, menos masificación y un ambiente mucho más local que en otras zonas famosas del país.
Todo esto convive con la memoria del terremoto y tsunami de 2011 y con el esfuerzo titánico de recuperación tras el accidente nuclear. El espíritu samurái de la región de Aizu —marcado por la lealtad, la perseverancia y la dignidad ante la adversidad— se percibe en la forma en que las comunidades locales han impulsado la revitalización turística y económica, sin olvidar lo sucedido.
Hoy, los niveles de radiación en las zonas abiertas al turismo se han reducido a parámetros previos al desastre, se han limpiado tierras y pueblos y muchos habitantes han regresado. Al mismo tiempo, existen tours muy regulados hacia áreas cercanas a la antigua zona de exclusión, donde se puede reflexionar sobre lo ocurrido, siempre desde la máxima seguridad y respeto por quienes lo vivieron.
Lugares imprescindibles en Fukushima
La prefectura está llena de rincones poco conocidos que son auténticas joyas. Encontrarás desde ciudades con fuerte legado samurái hasta pueblos congelados en la época Edo, sin olvidar gargantas espectaculares, trenes panorámicos, parques termales y pueblos onsen.
Aizu-Wakamatsu, la ciudad de los samuráis
Conocida como la “ciudad de los samuráis”, Aizu-Wakamatsu se desarrolló alrededor de un castillo feudal y ha conservado parte de esa atmósfera guerrera. Paseando por la ciudad puedes empaparte del legado de los clanes locales, de su forma de vida y de historias tan trágicas como la del grupo de jóvenes guerreros Byakkotai.
El símbolo de la ciudad es el castillo de Tsurugajo, reconstruido pero muy bien ambientado, con sus características tejas rojizas y un museo interior que repasa la historia del dominio de Aizu. No hay que confundirlo con el castillo de Tsuruga, en otra prefectura; aquí el protagonista es el Tsurugajo de Fukushima. Desde lo alto de la torre tendrás vistas sobre la ciudad y las montañas circundantes.
Otro sitio clave es la antigua escuela de samuráis Nisshinkan, donde se instruían los hijos de la élite guerrera en artes marciales, ética y conocimientos académicos. La visita permite hacerse una idea muy clara de cómo se educaba a los jóvenes del dominio de Aizu y de los valores que marcaban su vida.
Cerca se levanta la pagoda Sazaedo, una estructura hexagonal con un interior en doble hélice que permite subir y bajar sin cruzarte con otros visitantes. Es una de esas rarezas arquitectónicas japonesas que sorprenden incluso a los viajeros veteranos, y una parada imprescindible en cualquier ruta por la ciudad.
Si quieres algo más relajado, los jardines tradicionales de Oyakuen son perfectos para tomar un té en un entorno clásico, con estanques, plantas medicinales y un diseño típicamente japonés. Y para cerrar el día a lo grande, nada como sumergirte en las aguas termales de Higashiyama Onsen, un pequeño pueblo onsen a las afueras de Aizu-Wakamatsu, donde los ryokan conservan un ambiente muy auténtico.
La ciudad está rodeada de campos de arroz y se encuentra a los pies del monte Bandai, por lo que el paisaje rural que la envuelve cambia con cada estación: verdes intensos en verano, rojos y dorados de momiji en otoño, nieve profunda en invierno y cerezos en primavera. Desde Aizu-Wakamatsu es muy recomendable escaparse a la garganta de To-no-Hetsuri, famosa por sus acantilados de roca erosionada y sus vistas espectaculares, especialmente cuando las hojas se tiñen de colores otoñales.
Ouchi-juku, un pueblo de postas congelado en el tiempo
Al sur de Aizu-Wakamatsu se encuentra Ouchi-juku, un antiguo shukuba o pueblo de postas que prosperó durante la era Edo como parada en la ruta Aizu-Nishi Kaidō (también conocida como Aizu Seikaidō), que conectaba la zona de Aizu con la ciudad de Nikkō. Era un lugar clave para que viajeros y comerciantes descansaran, comieran y se reabastecieran en pleno trayecto.
Hoy, este pequeño valle mantiene alineadas sus casas con techos de paja (kayabuki) a ambos lados de una calle principal de tierra, creando una estampa que parece sacada de un drama histórico japonés. Para reforzar este ambiente, se soterraron los cables eléctricos y se restauraron los edificios tradicionales, que ahora albergan minshuku (alojamientos familiares), restaurantes, tiendas de soba y comercios de artesanía local.
Ouchi-juku fue designado en 1981 como “Distrito de preservación de importantes grupos de edificios tradicionales”, lo que ha permitido conservar su fisonomía histórica. Gracias al empeño de los residentes y al apoyo de quienes lo visitan, el pueblo sigue siendo un ejemplo vivo de cómo proteger y revitalizar el patrimonio japonés sin convertirlo en un decorado artificial.
Una parada imprescindible es el mirador que se alcanza subiendo las escaleras de piedra situadas al fondo de la calle principal, junto al templo Koyasu Kannon-dō. Desde arriba se ve todo el pueblo con los tejados de paja alineados, las montañas de fondo y, según la estación, cerezos, verdor intenso, hojas rojas o nieve cubriéndolo todo. Eso sí, las escaleras son empinadas y en invierno suele usarse una ruta alternativa cuando están resbaladizas.
Cada estación le da un toque diferente al pueblo. En primavera los cerezos y el nuevo verde de las montañas crean un contraste precioso (normalmente entre finales de abril y principios de mayo). En verano, el frescor de la zona y la vegetación frondosa convierten Ouchi-juku en buen refugio contra el calor. En otoño, las hojas rojas y amarillas y los festivales locales llenan las calles de ambiente tradicional. Y en invierno, la nieve acumulada sobre los techos de paja, junto con las iluminaciones nocturnas, genera un paisaje de cuento, con un ambiente casi mágico.
Comer en Ouchi-juku: negi-soba y sobagaki
Si hay algo que no puedes dejar pasar en Ouchi-juku es probar su negi-soba, el plato estrella del pueblo. Se trata de soba (fideos de trigo sarraceno) servidos de la manera tradicional, pero con una particularidad que lo ha hecho famoso: en vez de palillos, te dan un puerro largo (negi) que debes usar a modo de “cuchara” o “palillo único” para comer los fideos. Entre lo curioso de la técnica y el sabor del soba combinado con el aroma del puerro, acaba siendo una experiencia tan rica como divertida.
Otro plato que merece la pena probar es el sobagaki, una preparación muy simple elaborada solo con harina de soba y agua. La mezcla se trabaja hasta obtener una masa espesa y suave, con una textura masticable y un ligero dulzor que deja brillar el sabor puro del trigo sarraceno. Tomarlo junto a otros productos locales de la zona hace que la experiencia gastronómica sea todavía más completa.
Si te apetece ir un paso más allá, puedes plantearte dormir en una de las casas de techo de paja reconvertidas en alojamiento. Pasar la noche allí, sin casi luces de neón ni ruido, mirando las estrellas si el cielo está despejado, es una manera perfecta de desconectar del jaleo de las grandes ciudades y vivir un Japón rural que cuesta encontrar en otros destinos más masificados.
Kitakata, capital del ramen y ciudad de kura
A poca distancia de Aizu-Wakamatsu se encuentra Kitakata, reconocida como una de las tres grandes ciudades del ramen en Japón, junto con Fukuoka y Sapporo. Su especialidad, el ramen de Kitakata, se caracteriza por sus fideos rizados y una sopa ligera pero sabrosa, y la ciudad está llena de restaurantes especializados donde puedes probar diferentes versiones desde primera hora de la mañana.
Tal es la devoción por este plato que incluso hay un santuario dedicado al ramen, con un pequeño museo temático y hasta un puesto donde venden helado con sabor a ramen de Kitakata, una rareza que muchos prueban por pura curiosidad. Más allá de lo anecdótico, el ambiente gastronómico de la ciudad la convierte en una parada muy apetecible para amantes de los fideos.
Kitakata también destaca por sus más de 4.000 kura, antiguos almacenes tradicionales de arroz y otros productos, que se han ido reconvirtiendo en bodegas de sake, cafeterías, restaurantes y tiendas de productos típicos. Pasear entre estas construcciones negras y blancas es una forma estupenda de mezclar historia, arquitectura y buena comida en un mismo paseo.
Iwaki: memoria del 11 de marzo, mar y ocio
En la ciudad costera de Iwaki, fuertemente afectada por el terremoto y el tsunami de 2011, uno de los lugares más significativos es el Museo de la Revitalización y Conmemoración del 11 de marzo (Iwaki 3.11 Memorial and Revitalization Museum). Este espacio recoge testimonios, objetos e información sobre el gran terremoto del este de Japón, el tsunami y el posterior accidente nuclear, con el objetivo de preservar la memoria de lo ocurrido y aprender de la experiencia.
El museo está pensado para que las generaciones futuras puedan conectar con los hechos de 2011, reflexionar sobre la magnitud del desastre y entender la importancia de la prevención y la resiliencia. No es una visita ligera, pero sí muy valiosa para quien quiera comprender mejor la realidad de Fukushima más allá de los tópicos.
En un registro totalmente diferente, en Iwaki resulta muy recomendable acercarse a Iwaki Lalamew, un mercado de productos del mar con tiendas y restaurantes donde se puede degustar pescado y marisco fresquísimo de la zona. Es un buen lugar para probar especialidades locales, comprar algo de recuerdo gastronómico y observar el día a día de la gente que vive de la pesca y del mar.
En el terreno de la artesanía, destaca Iwaki Takahashi, una empresa especializada en waribashi, los clásicos palillos desechables. Sus palillos están elaborados con madera de cedro fina procedente de tres prefecturas afectadas por el Gran Terremoto del Este, lo que convierte cada par en un pequeño símbolo de reconstrucción y apoyo a las comunidades locales.
Otro lugar imprescindible en Iwaki es el salón Shiramizu Amida, declarado Tesoro Nacional de Japón. Este templo fue construido en 1160 por la princesa Tokuhime del clan Fujiwara y alberga una tríada de Amitabha (Amida Sanzon) designada Bien de Importancia Cultural. Además, es el único salón del periodo Heian dedicado a Amitabha que conserva un jardín de la Tierra Pura, una representación del paraíso budista, con estanques y un diseño pensado para la contemplación.
El jardín es especialmente bello durante el verano, cuando florecen las flores de loto y el conjunto adquiere un aire casi irreal. En cualquier estación, sin embargo, la armonía del paisaje y la sobriedad de la arquitectura convierten la visita en un momento de calma dentro del viaje.
Spa Resort Hawaiians y Helena Strawberry Land
En la región de Iwaki se encuentra también Spa Resort Hawaiians, uno de los complejos de ocio y parques temáticos más conocidos de Tohoku. El recinto combina parques acuáticos cubiertos, zonas de onsen y piscinas al aire libre, incluyendo el que durante años fue el mayor rotenburo (baño termal exterior) del mundo según el Libro Guinness de los Récords.
El complejo es famoso por sus espectáculos de “hula girls”, con bailes hawaianos y polinesios, así como shows de fuego y cuchillos inspirados en la Polinesia Francesa. Es una mezcla curiosa entre cultura tropical, onsen japonés y parque acuático familiar que, pese a lo kitsch que suena sobre el papel, resulta tremendamente popular entre los japoneses.
Si te apetece una experiencia más rural, a las afueras de Iwaki se encuentra Helena Strawberry Land, una granja donde puedes practicar la típica actividad japonesa de ir a recolectar fruta de temporada. Aquí dispones de un tiempo determinado para cortar y comer todas las fresas que quieras directamente de las plantas, algo que encanta tanto a familias con niños como a parejas o grupos de amigos.
Además de la cosecha, puedes comprar fresas ya envasadas o tomar postres de fresa en la cafetería. En la misma finca se ofrecen actividades como rutas a caballo o paseos relajados por el entorno natural, lo que convierte la visita en una salida perfecta para desconectar del ritmo de las ciudades.
La línea Tadami: tren panorámico entre montañas
Para quienes disfrutan viajando en tren, la línea Tadami es una auténtica fiesta. Esta ruta conecta la estación de Aizu-Wakamatsu con la de Koide, ya en la prefectura de Niigata, y se puede utilizar con el JR Pass. Los trenes discurren entre montañas, ríos y bosques, ofreciendo vistas brutales de la naturaleza de Fukushima a lo largo del trayecto.
La línea Tadami cambia radicalmente con las estaciones: en verano predomina un verde intenso casi tropical; en otoño las laderas se cubren de momiji de colores; en primavera algunos tramos se tiñen de rosa por los cerezos; y en invierno la nieve cubre el paisaje hasta parecer un cuadro monocromo. Cada época tiene su encanto, pero la estampa invernal, con el tren cruzando puentes cubiertos de nieve, es especialmente fotogénica.
Uno de los puntos más famosos para hacer fotos se encuentra cerca de la estación de servicio Michi-no-eki Mishima Juku, desde cuyo mirador se ve el tren pasando sobre el primer gran puente del río. Para llegar a este punto es muy recomendable contar con coche, pero el esfuerzo se ve recompensado con una de las imágenes icónicas de la línea.
Enban gyoza: la gyoza en formato disco
Entre las especialidades gastronómicas de Fukushima, una de las más llamativas son las enban gyoza, literalmente “gyoza en forma de disco”. Se trata de empanadillas rellenas y jugosas que se colocan formando un círculo en una sartén de hierro, de modo que la base queda crujiente y se sirve toda la pieza como si fuera una rueda que los comensales van separando.
Este estilo de gyoza se popularizó a mediados de los años 50 entre personas que regresaban a Japón desde Manchuria, y con el tiempo se ha convertido en uno de los platos emblemáticos de la prefectura. Hoy en día hay más de 30 restaurantes especializados en enban gyoza solo en la ciudad de Fukushima, y existe incluso una asociación que promociona este plato como reclamo de turismo gastronómico.
Si cuentas con JR Pass o con un pase regional como el Tohoku Area Pass, puedes permitirte una escapada de un día desde Tokio para ir prácticamente solo a comer gyoza. Un lugar muy práctico para probarlas es el restaurante Gyoza no Terui, situado dentro del edificio de la estación de Fukushima, ideal para bajarte del shinkansen, ponerte las botas y seguir tu camino.
Takayu Onsen y la carretera panorámica Bandai-Azuma Skyline
A las afueras de la ciudad de Fukushima se encuentra Takayu Onsen, un pequeño pueblo termal en la ladera del monte Azuma, dentro de la región de Bandai. Los diferentes ryokan y baños compartidos de la zona se abastecen de diez manantiales distintos, cada uno con aguas de características propias: colores lechosos, tonos azulados, diferentes minerales y propiedades para la piel o la circulación.
Por su ubicación, la mejor manera de llegar es en coche de alquiler. Esto tiene la ventaja de que puedes enlazar la visita con la famosa carretera panorámica Bandai-Azuma Skyline, que arranca prácticamente desde el pueblo. Esta ruta de montaña ofrece miradores, tramos sinuosos y vistas espectaculares de los volcanes y valles que la rodean, especialmente bonitos en otoño y en los días despejados de primavera y verano.
La región de Bandai: lagos, senderismo y nieve
La zona de Bandai, alrededor del monte del mismo nombre, es uno de los grandes pulmones naturales de Fukushima. Aquí encontrarás los lagos de Urabandai, de origen volcánico, con aguas de colores que van del verde al azul intenso según el clima y la luz. Es una región fantástica para practicar senderismo, con rutas de diferentes niveles que atraviesan bosques, marismas y miradores naturales.
El monte Bandai y sus alrededores son especialmente populares en verano y otoño, cuando las temperaturas son agradables y el paisaje luce en todo su esplendor. En los meses fríos, la región se transforma en un destino de deportes de invierno, con estaciones de esquí como Grandeco (al norte), monte Nekoma (al oeste) e Inawashiro (al sur), que ofrecen buenas pistas, nieve de calidad y menos aglomeraciones que otros resorts más famosos del país.
Koriyama: puerta de entrada a la prefectura
La ciudad de Koriyama funciona como gran punto de acceso a Fukushima, gracias a su estación de tren bala en la línea Tohoku Shinkansen. Desde aquí salen y llegan trenes hacia Aizu-Wakamatsu, Fukushima ciudad y otras zonas de la prefectura, además de líneas convencionales hacia poblaciones cercanas.
Si haces parada en la ciudad, merece la pena subir al mirador gratuito del rascacielos Big I, en la plaza de la estación, para disfrutar de una buena panorámica de la zona. También puedes aprovechar para visitar el amplio santuario Asaka Kunitsuko, con varios recintos y rincones interesantes, ideal para una pequeña escapada cultural antes de seguir con tu itinerario.
A las afueras de Koriyama se encuentra el famoso cerezo Miharu Takizakura, conocido como “cerezo en cascada”. Se trata de un árbol con más de mil años de antigüedad, cuyo porte y caída de las ramas lo convierten en uno de los cerezos más célebres de Japón. Durante la floración, en primavera, la visita se convierte en una experiencia muy especial, aunque también bastante concurrida.
Al sur de la ciudad, en la localidad de Tamagawa, se encuentra Yodge, un pequeño hotel con cafetería instalado en un antiguo edificio escolar de 1908. El interior ha sido renovado respetando sus techos altos y vigas de madera, creando un espacio con mucho encanto donde uno puede imaginar cómo era la vida en una escuela japonesa de otra época. Con solo cinco habitaciones, es una opción de alojamiento muy íntima y singular dentro de la prefectura.
Visitar la zona de exclusión y tours privados en Fukushima
Más allá de la parte turística clásica, existe la posibilidad de participar en tours muy regulados por las áreas cercanas a la antigua zona de exclusión alrededor de la planta nuclear Fukushima Dai-ichi. Estos recorridos suelen partir desde Tokio, en furgoneta o coche con chófer, y están diseñados para mostrar con rigor qué ocurrió, cómo se gestionó la evacuación y en qué punto se encuentra hoy la región.
En este tipo de tour, tu guía —habitualmente en inglés y con un conocimiento muy profundo del tema— te ayuda a comprender la situación antes y después del desastre, contrastar datos, poner las imágenes en contexto y diseñar un programa adaptado a tus inquietudes. La idea es poder visitar, siempre dentro de las áreas seguras, calles fantasma, casas abandonadas, escuelas a medio vaciar, gasolineras y coches que la naturaleza ha ido reclamando con el tiempo.
Con todas las precauciones necesarias (permisos, rutas aprobadas, dosímetros o contadores Geiger, transporte autorizado y medidas de seguridad muy estrictas), estos tours permiten ver de cerca cómo el área está siendo descontaminada, cómo se retira la tierra afectada y cómo poco a poco los residentes van regresando. No es raro presenciar reencuentros entre vecinos que llevaban años sin verse, escenas cargadas de emoción que ponen rostro humano a las cifras.
Las rutas suelen incluir lugares icónicos como la escuela inundada en la costa, las localidades semi abandonadas de Iwaki, Futaba o Tomioka, la visión a distancia de las plantas Fukushima Dai-ichi y Dai-ni, viñedos que luchan por salir adelante, estaciones de tren reconvertidas en terminales para la nueva red local, antiguos paseos de cerezos hoy casi desiertos o granjas de ganado contaminado que siguen existiendo gracias a donaciones.
Comparada con Chernóbil, la situación en Fukushima se considera, desde el punto de vista técnico, más controlada y de menor escala: el volumen de contaminación es aproximadamente un 20% del de Chernóbil y hay menos partículas de vida media muy larga. Además, el plan japonés de limpieza exhaustiva, centímetro a centímetro, ha permitido recuperar amplias áreas para la vida cotidiana. Algunas compañías de tour colaboran con negocios familiares de la zona (restaurantes, hoteles, comercios), de forma que el dinero del viaje repercuta directamente en la comunidad local.
Estos recorridos no son turismo “morboso” si se hacen con responsabilidad, sino una forma de entender mejor los riesgos de la energía nuclear, la resiliencia de las personas afectadas y las decisiones políticas y sociales que se han tomado tras el accidente. Desde 2008, empresas especializadas en este tipo de visitas afirman querer “cambiar tu visión del mundo” ayudándote a mirar de frente la historia contemporánea sin edulcorarla.
Eventos culturales y nuevas narrativas en Fukushima
Fukushima no se limita a recordar el pasado, también apuesta por crear nuevas formas de expresión cultural que dialoguen con lo ocurrido. Un ejemplo es el festival Tamayura no Bon, organizado por la corporación NPO Invisible en el parque Yorunomori de Tomioka, en plena prefectura.
Este evento se plantea como una procesión participativa de títeres de sombras y música, en la que los asistentes caminan por un bosque invernal guiados por luces, sonidos y siluetas que aparecen sobre la vegetación. La idea es ofrecer una forma distinta de honrar los recuerdos y las presencias invisibles ligadas a esta tierra marcada por el desastre de 2011, lejos de los rituales convencionales.
La propuesta enlaza con el espíritu del Obon japonés —el periodo en el que se cree que los espíritus de los antepasados regresan—, pero lo adapta a un contexto de desolación y reconstrucción, invitando a los participantes a reflexionar sobre la memoria, el duelo y la convivencia con un pasado traumático. Al final, es otra muestra de cómo la prefectura intenta transformar el dolor en creación y diálogo.
Cómo llegar y moverse por Fukushima
La forma más cómoda de llegar a Fukushima desde Tokio es el shinkansen de la línea Tohoku. Puedes bajar en la estación de Koriyama, ideal para explorar la parte sur de la prefectura, o seguir hasta la estación de Fukushima ciudad, más práctica para conocer la zona norte y Takayu Onsen. En ambos casos, el trayecto está cubierto por el JR Pass.
Desde estas estaciones, diversas líneas locales de JR conectan con destinos como Aizu-Wakamatsu, Kitakata y otros puntos clave. Hay, además, compañías ferroviarias privadas cuyos billetes no entran en el JR Pass, así que conviene revisar en aplicaciones como Google Maps o similares qué líneas estás usando, o consultar paneles en las estaciones para evitar sorpresas.
Otra opción de acceso es el aeropuerto de Fukushima, al que llegan vuelos domésticos operados por IBEX y ANA desde el aeropuerto de Itami (Osaka) y desde New Chitose (Sapporo). El aeropuerto está en la ciudad de Sukagawa, al sureste de Koriyama, y es conocido también por rendir homenaje a Eiji Tsuburaya, creador de Ultraman y originario de la zona, con varias estatuas y referencias repartidas por la terminal.
En invierno, si decides moverte en coche por zonas como Bandai, Urabandai u Ouchi-juku, es fundamental considerar las condiciones de nieve. En muchos casos son necesarios neumáticos de invierno (studded o de nieve) y conviene revisar el estado de las carreteras antes de lanzarse a puertos de montaña o rutas panorámicas. En el resto del año, el coche de alquiler te da una libertad fantástica para enlazar pueblos rurales, miradores y zonas de difícil acceso en transporte público.
Fukushima combina naturaleza desbordante, pueblos históricos, buena comida, onsen legendarios y una historia reciente tan dura como reveladora. Entre las calles samuráis de Aizu-Wakamatsu, los tejados de paja de Ouchi-juku, las montañas de Bandai, las gyoza en forma de disco, los memoriales del 11 de marzo y los festivales que conectan con lo invisible, la prefectura ofrece una experiencia de viaje intensa, auténtica y muy humana para quienes se animan a ir un poco más allá de las rutas turísticas de siempre.