- Besalú es uno de los conjuntos medievales más importantes de Cataluña, destacando por su pasado como condado independiente.
- Su monumento más emblemático es el puente románico del siglo XII que cruza el río Fluvià.
- El pueblo alberga un rico patrimonio que incluye la Cùria Real, iglesias milenarias y un antiguo Miqvé judío.

Si estás buscando un rincón con encanto donde el tiempo parece haberse detenido, tienes que poner rumbo a la provincia de Girona. Allí se encuentra la villa de Besalú, un destino que se ha convertido en un emblema del medievo catalán y que es ideal para quienes disfrutan de una escapada cargada de historia y magia.
Recorrer sus callejuelas es como hacer un viaje directo al pasado, ya que la coherencia de su arquitectura y la conservación de sus monumentos crean una atmósfera única. Es, sin duda, uno de los conjuntos medievales más singulares de toda la comunidad autónoma, donde cada esquina cuenta una historia diferente.
Un enclave estratégico en la Garrotxa
Situado al este de la comarca de la Garrotxa, este pueblo no fue elegido al azar para su asentamiento. Antaño, Besalú fue un estratégico cruce de caminos que impulsó su crecimiento. Además, su ubicación es privilegiada, ya que se encuentra muy cerca del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, permitiendo combinar el turismo histórico con el natural.
Su historia es larguísima y fascinante. Mucho antes de ser el pueblo que conocemos, fue un asentamiento ibérico y, posteriormente, durante la etapa romana, se consolidó como un núcleo urbano próspero. No obstante, su verdadero apogeo llegó en la Edad Media, cuando se constituyó como un condado independiente, ganando una relevancia política y económica fundamental en Cataluña.
Tesoros arquitectónicos y calles empedradas
Al pasear por el centro, lo primero que te atrapa es el suelo de piedra y la armonía de sus fachadas. Entre los edificios que no puedes pasar por alto destaca la Cùria Real, una construcción de los siglos XIII y XIV que servía para impartir justicia. Asimismo, es muy interesante visitar la residencia de los Cornellà, que nos permite asomarnos a cómo era la vida en una casa noble durante el siglo XII.
El legado espiritual y la herencia judía
La fe ha dejado una huella imborrable en el paisaje urbano de Besalú. Para los amantes del arte sacro, es imprescindible visitar la capilla de Santa Maria del Castell, la iglesia del Monasterio de Sant Pere y la Iglesia de Sant Vicenç, que cuenta con registros que datan del año 977. Pero el pueblo no solo es cristiano; en la antigua judería se conserva un Miqvé, los baños rituales hebreos utilizados para la purificación, lo que demuestra la convivencia cultural de la época.
El puente románico: El símbolo de la villa

Si hay algo que define a Besalú es, sin duda, su imponente puente románico del siglo XII. Esta joya arquitectónica cruza el río Fluvià y se caracteriza por sus siete arcadas angulares apoyadas sobre pilares anclados en el cauce. Con una longitud de 105 metros y una altura aproximada de 30 metros, este puente era tan importante que en la época medieval se debía pagar un peaje para poder cruzarlo.
Planifica tu visita a Besalú
Llegar a este paraíso es bastante sencillo. Si vienes desde la ciudad de Girona, tardarás unos 40 minutos siguiendo la C-66. Si prefieres venir desde Barcelona, el trayecto es de aproximadamente una hora y media a través de la AP-7. Es un sitio perfecto para perderse un domingo y desconectar del ruido de la ciudad.
Besalú es una joya que combina la fuerza de su puente románico, la riqueza de su pasado como condado independiente y la belleza de sus iglesias y el antiguo barrio judío, todo ello enmarcado en un entorno natural volcánico que lo hace sencillamente irresistible.